Cada vez que suena una explosión en el alto Baudó, Bojayá o Río Sucio, la comunidad chocoana se alerta y comienza a llamar a los organismos de emergencia, temiendo que se trate de una mina.
La grave situación de las minas antipersonales en los municipios más vulnerables del Chocó no ha cambiado…ni en los últimos años, ni en los últimos meses. Al mes, llegan en promedio unas tres personas de zonas rurales del Chocó a Quibdó, mutiladas, pidiendo ayuda por ser víctimas de minas.
“Es posible que la cifra sea mayor, porque las víctimas que llegan a la Cruz Roja pidiendo ayuda, son quienes tienen los medios. Cuando acuden a nosotros, reciben atención psicológica y ayuda con su prótesis”, indicó a Caracol Radio, Sonia Agudelo, presidenta de la Cruz Roja en el Chocó.
La asistencia a las víctimas de las minas antipersonales hace parte de un programa conjunto de la Cruz Roja colombiana y la Cruz Roja española.
Las minas antipersonales pueden encontrarse en cualquier lugar del departamento, con presencia guerrillera, pero especialmente en Bojayá, Río Sucio, Bagadó, Nuquí y en general el alto Baudó.
Lo más triste de todo, es que lugares con paisajes envidiables como Tutunendo y Nuquí, están perdiendo los pocos turistas que tenían: los chocoanos. “Nosotros antes íbamos de paseo los fines de semana a municipios cercanos, pero últimamente nos da temor. Dicen que la guerrilla está allá y es peligroso encontrarse con una mina”, dijo una habitante de Quibdó a Caracol Radio.
“Lo de las minas sigue igual, donde las colocaron ahí siguen…ellos no han quitado nada (guerrilla)”, agregó la presidenta de la Cruz Roja en Chocó.
Y como ese es el panorama… minas que no han sido desactivadas y falta de voluntad de quienes las pusieron para quitarlas, la Cruz Roja y en general organizaciones no gubernamentales, están capacitando tanto adultos como niños, para evitar que se sumen a la lista de las 30 víctimas de minas cada año, en el Chocó.