Bo Mathiasen, respresentante de la ONU, ve con optimismo los avances en la discusión.
El tema de las drogas ilícitas será sin duda uno de los principales en la mesa de diálogos de La Habana. Por ello, sectores de la sociedad, la academia y organizaciones de diversa índole discuten esta semana posibles soluciones al problema de los cultivos ilícitos; el aumento del consumo de drogas en el país, y la producción y comercialización de narcóticos.
Gobierno y Farc esperan nutrir sus conversaciones de paz con propuestas que salgan de un foro organizado por Naciones Unidas y la Universidad Nacional, que se inició ayer y culminará el 3 de octubre. La fase inicial se realiza en Bogotá, con la participación de organizaciones cuyas propuestas serán llevadas a La Habana. Posteriormente, se hará también en San José del Guaviare, donde se espera reunir a cultivadores, para oír sus voces y recoger sus proposiciones.
Bo Mathiasen, representante en Colombia de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, y Alejo Vargas, académico de la Universidad Nacional, participantes del encuentro, analizaron en sendas entrevistas (ver la de Vargas en nota alterna) algunos de los temas.
En vísperas de que La Habana emprenda el examen de las drogas ilícitas, ¿cuál es la mirada de Naciones Unidas sobre los narcocultivos en Colombia?
Sabemos que los cultivos de coca en Colombia se concentran en las mismas zonas que estamos monitoreando, tienen más o tienen menos cultivos, pero básicamente están en los mismos sitios. En el 2012 detectamos menos cultivos ilícitos, menos coca en el país, descubrimos 48.000 hectáreas sembradas con coca. Hay una tendencia a descender año a año; no es totalmente en línea, pero la tendencia es clara.
¿A qué atribuyen este descenso?
Primero, la erradicación que ha tenido un gran impacto. Esta herramienta tiene tres tipos: aérea, forzosa y voluntaria. En esta última tienen que ver los proyectos de desarrollo alternativo. En esto el país ya tiene más de 20 años de experiencias, buenas y malas. Hay otros factores que pueden influenciar para abandonar los cultivos ilícitos, por ejemplo la minería y una mayor integración en la economía en general. Antiguamente había un cultivo muy grande en la zona de Santa Marta y hoy casi no existe, lo que quiere decir que en esta zona ha habido una integración mayor en la economía, más turismo y otras actividades.
¿Naciones Unidas confía en que se esté en camino de acabar estos cultivos ilícitos?
Creo que sí. Es claro que tenemos buenas y no tan buenas prácticas. Un ejemplo es que las comunidades que ingresaron en estos programas de sustitución de cultivos encontraron no solo una alternativa económica que les dejara algo tan bueno o mejor que la coca, sino también otra cosa: sin sembrar coca ellos empezaron a vivir en zonas donde no había ya actores armados, porque estos eran los que estaban comprando coca y al no estar, no había más confrontaciones y no vivían más con la violencia, que ha sido un gran problema para los campesinos, porque a la final quedan entre dos grupos: el Estado y las organizaciones armadas ilegales que están incentivando el cultivo; o a veces dos grupos armados ilegales que están queriendo que los campesinos les vendan sus hojas de coca.
Entonces para los campesinos ha sido una mejor alternativa vivir en paz y con una cultura de legalidad de cultivos lícitos.
¿Cómo ve el problema del consumo interno en Colombia?
Este es el gran desafío, no solo para Colombia, sino para otros países de América del Sur como Brasil, Argentina y Uruguay que tienen grandísimos problemas con el consumo de cocaína en sus sociedades y la búsqueda de la solución debe pasar por unos conceptos que se tienen que tener muy claros: primero, el consumidor de droga es una víctima, es una persona que tiene una enfermedad y que puede ser comparada con una enfermedad crónica porque muchas veces es muy difícil tratar a estas personas. Es alguien que no necesita cárcel pero sí atención en salud y en el aspecto social por parte del Estado y la sociedad. No se trata la drogadicción con cárcel.
El segundo concepto es que para evitar que este problema se alargue es importante que haya una política de prevención e información, principalmente para los jóvenes porque son los más vulnerables a consumir estas sustancias. Sabemos que un joven entre los 10 y los 25 años, si no consume droga, probablemente nunca lo hará. Es mucho más costoso tratar que prevenir.
