“No movemos ese palo pa tener una recordación porque esto estaba perdido, perdido. Lo que hicimos fue ponerle una planta encima que se llama matapalo, pero lo dejamos para recordar”, asegura Luis Ramos.
El municipio donde estaba buscando su predio pertenece al departamento de Magdalena y fue la base de operaciones de ‘Jorge 40’ entre 1997 y el 2006, hasta cuando los habitantes pudieron regresar.
El hijo de Luis Ramos, quien tiene el mismo nombre, explica que a finales de 1996 fue la primera vez que un grupo armado ilegal entró al pueblo, cuando la guerrilla “llegaba a guindar hamacas en los palos de las casas”. A los meses, llegaron grupos de autodefensas.
“Ellos nos decían que trabajáramos tranquilos, que eran nuestro respaldo. Entonces, nosotros no le teníamos miedo a los paramilitares”, asegura Luis Ramos hijo.
Pero esta situación cambió el 19 de julio de 1997, cuando ‘Jorge 40’ citó a todos los campesinos a su hacienda El Balcón, ubicada en una vereda de Chibolo llamada La Pola. En esta finca torturaron y asesinaron a campesinos y guerrilleros, además era donde el jefe paramilitar planeaba la mayor parte de los ataques armados.
“Nadie sabía para qué era la reunión, pero al que no fuera, lo llevaban los paramilitares a la fuerza. Ahí fue cuando ‘Jorge 40’ nos dijo que necesitaba todas las tierras porque esto era un nido de guerrilla. Nos aclaró que el que tuviera papeles de los predios se podía quedar, pero sabiendo que estaba en medio de la guerra”, recuerda Ramos.
Al resto de campesinos, este paramilitar les ofreció comprarles sus fincas por el precio al que las habían adquirido inicialmente y les dio un plazo máximo de dos semanas para desalojar el pueblo. Además, les aseguró que ocho días después de irse, podían ir por el pago de las tierras.
“La primera vez fuimos 60 personas en mulas, pero unos ‘paras’ nos dijeron que volviéramos después, que el patrón estaba en combates. Esa nos la hicieron varias veces, incluso nos disparaban al aire en ráfaga, hacia la finca donde nos hacíamos todos. Un día nos dijeron que no volviéramos, que estábamos vivos de milagro porque el plan era matarnos en un puente que queda entrando al pueblo pero que se habían equivocado de personas. Todo el mundo se fue ahí mismito y obviamente no nos dieron un solo peso”, explica el hijo de Luis Ramos.
Desde ese momento, las 600 familias que vivían en Chibolo se desplazaron a otros lugares del país como Cartagena, la Sierra Nevada de Santa Marta, Barranquilla, Pivijay (Magdalena), Las Canoas (Magdalena), entre otros. Incluso, algunas familias se fueron a trabajar en Venezuela.
El regreso paulatino comenzó en el 2006, cuando ‘Jorge 40’ se desmovilizó.
La restitución
Las víctimas cuentan que el retorno y la solicitud ante el Gobierno para recuperar sus predios fue liderada por Juana Contreras y Orlando Yanes, quienes reunieron de nuevo a la población y lucharon por los derechos de estos campesinos, incluso ante la OEA.
De esta manera, 32 familias de Chibolo fueron restituidas en el 2012 como resultado de la Ley de víctimas y restitución de tierras. Meses después, ingresaron al programa de Proyectos productivos junto a otras siete familias que tenían el título de las tierras por los trámites ante el Incoder.
En este programa, que pertenece a la Unidad de Restitución de Tierras, cada víctima que tenga un fallo favorable por parte del juez de restitución accede a 40 salarios mínimos para retomar las labores del campo que hacía antes, ya sea ganadería o agricultura. En el caso de Chibolo, ya existen sistemas de producción silvopastoril, siembra forestal comercial de eucalipto y un proyecto de seguridad alimentaria.
Para el 2013, los proyectos productivos tienen alrededor de 500 cupos, que se suman a los 590 destinados para el 2012. En caso tal de que el número de restituciones supere este cupo, se amplía la cantidad de beneficiarios de este programa hasta satisfacer todos los casos en los que ya se sentenció la restitución.
A pesar de que se sobrepasa el millar de cupos para este programa, sólo se han comenzado de manera efectiva 104 casos, que corresponden a 65 en Mampuján (Bolívar) y 39 en Chibolo.
Sin embargo, este año se aspira otorgar todos los cupos en 60 casos de Montería, 18 entre Turbo y Mutatá (Antioquia), 200 entre San Carlos y Granada (Antioquia) y otros más en Planadas (Tolima) y Morroa (Sucre).
“Lo que pasa es que el proceso está embotellado en la fase jurídica, mientras las sentencias empiezan a fallar. Pero en estos últimos meses del 2013, ya han salido casi que 300 sentencias y seguirán saliendo más”, afirma Jorge Amézquita Vásquez, profesional del área de Proyectos productivos de la Unidad de Restitución de Tierras.
Amézquita explica que mediante tres entregas se da el dinero del programa a la víctima pero esto se hace a medida que se cumplan ciertas metas. Además, el proyecto da un acompañamiento técnico durante dos años, en los que la persona debe aprender a sembrar y a utilizar las tierras de la manera más productiva.
Cumplido este tiempo, el programa Proyectos productivos cesa el acompañamiento. Sin embargo, la mayoría de los habitantes de Chibolo creen que una vez se vaya la Unidad de Restitución de Tierras, las cosas podrán funcionar de igual manera.
“La gente aprende a confiar en uno y saben que estoy todo el tiempo para ayudarles con el parto de una vaca o a poner un establo”, explica Luis Carlos Escorcia, el nieto de Luis Ramos.
Luis Carlos hizo una tecnología en Provisión ganadera en el SENA. Esto lo ha perfilado para ser uno de los líderes del municipio con apenas 22 años. Él siguió los pasos de su abuelo, quien les daba trabajo a otros campesinos cuando apenas comenzaron a regresar a Chibolo.
Luis Ramos asegura que quiere que sus nietos vivan donde mejor les vaya y, si ese lugar es aquel municipio de Magdalena, pues estará contento.
“A medida que mis nietos crezcan les explicaré lo qué pasó aquí. Les dire: ‘Mira, mi vida. Yo pasé ratos amargos. Ojalá ustedes no les toque porque de pronto no tienen donde alojarse si les toca irse de aquí’. Aunque también es cierto que esta tierra es virgen. No por lo que ha pasado, sino por la calidad de los productos. La muerte siempre llega y es indispensable”, explica Luis Ramos.
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