El padre Daniel Saldarriaga asegura que el crecimiento de su iniciativa se ve perjudicado por la falta de difusión. Sin embargo, se siente satisfecho por las más de 14 mil familias a las que ayudó en 2012.
¿Cuál es el reto de un banco de alimentos?
Nuestro reto es ser puente para unir a muchos que quieren servir. En Bogotá hay mucha gente que quiere ayudar a los que necesitan y no saben cómo hacerlo. Al mismo tiempo, muchas personas tienen la necesidad porque no tienen acceso al alimento. Unidos con el sector público, el privado, la academia y la Arquidiócesis de Bogotá, hemos venido haciendo la tarea.
¿Quiénes son los beneficiados?
Nosotros ayudamos a más de 112.000 personas, de las cuales el 72% son niños; unas 14.000 familias. Nuestro gran deseo es no generar una cultura de mendicidad y favorecer unas dinámicas de mejores condiciones de vida para la gente que está siendo socorrida.
¿Cuál es su balance después de 12 años de fundado el banco?
Somos parte de una red global de bancos de alimentos y estamos en más de 1.200 ciudades, en más de 30 países. Hacemos parte de Abaco, la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia. Gracias a la academia contamos con cerca de 1.400 personas, entre estudiantes y docentes.
¿Cómo les ha ido con esa ayuda?
Queremos que las organizaciones que nos ayudan hagan bien el bien. San Felipe decía: “Hay que hacer bien, pero hacerlo bien”. Eso significa que cada cosa que hacemos la pongamos en el nivel más alto.
¿Qué impacto ha tenido su trabajo en las comunidades?
Hemos logrado que muchas organizaciones que quieren ayudar se identifiquen. Y 766 organizaciones han desarrollado ejercicios distintos a la consecución del alimento para poder atender de manera más integral a las comunidades.
¿Cómo seleccionan a las organizaciones con las que trabajan?
Tenemos un buen equipo de gestión social y estamos pendientes de cada carta que nos envían solicitándonos ayuda. Trabajamos con colectivos que garanticen mínimos de higiene y buen trato a las personas. Además, buscamos personas jurídicas que estén legalmente constituidas.
¿Tienen algunos productos como prioridad?
Aprovechamos todo lo que no alcance a ser comercializado y recibimos también bienes como utensilios de cocina, muebles, electrodomésticos y útiles escolares. La idea es que lo que las personas no están usando en casa le pueda llegar a alguien que sí lo necesite.
¿Cómo avanzan estas iniciativas en el país?
Estamos en 20 ciudades. Calculamos que hay más de mil organizaciones en Colombia vinculadas y más de 200.000 personas que están recibiendo ayudas. El año pasado, entre todos los bancos salvamos más de 13.000 toneladas de alimentos que nos entregaron las industrias y almacenes de gran formato. Hay unos esfuerzos interesantes en Medellín, Pereira y Manizales por acercarse a campesinos para aprovechar los excedentes de cosecha.
¿Por qué hay tantas personas sin acceso a los alimentos?
Hay dos fenómenos: uno, la inequidad, y otro, que no hemos visibilizado a los que están haciendo una labor muy integral para la atención y el socorro de las poblaciones necesitadas. El Estado está haciendo un esfuerzo muy grande, pero la ilusión es que los esfuerzos de todos los sectores de la sociedad no se vean tan dispersos.
¿Qué actividades complementarias se realizan?
Nosotros queremos organizaciones que mejoren condiciones de vida. Si nuestros niños no dejan el colegio y son capaces de aprender gracias al alimento y el afecto que se les da, serán capaces de socializar y llevar una vida saludable.
¿Qué complicaciones se han presentado?
Es difícil que nos vean. No es fácil ser noticia cuando lo que estamos haciendo no es motivo de escándalo.
¿Qué proyectos tienen para este año?
La idea es poder seguir creciendo al interior de la población que atendemos, seguir modificando hábitos alimenticios y seguir mejorando la calidad de vida de las personas que no tienen acceso a la comida.
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