Santos tendrá que negociar en el país en varios frentes, mientras espera buenas noticias de La Habana
Apenas van siete semanas del 2013 y la agenda de enredos parece de mitad de año. Sin avances concretos, las negociaciones con las Farc en La Habana se desarrollan en un ambiente de ataques guerrilleros, algunos de ellos abiertamente terroristas. La economía, que el año pasado se resfrió y apenas creció unos puntos por encima de 3,5% -un guarismo lánguido para las urgencias del país-, no mejorará este año. Y la atmósfera política y social, que pocas tormentas le deparó al presidente Juan Manuel Santos en sus primeros dos años y medio, luce cargada.
Para creer en las negociaciones con las Farc, los colombianos necesitan saber que algunos acuerdos están cerca. Con los asaltos guerrilleros y, en especial, con los crímenes contra la población civil, el escepticismo crece. Y aunque sería un error levantarse de la mesa antes de noviembre, si no asoman pronto los primeros resultados, seguir dialogando -y sólo dialogando- es algo que a Santos le comenzará a pasar factura.
En el campo económico, a los flojos resultados del 2012, que impidieron que el desempleo bajara de verdad, se suma un sector industrial cada vez más apaleado por factores como la revaluación. Si la industria creció muy poco el año pasado, en el 2013 puede decrecer. Y como penas y olas nunca vienen solas, hay que agregar la aguda devaluación que acaba de dictar el gobierno venezolano. Los exportadores colombianos a ese país, muchos de ellos del agro, recibirán entre un 30 y un 40 por ciento menos por sus productos, mientras que los comerciantes de las ciudades fronterizas, como Cúcuta, venderán menos porque sus clientes preferirán ir a Venezuela, donde su plata rendirá más.
Lo político también se enreda. La campaña uribista para el Congreso ya arranca. Si el expresidente Álvaro Uribe decide encabezar una lista nacional al Senado, podría conseguir un número significativo de curules (entre 10 o 15; hay quienes creen que más) y amargarle a Santos su segundo mandato. ¿Se imaginan lo que sentiría un ministro al recibir una citación de Uribe para responder un largo cuestionario en la plenaria? Por si fuera poco, las primeras encuestas reveladas por EL TIEMPO y La W muestran que, en una eventual carrera presidencial, Francisco Santos, el ‘vice’ de Uribe, le daría pelea a su primo Juan Manuel. Y aunque falta ver si esos números se mantienen, que la reelección vaya a estar reñida es algo que nadie esperaba.
Para nublar más el cielo político, el Congreso luce dispuesto a cobrarle duro a Santos el apoyo a su reelección. El presidente del Senado, Roy Barreras, que uno no sabe a qué partido pertenece de tantas veces que ha cambiado, acaba de atravesársele al proyecto de reforma pensional largamente estudiado por el ministro del Trabajo, Rafael Pardo. La iniciativa tiene puntos positivos para poner orden en un sector sensible, y como prevé que se acaben los subsidios a las pensiones altas (las que todos los colombianos les pagamos a magistrados y congresistas), Barreras le ha salido al paso con ladridos de perro rabioso.
Pero lo más complicado es el clima social. Mientras sus líderes debaten si dejan al fin las armas, las Farc han activado su influencia en movimientos sociales y sindicales para llevar los conflictos al límite. A los anuncios de paro cafetero se suman otros mucho más complicados, como el de los arroceros, los cacaoteros y los paneleros, donde no hay un gremio como Fedecafé, capaz de arreglar las cargas. Lo grave del asunto es que el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, se ha puesto tan duro que ya hay dirigentes que hablan de un gran paro nacional agrario. La cosa no pinta fácil. Santos tendrá que sacar lo mejor de su habilidad negociadora y destrabar por fin la ejecución de obras para ayudar a la economía, mientras reza para que lleguen buenas noticias de La Habana.
Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com
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