Lograr prevenir las enfermedades mentales es uno de los nuevos desafíos que deberá afrontar el país.
Millones de colombianos sufren a causa de problemas de salud mental, como depresión, ansiedad y psicosis, y entre ellos los adolescentes y las mujeres, de todas las edades, son los que llevan la peor parte.
No se trata de una percepción. De hecho, es una de las principales conclusiones de la Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM), de la Universidad Javeriana, Colciencias y el Ministerio de Salud, presentada la semana pasada.
Esta radiografía, la más amplia y completa de su tipo hasta hoy, encuestó a cerca de 16.200 personas, de 7 años en adelante, en todo el territorio, y encontró, por ejemplo, que el 12 por ciento de los adolescentes entre los 12 y los 17 años, y el 10 por ciento de los adultos de 18 a 44 años, tienen algún padecimiento que sugiere la presencia de una enfermedad mental.
Llama la atención que el 44 por ciento de los niños de 7 a 11 años tengan al menos uno de los signos presuntivos de trastornos mentales y que casi el 5 por ciento presente una de las ocho afecciones mentales analizadas en el estudio.
Cifras como estas nos consolidan como uno de los países en donde más años de vida saludable se pierden por esa causa. No es lo único que preocupa a los investigadores, también los determinantes sociales relacionados con la génesis de estos trastornos, poco o nada atendidos.
Es imposible ignorar, por ejemplo, las huellas emocionales que décadas de conflicto y violencia de todo tipo han dejado, y aún dejan. Para quienes lo ponen en duda, la encuesta aporta datos reveladores: casi el 10 por ciento de los niños de 7 a 11 años muestran un marcado riesgo de padecer estrés postraumático como consecuencia del maltrato físico, el abuso sexual y ser testigos de violencia intrafamiliar y del entorno.
Como si ello fuera poco, el 70 por ciento de los niños y adolescentes víctimas de desplazamiento por el conflicto sufren ya algún problema psicológico. La cifra se dispara entre menores de edad directamente expuestos al enfrentamiento armado: la mitad de ellos sufrirán esta secuela por el resto de su vida.
Otros determinantes son la pobreza, el desempleo y los bajos índices de escolaridad. Los autores del estudio confirmaron su relación directa con las cifras de trastornos emocionales, reales o latentes, en colombianos de todas las edades.
Una sociedad como la nuestra, que busca salidas pacíficas, no puede seguir descuidando este ángulo capital del bienestar colectivo; valga aclarar que esto no se resuelve ni con más leyes ni medicando a la gente, sino interviniendo de manera integral tales determinantes.
Resulta dramático que, según el mismo estudio, la familia –el núcleo de la sociedad– esté convertida hoy en una de las principales fuentes de conflicto social. Si a ello se suma el hecho de que tres de cada diez niños pequeños están creciendo con adultos distintos a sus papás y de que solo la mitad vive con alguno de ellos, el panorama se ensombrece aún más.
¿De qué otro modo se abordan dramas semejantes, si no es con acciones concretas en las que se involucre todo el Estado? La paz mental se alcanza cuando no hay hambre ni necesidades angustiosas, y cuando el entorno brinda a los ciudadanos las oportunidades que necesitan para salir adelante, en ambientes tranquilos.
http://www.eltiempo.com/opinion/editorial/editorial-el-otro-posconflicto/16385307