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Corinto, un pueblo sitiado por la guerra, tiene su estación en ruinas

By 28 de mayo de 2013No Comments

Así se vive en el municipio caucano donde policías siguen sus labores entre escombros.


Cuando levantó la mirada, vio que del carro parqueado a menos de 20 metros les apuntaban con cilindros. Saltó y empujó a dos de sus compañeros. Alcanzaron a correr hacia el interior de la estación policial, cuando la fachada comenzó a caerse a pedazos. La guerrilla los atacó con tres artefactos explosivos y luego huyó cuando vieron caer las paredes. Fue una explosión tras otra.
 
Era sábado, 12:30 de la tarde. Este patrullero, quien pidió reserva de su identidad, entraba en la estación para almorzar con sus compañeros. Varios de ellos se quedaron fuera, vigilando. Días atrás se habían reportado continuos hostigamientos en las sedes policiales de varias poblaciones cercanas. Pero lo que pasó en esa tarde, del 9 de julio del 2011, marcó un precedente en la historia de violencia en Corinto, en el norte del departamento del Cauca. El atentado se sintió en todo el pueblo.
 
Varios de los uniformados resultaron heridos, así como algunos civiles que transitaban a esa hora por la zona. Nadie murió. Según recuerdan, porque las mallas que la protegían y las paredes de la estación recibieron todo el impacto de los explosivos.
 
Dos años después, uno de los municipios más hostigados en el Cauca, aún tiene la estación hecha pedazos. Una veintena de policías viven entre lo que quedó en pie. Desde ese entonces, los militares reforzaron su presencia en el pueblo y acompañan de manera permanente a la Policía, en el parque principal del municipio. De dos en dos en cada esquina.
 
Los policías, la gran mayoría nuevos uniformados que han sido trasladados al pueblo, ya aprendieron a vivir bajo la débil estructura. Telones funcionan como paredes de la fachada de la edificación y trincheras fueron instaladas en varias cuadras a la redonda. Y la guerrilla sigue atacando a la Fuerza Pública de la zona.
 
Así como la estación policial, también hay viviendas afectadas por el atentado. Algunas con paredes a punto de caerse. Los uniformados cerraron varias vías de acceso al parque ante el riesgo de que el ataque se repita. Según informaciones del Ejército, en el norte del Cauca y el sur del Valle hacen presencia tres estructuras guerrilleras: la columna móvil ‘Jacobo Arenas’, la ‘Gabriel Galvis’ y el Sexto Frente de las Farc.
Hoy, Corinto sigue golpeada por la guerra. Miembros de la Sijín que conocen la zona dicen que la guerrilla realiza hostigamientos en zonas cercanas en donde esté la Fuerza Pública, en la mayoría de casos, solo para perturbar la tranquilidad en la noche.
 
En un recorrido durante el día por el parque se pueden ver algunas fachadas con marcas de esquirlas, algunas expulsadas durante al ataque a la estación de Policía. Cuando llega la noche es posible escuchar tiros en las montañas. Sus habitantes, ya acostumbrados al zumbido de las balas, siguen en sus camas hasta que pasan los sonidos. Con la llegada de la mañana, los negocios abren sus puertas como si nada hubiera pasado.
A pesar del panorama, la mayoría de sus habitantes dicen vivir tranquilos. Al menos esto se puede percibir en sus calles hasta que, en cualquier momento, se conoce un hecho de violencia, por lo general, fuera de Corinto. En ese momento, los rumores de explosiones, combates o material de guerra que encuentra el Ejército corren como pólvora.
 
Cada vez que pasa un hecho de violencia en el pueblo, hay quienes salen a las calles con sus celulares y cámaras para grabar, con la idea de que después puedan vender ese material a quien lo requiera. «En este pueblo uno solo se vuelve famoso es por lo malo», cuenta una joven, con un bebé en sus brazos, cuando se le pregunta sobre la violencia en la región.
 
La montaña del miedo


El hecho violento más reciente se presentó en el Cerro de las Antenas, una montaña con vista a todo el pueblo, en donde la guerrilla atacó a los militares que vigilaban el municipio. Cuatro murieron.
 
El ataque, en el que otros ocho uniformados resultaron heridos, ocurrió en la madrugada del pasado 3 de abril. Según reportes oficiales, ese día miembros del Sexto Frente de las Farc intentaron tomarse el pueblo y los uniformados repelieron el ataque. Los combates se mantuvieron durante la madrugada hasta que los guerrilleros retrocedieron.
 
En la mañana, y durante los días que siguieron, la gente habla de cómo la guerrilla sigue allí, en sus montañas y señalan el cerro. En su cima se levantan antenas de telecomunicaciones y, a algunos metros, una cruz, instalada varios años atrás. No hay árboles. Desde la distancia se puede ver si alguien camina sobre esta. Siempre, soldados que rondan la zona.
 
