Por Alberto Brunori.
Representante en Colombia de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
Bojayá 17 de noviembre de 2019
Un saludo especial a las víctimas valientes y generosas que se encuentran aquí en esta ceremonia, o que están en otros lugres de Colombia.
También un saludo especial para las entidades del Estado colombiano que se han comprometido con Bojayá.
Y un saludo para la Comunidad Internacional que hoy viene a brindar su solidaridad y apoyo.
Bojayá, y la resiliencia de sus víctimas, es un ejemplo para Colombia y el mundo de la apuesta por la paz a pesar de la tragedia inmensa que provocó el conflicto armado.
Cuando hace una semana las víctimas entraron a la Iglesia de Bellavista Viejo, cargando entre sus brazos, los cajones en los que reposan los cuerpos de sus seres queridos que perdieron la vida en 2002, dijeron, en voz alta, y de mujer: “ni una gota de sangre más para Bojayá”.
Yo retomo esa frase potente de ustedes, hoy, aquí para repetir: Ni una gota de sangre más para la guerra…
En esta mañana de domingo estamos presenciando y viviendo nuevamente esa apuesta por la paz de las víctimas de Bojayá, que superaron el dolor y aún con lágrimas en sus rostros han luchado y luchan por sus derechos a la verdad, a la justicia, a la reparación, pero sobre todo exigen y trabajan por la no repetición de la guerra.
En resumen nos hacen ver todos los días con su actitud que tienen derecho a vivir en paz.
Saludamos y admiramos su lucha por el derecho al territorio, su insistencia en la reactivación de la economía propia y su demanda por la construcción de infraestructura adecuada para atender sus derechos en materia de salud, educación, agua, vivienda, participación y cultura.
Esta ceremonia sagrada de despedida de sus familiares y este acto político –como lo llaman las mismas víctimas- nos muestra una comunidad viva que participa y lidera la exigencia del disfrute pleno de sus derechos.
Bojayá también marca un hito histórico, por la posibilidad que se brinda a las víctimas de reparación. No voy a centrarme hoy en lo que falta, sino en lo que se ha logrado.
Las comunidades y los familiares víctimas aportaron su conocimiento para direccionar los procedimientos institucionales de Fiscalía, Medicina Legal, la Unidad de Víctimas y el Centro de Memoria Histórica.
En este proceso de diálogo intercultural de un poco más de dos años la comunidad aprendió cuán difíciles son los procesos, y las instituciones comprendieron lo que significa la dignidad para la cultura negra e indígena.
Felicito los logros alcanzados por las víctimas y la comunidad, porque tener a sus familiares en esta ceremonia, con los rituales culturales apropiados, fue alcanzado por ustedes; al igual saludo el trabajo comprometido de las personas que integran las instituciones del Estado para resarcir los derechos de los bojayaseños.
La Oficina reconoce en este proceso un avance en materia de las medidas de satisfacción tanto individual como colectivas.
La Oficina celebra la articulación institucional, y los esfuerzos por trabajar en torno a un objetivo común en Bojayá.
Animamos al Estado colombiano a mantener esta dinámica con el pueblo de Bojayaceño, que hoy necesita protección frente a los retos que imponen nuevos actores armados ilegales que están en el territorio.
Indígenas y afrodescendientes vuelven a narrar su preocupación por las amenazas, el desplazamiento forzado y el confinamiento.
Es urgente responder al llamado de las comunidades del medio Atrato, para que la paz sea posible.
Para culminar, quiero reiterar que continuaremos acompañándolos para que se garanticen todos sus derechos, en particular su derecho a vivir en paz.
https://hchr.hrev.org/wp-content/uploads/2019/11/bojaya-acto-publico.pdf