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En San Francisco salvaron a 313 vidas de las minas

By 27 de agosto de 2015No Comments

Don Pedro Luis Daza Mejía no paró de dar la mano durante toda la ceremonia a los hombres vestidos de traje azul oscuro, botas militares y gestos de “caras duras”. Tiene 87 años de vida y una piel curtida por el jornal del campo en su vereda San Isidro, en San Francisco, Oriente antioqueño. Los últimos tres lustros los pasó entre caminos veredales con el temor de una explosión bajo sus pies.

“A uno le daba mucho miedo que de pronto se levantara esa humareda y lo tirara lejos, como pasó con el muchacho Ferney cuando esa bocanada de fuego lo tiró contra la montaña. Ahí anda con un pie de palo hace muchos años”, recuerda don Pedro Luis.

El temor a una mina antipersonal tuvo a Pedro Luis confinado a su patria pequeña, una parcela en la que tiene una vaca, algunos cultivos, dos perros y su casita humilde. “Ya se puede caminar tranquilo porque ellos, los soldados, quitaron todas esas cosas que le mochan los pies a uno”, afirma.


Cuando don Pedro Luis habla lo hace despacio. La edad le ha menguado las palabras, pero aún así, se excede en elogios con los “hombres de azul”, integrantes del Batallón de Desminado Humanitario No 60 Coronel Gabino Gutiérrez.

Por siete años, 70 hombres de esta unidad militar encargada de despejar de minas antipersonal las veredas de San Francisco —uno de los pueblos más golpeados del oriente por la violencia del Eln, las Farc y el paramilitarismo—, se internaron en los territorios para quitar de este todo lo que oliera a “minas quiebrapatas”.

Y lo lograron. Ayer, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, la cúpula militar y el las autoridades civiles certificaron este municipio como el cuarto en Colombia libre de sospechas de minas antipersonal.
Barrido salvó vidas

Lo más duro para el cabo Carlos Mario Montoya, y los hombres que lo acompañan a limpiar caminos, quebradas, montes y trochas de las minas antipersonal, es encontrarse un tarrito con una jeringa enterrada en el terreno.

El cuerpo se dobla sobre la tierra y tiembla con la pala en la mano para barrer el terreno. Con la brocha se quita el polvo y el peso del traje de protección (aproximadamente 17 kilos), se triplica. No se piensa en nada. Con la mano se seca el sudor y se teme de que ese artefacto tan pequeño explote en la cara.

El cabo Montoya lleva cinco años metido en selvas quitándole de frente vidas a las minas antipersonal. Por eso ayer, cuando recibió la medalla de agradecimiento de todo un pueblo sintió la satisfacción del deber cumplido.

“Este desminado beneficia a más de 250 familias que desde hace varios meses pueden recorrer cualquier camino o vereda con tranquilidad y sin miedo de encontrar explosivos o minas antipersonal”, dice Montoya.

En la misión duraron siete años y desactivaron 313 artefactos explosivos: 20 municiones sin explotar y 293 minas antipersonal desactivadas. Además se lograron despejar 340.900 metros cuadrados en 42 veredas, de las cuales 38 no presentaron inconvenientes con explosivos.

Durante la ceremonia, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, exaltó la labor de los desminadores. “El trabajo liderado por el Ejército nacional y el Batallón de Desminado ha permitido que centenares de pobladores regresen a sus viviendas, a sus veredas”.

Villegas enfatizó en que el ritmo de trabajo es lento pero seguro, y para desminar el territorio nacional “podrán pasar hasta dos generaciones”.

Y así, mientras Villegas destacaba la labor de los desminadores, don Pedro Luis agradeció a cada uno de los militares y policías. Dice que le faltaron manos por estrechar, pero se fue tranquilo a su terruño por la trocha en la que sabe no se encontrará minas que le quitarán el sueño en su patria chica.

http://www.elcolombiano.com/antioquia/en-san-francisco-salvaron-a-313-vidas-de-las-minas-YX2617265
 

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