En este tema también la justicia cumple un papel fundamental. Muchos países hoy tienen más personas encarceladas por delitos de droga y muchos de ellos son pequeños microtraficantes. ¿Será que la cárcel es el mejor tratamiento para estos problemas? Vale la pena analizar el asunto.
¿En Naciones Unidas creen que el debate sobre la despenalización llegue a La Habana?
Es un debate muy importante en este momento, principalmente aquí en las Américas como en algunos países europeos. La gran mayoría de los países no está discutiendo este asunto, pero en esta región sí. Considerando lo que pasa en Estados Unidos y lo que están pensando en Uruguay, es algo que tiene que ser muy analizado. Estas limitaciones en las drogas existen por un motivo de protección a los individuos y a la sociedad, son drogas que son dañinas, entonces legalizar o permitir el uso de ellas tiene consecuencias obviamente, y los países que piensan en ello deberían considerar esto. Yo no lo veo muy claramente como el tema más importante en este momento en las negociaciones de La Habana pero sí es un asunto para una discusión un poco más amplia en la sociedad. Obviamente vivimos en sociedades dinámicas y tenemos que siempre poder discutir estos temas.
‘Proceso ayudaría a disminuir cultivos’: Alejo Vargas
¿Es optimista de que por la vía de La Habana haya respuestas a un tema tan metido en la cultura del país como los cultivos ilícitos?
Yo sí creo que el proceso de La Habana, como esperamos todos, será exitoso y tendrá un impacto muy fuerte en la disminución de cultivos. No sé si en la totalidad del problema, pero sí puede ser una disminución sustantiva para que los cuerpos del Estado y las políticas públicas puedan seguir atacando el problema con menor dificultad y sin la violencia que complica la acción del Estado. Si las Farc ayudan con su presencia en las regiones y su conocimiento en esta dirección, creo que la posibilidad de que el fenómeno se disminuya sustancialmente es bastante grande, y eso evidentemente tendría un impacto extraordinario para Colombia y sus regiones. Para EE. UU. sería muy importante también, y esto los llevaría a mirar con cierto interés este tipo de diálogos.
¿Es decir que las Farc pueden ser la solución al tema de los cultivos ilícitos?
Hoy las Farc son parte del problema, pero pueden ser parte de la solución.
¿Ve el consumo interno como un problema?
Es un problema de salud pública y está en aumento con distintos tipos de drogas, no solo en Colombia sino en la región. Pero es que buena parte de los problemas de criminalidad en las grandes ciudades están ligados a esto que llamamos comúnmente microtráfico o narcomenudeo.
Alrededor de estos procesos de distribución se generan bandas en las ciudades que son un factor de criminalidad muy complejo, que no tiene nada que ver con el conflicto armado, sino con cómo controlar ese negocio. Entonces tenemos la dimensión pública hacia los consumidores en la que lo fundamental es la prevención y un tratamiento para los que ya están en esa adicción, y al mismo tiempo toda la necesidad de políticas criminales para controlar todas esas bandas que viven alrededor. Tengo la impresión de que esa va a hacer la principal amenaza en un escenario de posconflicto para las autoridades de Policía en las grandes ciudades.
¿Cree que el tema de despenalización o legalización llegará a La Habana?
Siempre he pensado con algunos colegas, como el profesor Rodrigo Uprimny o Carlos Gaviria, que hay que buscar despenalizar el ámbito del consumo y de la producción, sobretodo de la pequeña producción, pero evidentemente tiene que haber una acción represiva del Estado para esa fase intermedia de elaboración, transporte y distribución que es en la que realmente están las mafias criminales y las grandes ganancias de ese negocio ilícito, porque en general los productores, paradójicamente, están es en las zonas más pobres del país. La coca simplemente les está permitiendo a estos campesinos sobrevivir y en el consumo también pasa que a veces son poblaciones de jóvenes o de escasos recursos que terminan a veces delinquiendo para conseguir para la droga.
En una sociedad democrática eso es lo que se debe rescatar: que se pueda discutir y escuchar los argumentos de uno y otro lado de manera tranquila y que los ciudadanos y los gobiernos vayan tomando las decisiones, porque quizás lo que había unas décadas atrás era una especie casi de demonización del problema, y quien hablaba de algo, ese ya era aliado del narcotráfico. Hoy hemos ganado en que es un tema que se puede tratar y dialogar.
http://www.eltiempo.com/politica/foro-de-la-universidad-nacional-y-naciones-unidas-_13080311-4