Hoy las comisiones de paz del Congreso dijeron que le pedirán al Gobierno autorización para discutir directamente con las regiones temas como la política agraria del Estado y la participación electoral de los guerrilleros que dejen las armas con el fin de “descentralizar esos temas fundamentales para la paz y comenzar a promocionar lo que sería la activación del marco que judicializará a los futuros desmovilizados”, según contó El Espectador.
También hoy, la ministra de Justicia, Ruth Stella Correa, dijo que es “jurídicamente viable” que Simón Trinidad esté en la mesa de negociación con las Farc como lo solicitaron los guerrilleros pero que su realidad está en manos de Estados Unidos.
Ya hace unas semanas, Vicenç Fisas, director de la Escuela de Cultura y Paz de Barcelona, había revelado que antes de la reunión en Cuba, Chávez tuvo ocho horas de conversación con ‘Timochenko’ en Venezuela, lo que habría influido para que las Farc “se moderaran”.
A una semana de que inicien los diálogos, los medios aún no saben por fuentes oficiales cuándo es que arrancan. Asumen que es el 17 porque los guerrilleros en la Habana así lo dijeron hace una semana cuando confirmaron que la negociación no comenzaría el 8 como había dicho inicialmente el Gobierno.
El país se enteró de que había un proceso de paz en curso no porque el Gobierno lo hubiera anunciado sino porque después de que Álvaro Uribe hubiera dicho que el Gobierno estaba reunido con los guerrilleros en la Habana, Francisco Santos, desde RCN, filtró el Acuerdo Marco. Casi al tiempo lo hizo el periodista Jorge Enrique Botero en Telesur.
La estrategia
La increíble confidencialidad en la que se mantuvieron las reuniones exploratorias hasta ese momento fueron claves para consolidar un Acuerdo Marco con las reglas de juego de la negociación y una agenda acotada, que a juzgar por las encuestas, ha creado bastante optimismo entre los colombianos.
Sin embargo, desde que el Presidente anunció oficialmente el inicio de los diálogos el 4 de septiembre, la estrategia de Casa de Nariño ha sido no decir nada, salvo una ronda que hicieron miembros del Gobierno por los medios tradicionales más grandes para contarles off the record las intimidades de cómo se había cocinado el Acuerdo y unas pocas entrevistas del jefe negociador Humberto de la Calle, quien supuestamente es el único vocero del Gobierno.
La lógica de este silencio, según Casa de Nariño, es que “el Gobierno solo va a hablar cuando haya cosas de fondo qué decir”. Quieren evitar así mantener un contrapunteo permanente con las Farc en los medios y que en cambio de tramitar los temas en la Mesa se haga ante los micrófonos.
Otra fuente oficial dice que estar en la radio todas las mañanas se presta a confusiones y además termina cansando a la gente. Y que en todo caso, estas semanas lo que han hecho es ir cuadrando muchas piezas internamente.
La consecuencia
Este silencio ha tenido dos efectos: uno, que ese vacío sea llenado por otros, con mayor necesidad de protagonismo como el presidente del Congreso Roy Barreras, quien entre muchas otras cosas, contó que no habrá un plebiscito por la paz; o el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, quien no ha dejado de advertir que el proceso de paz no le “dará un respiro” a los guerrilleros (salvo que levantarles la orden de captura a los jefes sea un respiro), o la exsenadora Piedad Córdoba, quien dijo que si no ganaba Chávez había que replantear la mesa.
Es obvio que ante el proceso tan trascendental en el que se embarca el país, mucha gente tenga algo qué decir. El problema es que el Gobierno no tenga nada qué decir. Porque entonces va calando un discurso o se va sembrando una idea sobre cuál es el norte del proceso que de pronto no es el que tienen en mente los negociadores del Gobierno.
El solo anuncio de las negociaciones hizo que el clima de opinión de los colombianos subiera 20 puntos y la favorabilidad de Santos otros 13, en la Ipsos Napoleón Franco. Pero a medida que avanzan los días crece la incertidumbre sobre realmente qué es lo que va a pasar en Oslo y la Habana.
“¿Será, como dicen, que todo fue negociado ya a nuestras espaldas?”, se preguntó hace unos días el columnista Saúl Hernández. Y es una pregunta que se hace mucha gente en reuniones y no solo los uribistas.
El Gobierno ha querido que no se generen expectativas desmesuradas frente a lo que pueda suceder en Oslo. Pero la contracara es que si el Gobierno cree que con solo ponerle spin a través de los tres medios de los directores amigos y pedirles el favor de que sean pacientes y prudentes; si no mete al país en el proceso para que se vaya dando una “transformación mental” para una población que lleva diez años solo oyendo que son terroristas para verlos en menos de un año de congresistas, puede suceder lo de Guatemala: ser muy exitosos logrando un acuerdo con los guerrilleros y fracasar luego en darle legitimidad con los ciudadanos que los tienen que reintegrar.