«Nadie puede subir ahí», cuenta un comerciante, quien vive a dos cuadras de donde comienza a levantarse la montaña. Él, como gran parte del pueblo, habla a los medios de comunicación pidiendo la reserva de su identidad. Sin fotos, ni nombres. «Ellos están ahí (la guerrilla). No se puede cruzar. No más mire lo que le pasó a los soldados, la guerrilla ya está ahí bajando de ella», cuenta.
 
Detrás del cerro, se pueden observar las imponentes verdes montañas que comprenden el inicio hacia el norte de la cordillera central. De noche, el panorama cambia. «Esto es como un pesebre. Se riegan de luces por toda esa montaña por los cultivos (ilícitos). O se escuchan tiros. A veces parecen fuegos pirotécnicos», cuenta un joven, que trabaja en un hotel.
 
Por eso, la gente ve con miedo al Cerro de las Antenas. Es un referente de que a pocos metros está la guerra. Campesinos cuentan que las condiciones de esa tierra son las apropiadas, y difíciles de conseguir, para el cultivo de cripi, considerada como la mejor marihuana del mundo.
 
«La marihuana cripi se da en invernaderos y para eso se necesitan plásticos y una infraestructura organizativa. Cada invernadero tendría un costo de por lo menos 20 millones de pesos. Necesita bombillos, necesita calor», cuenta el brigadier general Jorge Humberto Jerez, comandante de la Fuerza de Tarea Apolo, unidad militar que concentra sus operaciones en el norte de Cauca y el sur del Valle.


Ofensiva contra Farc


Tras varias décadas de operaciones, en los últimos años las autoridades militares y policiales dieron un giro a la forma en como combatían a los grupos armados ilegales de la zona. Se articularon y plantearon opciones para acercarse a la comunidad y, de esta forma, ganarse la confianza de la población. Es por esto que hoy se ven actividades recreativas para niños en pleno parque del pueblo, brigadas de salud coordinadas por el Ejército, así como el fomento de actividades culturales por parte de las autoridades locales. (Lea aquí una entrevista sobre el giro en la estrategia militar en la zona).
 
«La violencia está entre nosotros aún. Pero ya el miedo ha cambiado un poco. Ya no se siente que esto está olvidado por el país. Se siguen escuchando cosas, pero ya podemos salir de nuestras casas», cuenta uno de los comerciantes del parque principal.
 
El resultado se percibe en la tranquilidad con la que la gente sale de sus casas y participan de estas jornadas. «Antes no nos podían ver porque nos tenían temor y se aislaban por la presencia de las Farc dentro de los municipios», dice el alto oficial.
 
«Nosotros permanentemente hemos ejecutado el plan principal: atacar sus fuentes financieras. Por eso es que hemos incautado más de 13 toneladas de marihuana, más de 13 toneladas de insumos líquidos, cristalizaderos y llevamos más de 72 laboratorios donde procesan la base de coca. Todo esto lo estamos atacando para minimizar la parte económica de las Farc», agrega el oficial sobre los operativos en la zona.
 
Por ahora, en su gran mayoría, la población espera que su estación de Policía sea reparada pronto.
 
El coronel Ricardo Alarcón, comandante de la Policía del Cauca, informó que la demora en la realización de las obras se debió a dificultades “administrativas ajenas a la voluntad de la institución” que “retrasaron el proceso de licitación, giro de dineros, revisión de diseños”.
 
El oficial reiteró que tras el hecho violento los uniformados tuvieron que arrendar viviendas cercanas por las condiciones de la edificación. “Con el paso del tiempo, los dueños de las propiedades manifestaron presiones, amenazas y decidieron no arrendar más. Ante la necesidad de no retirar la fuerza policial, nuestros hombres tuvieron que regresar, en las condiciones en las que hoy están, con el fin de no abandonar el trabajo de acompañamiento a la población”.
 
Alarcón reiteró que en los últimos días se han presentado avances en las diligencias administrativas y, según estimó, “a finales de junio se estaría firmando el contrato global de la obra”. La estación permanecería en el mismo lugar y sería una construcción tipo búnker.
 
Con el paso de los meses, y ante la amenaza de un posible nuevo ataque, han reforzado su esquema de defensa en varias calles cercanas. Mientras tanto, allí almuerzan, duermen, planean las rondas por el pueblo y atienden los pocos casos de delincuencia común que se registran en Corinto, el municipio caucano agobiado por la guerra.
 
JULIÁN I. ESPINOSA ROJAS
REDACCIÓN EL TIEMPO.COM
ENVIADO ESPECIAL A CORINTO – CAUCA
julesp@eltiempo.com

http://www.eltiempo.com/justicia/violencia-en-corinto-dejo-en-ruinas-a-su-estacion-de-policia_12827975-4

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