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Bacrim: la pesadilla de Cali

By 5 de octubre de 2014No Comments
Alcaldía de esa ciudad niega la presencia de grandes estructuras criminales. La Personería dice que esta es innegable.

Una advertencia hecha por la Defensoría del Pueblo en febrero cobra fuerza con la masacre de ocho personas en zona rural de Cali este viernes. En aquel momento, esa entidad denunció que “durante los dos últimos años la disputa que libran los Rastrojos y los Urabeños por el control territorial y poblacional en varias regiones de Colombia se ha manifestado con crudeza en Cali”. Para el personero de esa ciudad, Andrés Santamaría, esta matanza, producto al parecer de internos de los Urabeños, es prueba de lo ya denunciado por la Defensoría.

“Si un grupo tiene la capacidad de movilizar hombres armados, en una zona residencial y con presencia de las autoridades; entrar a una casa donde hay otros hombres armados; hacer disparos y no ser detenidos, entonces, evidentemente, hay una capacidad y una maniobrabilidad de la ilegalidad bastante fuerte. Lo que es un error y evidencia, por un lado, una debilidad por parte de la ciudad, y por el otro, la fuerte presencia de estas bandas”. Para Santamaría, la presencia de bandas criminales en esta ciudad es, sencillamente, innegable.

Para el alcalde encargado de Cali, Javier Mauricio Pachón, esta matanza evidencia todo lo contrario. “Nosotros hemos resaltado que —pese a lo sucedido— la ciudad viene en un muy buen clima, con una reducción del 29% en la cifra de homicidios, en comparación con el año pasado. Esta semana, pese a esta masacre, tuvimos 29 homicidios y el año pasado, para la misma semana, tuvimos 48. Estos hechos se producen porque hemos desmantelado 49 de estas estructuras y capturado a sus cabecillas (entre ellos Jorge Eliécer Domínguez, alias Palustre; Carlos José Robayo, alias Guacamayo; Greylin Varón Cadena, alias Martín Bala, y Orlando Gutiérrez Rendón, alias el Negro Orlando). Y entonces los que quedan buscan ocupar esos espacios. Es entre ellos mismos que sucede esta vendetta”. Precisamente, entre los asesinos se encuentra uno de los sucesores de Martín Bala. Se trata de Julio César Paz Varela, alias J1.

Y en cuanto a la presunta presencia de grandes bandas criminales en Cali, el alcalde encargado sostuvo que entre 2012 y 2013 estas estructuras —puntualmente los Urabeños y algunos reductos como, por ejemplo, el de los Buenaventureños, una banda desmantelada a inicios de este año— intentaron ingresar a la capital del Valle, pero que desde el año 2013 se empezó “un trabajo muy fuerte” que ha impedido que se consoliden en la ciudad.

Agregó que estas bandas actúan regionalmente y que esta masacre bien podría haberse presentado en Cali, en el Eje Cafetero o en Buenaventura: las tres esquinas del triángulo en el que, según las autoridades, se mueven estas estructuras criminales herederas del cartel del norte del Valle.

De hecho, personero y alcalde estuvieron de acuerdo en que no hay que perder de vista, por ejemplo, a Buenaventura, ya que —en su criterio— todo lo que ocurre en el puerto repercute en la capital del Valle. Para la muestra un botón: en Buenaventura ya hubo una masacre, en 2013, como la producida este viernes en Cali y por las misma razones: disputas internas de estas organizaciones delincuenciales.

Pachón insistió, no obstante, que esto no significa que no haya que tomar medidas y perseguir a los responsables de esta masacre. Precisamente, en diálogo con El Espectador el primer mandatario indicó que las investigaciones que adelantan la Policía y la Fiscalía para esclarecer este hecho “van por buen camino”. Y dio a conocer que las autoridades ya han reforzado la seguridad en el sur de Cali y en varios centros comerciales de la ciudad para evitar enfrentamientos entre bandas que terminen, a la postre, afectando a los ciudadanos.

Sea como sea, la advertencia de la Defensoría sigue vigente. En un comunicado emitido este fin de semana reiteró una vez más su “llamado para que desde el Ministerio de Defensa, la Policía y demás autoridades del orden nacional y territorial se adopten con urgencia las medidas pertinentes para ponerles freno a estas escaladas cíclicas de homicidios, amenazas y afectaciones a la seguridad ciudadana en Cali y el Valle del Cauca.

Cabe recordar que esta misma semana ocurrieron otros hechos preocupantes, como el asesinato del ingeniero Jorge Naranjo, constructor del primer centro comercial de Popayán; la muerte del joven Cristian Andrés Correa, líder en actividades de trabajo social con las barras del Deportivo Cali, y la muerte de dos menores de edad por enfrentamiento entre pandillas en el barrio Los Robles de la capital vallecaucana”. Si alguna vez fueron los carteles la pesadilla de Cali, hoy son las bandas criminales las que amenazan el sueño de miles de caleños, que no piden otra cosa que el fin de estas estructuras, sean grandes o pequeñas”.

www.elespectador.com/noticias/judicial/bacrim-pesadilla-de-cali-articulo-520748
 

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