Siempre hay días extremadamente oscuros en los procesos de paz. Después de todo, nadie ha dicho que sería fácil sanar heridas que han estado supurando dolorosamente por décadas.
Es lamentable que se den pasos en reversa, pero no es algo inusual. Tuvimos días oscuros similares en el proceso de paz en Irlanda, pero como todos sabemos, al final tuvimos un final exitoso. Uno de esos pasos en reversa que dimos ocurrió en 1996 cuando el Ira detonó una bomba masiva en la zona comercial de Londres, en lo que se podría considerar el centro económico del Reino Unido. La bomba mató a dos personas y arrasó con vastas zonas del centro de la ciudad, aunque creíamos también que había acabado con el proceso de paz. Ciertamente sacudió sus ya inestables cimientos, pero de alguna forma logramos resucitarlo y curarlo. ¡Gracias a Dios lo hicimos!
A diferencia de algunos, le creí a ‘Iván Márquez’ cuando dijo que era posible lograr firmar algo para este año, ¿por qué?, por una razón: al igual que el Ira, las Farc saben que no van a ninguna parte con su campaña militar. Al igual que el Ira, ellos entienden que el Estado tiene muchos más recursos y que su objetivo de derrotar al Estado es como lanzar rocas a la luna.
Otra gran razón, quizás la principal, es que por fin las Farc se han dado cuenta de que es hora de acabar la guerra, de nuevo, al igual que le sucedió al Ira. Puede ser que exista un agotamiento, pero en la raíz está el despertar de una realidad de que las ideas políticas que tienen no se van a cumplir y sus objetivos no se van a lograr mientras continúen justificando su propia marginalidad al escoger las armas por encima de las urnas.
Comprendo exactamente el tiempo de lavado de cerebro por el cual pasó ‘Timochenko’ en sus tiempos en Moscú, cuando estaba el régimen de la Unión Soviética. Lo digo porque, como terrorista del Ira, a mí se me dio la oportunidad de llevar mis ideales por el mismo rumbo, para ser más preciso, se me ofreció un proceso de adoctrinamiento.
Como al líder de las Farc, me pidieron que ingresara a la Lenin School of Economics, por lo que me pagarían generosamente (¡lo mismo que a un doctor!).
Incluso en mi radical juventud me cuestioné cómo eso podría ser justificado en el esquema marxista cuando a los ciudadanos soviéticos les pagaban muchísimo menos.
Las circunstancias hicieron que no pudiera aceptar la oferta así que mi conciencia no tuvo que enfrentar esa disyuntiva. Nunca viajé a Moscú y a veces me pregunto dónde estaría ahora si lo hubiese hecho. ¿Habría renunciado a la vía terrorista? ¿Hubiese sido uno de los reaccionarios que aún siguen determinados en acabar con la frágil paz en Irlanda del Norte?
Sinceramente espero que no. El hecho es que yo logré evadir el adoctrinamiento, ‘Timochenko’, no. Él hizo el curso, y en ese proceso vendió su alma y espero que su conciencia lo atormente hasta este día, especialmente desde que es claro que ha tenido recientemente una epifanía. Después de creer por tantos años en la utopía de un Estado soviético, se ha visto forzado a aceptar que su sueño está muerto y enterrado, y que lo ha estado desde el otoño de 1989.
‘Timochenko’ también sabe que no importa cuán inteligentemente redactada y estimulante sea la propaganda de las Farc, así sea en sus nuevas páginas web, eso es únicamente lo que es, propaganda. Y como me dijeron en mis días en la guerrilla: “El mayor peligro de tu propia propaganda es que empieces a creértela”.
En poco tiempo, ‘Timochenko’ ha crecido. Me pregunto qué estará pasando por su cabeza (su conciencia debe estar gritándole, presa de la enorme responsabilidad y la culpa que soporta). Cuando uno es un comandante y comienza a darse cuenta de que está hiriendo gente en una escala más allá de lo imaginado cuando se radicalizó –y que después de desradicalizarse la culpa aumenta exponencialmente–, comprende que no puede borrar lo hecho. Uno no puede revivir los miles de muertos… lo único que uno puede hacer es tratar de salvar a todos aquellos alrededor de uno que se tragaron la propaganda y que posiblemente aún no han cruzado el límite del irremediable extremismo. En poco tiempo uno enfrenta la terrible realidad de que uno ha creado no solo un monstruo sino miles de asesinos a su imagen.
Creo que las Farc saben, como dijo Antonio Navarro Wolff, que este es su último chance. Esto significa que su destino está en las manos del presidente Santos, quien solo ha tenido la visión y el coraje de arriesgarlo todo para que esta horrible guerra de 50 años pueda finalmente terminar.
Ellos saben que si no llegan a acuerdos este año y cambian las AK-47 por las urnas, ese será su fin. El Gobierno colombiano perseguirá a todos los líderes de las Farc en una devastadora ofensiva. Serán sencillamente aniquilados como los Tigres de Liberación del Eelam Tamil en Sri Lanka. Nadie gana. No hay victoria para ningún bando, solamente una cosecha sin sentido que recogerá la muerte.
Así que parece que las Farc han puesto sus ojos en un futuro distinto. No es coincidencia que ‘Iván Márquez’ haya repentinamente cambiado su destino y su agenda, admitiendo que faltando seis meses para que se acabe el año es posible llegar a algún acuerdo. Hay que recordar que hace poco decía que el proceso podría durar años.
Por todas estas y muchas más razones, las Farc van a elegir las urnas, y lo harán pronto. ¿Por qué hay tantas conversaciones en sus cuentas de Twitter?¿Por qué la avalancha de hasta dos o tres ruedas de prensa cada día si en septiembre escasamente hablaban una vez al mes?
No les quepa ninguna duda de que este grupo está pasando del armamento al Armani. Con esto dicho, no creo que las Farc se unan a alguna de las fuerzas de izquierda tradicionales en Colombia –no arriesgarían perder el control sobre los miembros desmovilizados–. Me imagino que tomarán como modelo el Sinn Féin, el ala política del Ira que ahora ha sido electa y trabaja pacíficamente en Irlanda del Norte solo a través de las urnas.
¿Quién visitó recientemente al equipo negociador de las Farc en La Habana? Los exmiembros del Ira a quienes debieron ver como a ellos mismos, pero sin armas. Seguramente entendieron el mensaje y es que sí hay otra forma, una que no deja más víctimas, no más madres afligidas como las de los valientes 21 hijos colombianos que entregaron innecesariamente su vida por una mejor Colombia. De acuerdo con mi experiencia en Irlanda del Norte, estoy tan convencido como me es posible de que esta guerra está llegando a su fin.
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