Buenas tardes. Como representante en Colombia de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos presento un saludo especial a todas y todos los asistentes. Es muy difícil para mí hablar después de las palabras tan sentidas del Padre de Roux y de los testimonios desgarradores que hemos escuchado hoy –sobre la violencia, el racismo, lo indigno de la discriminación, los efectos del conflicto armado que ha destruido vidas, cuerpos y mentes inocentes–. El horror de la historia y de la realidad que aún vive el pueblo negro de Colombia.
Repudio esta violencia, la que he escuchado en estos testimonios, la violencia de un paramilitar que marcó el cuerpo de una mujer con un fierro en fuego, para luego violentarla sexualmente; la violencia que mató a los tres hijos de otra mujer y le negó la justicia; la violencia que permite el despojo de las tierras y la destrucción de la vida comunitaria y de los liderazgos negros.
Cuando uno escucha estos testimonios, uno se pregunta cuantas veces un pueblo, cuantas veces el pueblo Negro estará obligado a decir nunca más –que no se repita esto–. Cuantas veces tendrán que pedir garantías de no repetición.
Me siento profundamente afectada por estos testimonios y honrada de poder acompañar a las organizaciones, comunidades, autoridades, lideresas y líderes afrodescendientes, testigos y víctimas que participan de este espacio. Saludo la valentía de las mujeres y hombres que dieron sus testimonios para este evento y la esperanza con la que continúan viviendo. Saludo la resiliencia empoderadora de estas mujeres, hombres, niños y niñas.
El daño y el impacto que el conflicto armado ha causado al proyecto de vida individual y colectivo de lascomunidades afrocolombianas, negras, raizales y palenquerases inestimable y sureconocimiento es un paso necesario para repararlas. Es importante también que se exponga el comportamiento aberrante de quienes cometieron estos actos y repudiarlos. El arrepentimiento y la demanda de perdón de algunos responsables durante este evento es un gesto importante. Reconocer es un primer paso para poner fin a las atrocidades y para que la historia se construya de otra manera –para no dejar que la violencia se vuelva a repetir–.
Escuchar la voz de lascomunidades afrocolombianas, negras, raizales y palenqueras y escuchar su verdad es un deber de todos. Es una responsabilidad de todos, no solo de las comunidades afrodescendientes, discutir, proponer y acordar medidas para que las violaciones sufridas por estas comunidades no vuelvan a ocurrir. En este sentido, el trabajo de la Comisión constituye un aporte fundamental para formular medidas para la no repetición.
Colombia, al aprobar su nueva Constitución Política en 1991 y reconocerse como un Estado Social de Derecho, y una nación multiétnica y pluricultural, dio un paso histórico en el reconocimiento de su diversidad étnica. Este paso ha implicado procesos de cambios estructurales e institucionales que han sido verdaderos retos para la inclusión de la diversidad cultural, y la igualdad real y efectiva de los pueblos afrodescendientes del país. Así mismo, con la aprobación de la Ley 70 de 1993, se han dado pasos muy importantes en el proceso de implementación de los principios constitucionales y de las normas y estándares internacionales. Sin embargo, su realidad social, política y económica exige esfuerzos de todo nivel para hacer realidad la construcción de una paz estable y duradera con enfoque territorial. Como dijo una de las participantes “la garantía e implementación de la ley 70 beneficiaría a Colombia y al mundo entero”.
Conocer la verdad desde las propias realidades del pueblo Afro es fundamental para avanzar en esta dirección.
Las violaciones a los derechos de los pueblos afrocolombianos no sólo se han caracterizado por los ataques contra la vida, integridad y libertad de sus líderes e integrantes. La garantía de los derechos económicos, sociales y culturales a los pueblos afrodescendientes presenta grandes desafíos. Los principios de indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos suponen el deber estatal de abordar la situación de los pueblos afrocolombianos desde una perspectiva integral.
Pocas veces me he sentido tan impactada por la determinación y resiliencia de una comunidad. A pesar de todo lo vivido, la organización comunitaria, la lucha por los territorios colectivos y su protección conforme a modos de vida sustentables han permitido que los pueblos afrocolombianos hagan sentir su voz y hayan construido alianzas con iniciativas y actores de la sociedad civil que propenden por la protección de sus culturas y con ellas la sostenibilidad de los entornos, los paisajes y los ecosistemas naturales en territorios como la región Pacifico, los valles interandinos del rio Cauca y Magdalena, las zonas de colinas del caribe, y los ecosistemas marinos y costeros del pueblo raizal. Para que estas voces y sus verdades resuenen y crezcan entre la opinión pública y, especialmente, entre las instancias institucionales que velan por una paz integral y duradera, es necesario avanzar en la consolidación de la verdad de lo sucedido en el conflicto armado y, a partir de allí, implementar medidas transformadoras que permitan el goce efectivo de los derechos humanos.
Las garantías de no repetición para los pueblos afrocolombianos no solo deben abarcar reformas institucionales o cambios legales para evitar la vulneración de sus derechos. También se requiere avanzar en la eliminación de prácticas formales e informales que fomentan la discriminación estructural y que se expresan en la exclusión y la marginalidad social constantes en todas las áreas de la vida social y económica de las comunidades. Garantizar la igualdad de los afrocolombianos es reconocer realmente su ciudadanía, lo que también permitirá que ejerzan sus derechos en condiciones de seguridad y dignidad.
Agrademos el espacio que hemos tenido para estas palabras.
Reiteramos a las organizaciones e invitados que participan de este acto, así como a la Comisión de la Verdad, nuestra más entera disposición para colaborar en la superación de estos retos que se tienen para con lascomunidades afrocolombianas, negras, raizales y palenqueras. Saludo su energía –representada en sus voces y en sus tambores, la vitalidad de su cultura y su propuesta–.
Te todo corazón, muchas gracias.
https://hchr.hrev.org/wp-content/uploads/2020/12/Mensaje-JDR-Acto-verdad-comunidades-afrocolombianas-negras-raizales-y-palenqueras.pdf