Cada parte, por separado, necesita definir su máxima oferta y su mayor concesión en los detalles que están frenando un acuerdo definitivo sobre el campo. En particular, frente al acceso a la tierra y el tratamiento que debe darse al latifundio improductivo.
Tanto el Gobierno como la guerrilla han admitido avances históricos, pero ante la ansiedad del país por un anuncio concreto, esperan poner sobre la mesa, en el próximo encuentro, lo que están dispuestos a jugarse para que el proceso de paz dé el primer gran salto. En palabras de una de las personas que está en la mesa de diálogos, se espera que “un proceso de consulta interna le imprima nuevos bríos a la negociación”.
Esto, además, se les ha vuelto una urgencia, ahora que los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana quieren convertir las conversaciones con las Farc en el punto débil de Juan Manuel Santos.
Muestra del impulso que pretenden darle al proceso en este abril es que, al tiempo, están moviendo el foro sobre participación política, tema que sigue en la agenda. Las Farc, que han insistido en que no son presas de los tiempos electorales y legislativos, lo han aceptado así.
Y si bien esto no quiere decir que ahora están dispuestas a correr en el proceso, sí, que por lo menos están de acuerdo con el Gobierno en que abril debe ser el mes del gran salto. Para que la opinión pública no pierda la fe en la mesa de paz y para que los expresidentes opositores no logren desbaratarla.
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