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Mensaje de urgencia y de esperanza

By 6 de julio de 2015No Comments

“A las Farc se les agota su tiempo militar y su tiempo histórico”, le dijo Humberto de la Calle a Juan Gossaín en la conversación publicada por varios medios, incluido este, el pasado domingo.

Con este diálogo, inusual en los tres años que llevamos de proceso, el jefe de las negociaciones de paz en La Habana mandó varios mensajes claves al país, en un momento de profunda crisis en los diálogos.


El primero, el más importante por la coyuntura, es poner en evidencia que es posible que el proceso termine sin éxito. “Es posible que un día de estos las Farc no nos encuentren en la mesa”, dijo con cansancio el negociador, haciéndose eco de las voces que en el país ven como inaceptables los ataques terroristas que han aumentado en los últimos meses. Tranquiliza, en parte, saber que el Gobierno no sólo está al tanto del descontento creciente, sino que lo comparte. Y que su compromiso con la paz no es un candado sin llave.

Uno de los problemas de la desconexión entre Cuba y Colombia es que rara vez hemos podido conocer la lógica detrás del actuar de la delegación de negociadores. Y, claro, lo más sencillo sería levantarse de la mesa, calmar el descontento popular y dar por terminado este esfuerzo histórico. Pero De la Calle supo poner de presente los costos de alargar una guerra indefinidamente, como muchos quieren. Desde este espacio respaldamos la necesidad de insistir en los diálogos, pero, claro, con un cambio en la manera de comunicarle al país lo que va sucediendo. Conversaciones como la del pasado domingo son esenciales no sólo para empezar a recuperar el apoyo de la población, sino para evitar los discursos irracionales de venganza que surgen cada vez que se presenta un nuevo ataque. Colombia tiene que saber lo que se ha logrado y tener paciencia para llegar al fin de esta guerra absurda.

Especialmente cuando hay propuestas interesantes sobre la mesa. Se confirma, por ejemplo, que no se está hablando de una amnistía general. La posición del Gobierno sobre la justicia es razonable: limitar la acción penal a los delitos más graves y sólo a sus máximos responsables. Eso, sumado a un proceso de construcción de verdad sobre los crímenes cometidos, de reconocimiento de responsabilidad y de reparación a las víctimas, puede pavimentar el camino para un posconflicto donde no persista esa necesidad latente de venganza por todo lo que ha ocurrido. Así se llega al perdón.

Otro punto álgido pero necesario tiene que ver con la representación política de las Farc. Para De la Calle, “el Estado y el país tienen que abrir la mente a la participación de las Farc como partido político desarmado”. Tiene razón. No se puede olvidar que uno de los reclamos originarios de la guerrilla era la incapacidad de tener voz en los ámbitos de decisión del país. Allí es donde está la fuerza para una paz duradera. El miedo y el rencor no pueden frustrar estos propósitos.

En un momento tan complicado para el proceso de paz, celebramos este gesto de tomar la iniciativa en la comunicación —por inusual que haya sido la manera— para entrar en conversación con los ciudadanos, antes que con los contradictores políticos, y permitirles recordar todo lo que se ha logrado avanzar y las dificultades que, como en todo proceso de paz, se seguirán presentando. Bienvenido este mensaje de urgencia pero igualmente de esperanza, que ojalá permee también las discusiones en La Habana.

http://www.elespectador.com/opinion/editorial/mensaje-de-urgencia-y-de-esperanza-articulo-570740

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