Una embarazada, según Minsalud, murió en Cauca porque no llegaron las plaquetas que necesitaba.
Aunque el martes, en la segunda jornada del paro cafetero, no ocurrieron disturbios tan graves como los del lunes, cuando hubo 59 heridos, el lío corrió por cuenta de los bloqueos de vías en Cauca, Huila, Antioquia y en el Eje Cafetero. (‘Gobierno debe entender que hay cafeteros distintos a la Federación’: Óscar Gutiérrez)
De hecho, según denunciaron médicos del Cauca y el Ministerio de Salud, una embarazada murió en Popayán porque los caficultores impidieron el paso del vehículo que llevaba desde Cali las plaquetas que necesitaba. (‘Gutiérrez no es vocero de cafeteros’: gerente de la Federación)
Por su lado, los caficultores concentrados en el corregimiento Irra, de Risaralda, en la vía que comunica a Manizales con Medellín, solo levantaron el bloqueo para dar paso a una persona que iba con el cadáver de su padre y luego a dos franceses que están haciendo un recorrido turístico.
El Ministerio de Salud asegura que desde que empezó el paro cafetero la misión médica ha sido víctima de al menos nueve ataques en zonas afectadas por las protestas. (ONU pide al Gobierno y a cafeteros que negocien fin de paro).
Varios de ellos, precisamente, en el Cauca y el Huila, según Fernando Ruiz, viceministro de Salud. En el Huila, según el Ministerio, una ambulancia que iba entre Pitalito y Neiva, con un herido por arma de fuego, fue apedreada. Y en Mondomo (Cauca) bloquearon el paso de otro de estos vehículos, que llevaba a una paciente hacia Popayán.
Al finalizar el día, había sido imposible el traslado a Cali de 10 pacientes de la clínica La Estancia de Popayán. En la misma zona se habría impedido el paso de un camión con oxígeno para enfermos.
En el Huila, donde había 7 puntos bloqueados, entre ellos las vías a Caquetá y Putumayo, volvieron a presentarse enfrentamientos con la Policía y hubo tres heridos. También hubo disturbios en Antioquia y el Tolima. El Gobierno llamó a los caficultores a terminar con las vías de hecho.
Las cuentas de un campesino de Risaralda
A pesar de sus 65 años, desde el lunes en la mañana Alfonso Suárez salió de su finca de Quinchía (Risaralda) para sumarse a la protesta de 800 caficultores concentrados en el corregimiento de Irra a partir de esa fecha.
«Igual, no pierdo el día de trabajo porque la producción está frenada. Esta es mi única salvación», dice el caficultor, quien dejó a su esposa y cuatro hijos preocupados en la vereda por los disturbios que se han dado durante la protesta de los campesinos.
No sabe muy bien de qué se trata la revaluación, pero dice que él y su familia tienen que sobrevivir con un millón cuatrocientos mil pesos que recogió entre enero y febrero con las cuatro cargas de café que pudo producir y que vendió a la Cooperativa de Caficultores de Quinchía por $ 350.000 cada una.
Para sostener su finca, que no alcanza las dos hectáreas de café, debe fertilizar la tierra cada tres meses y abonar cada cuatro.
Cuando se cumple la fecha, Suárez compra cuatro kilos de fertilizante, que le cuestan entre 7 mil y 12 mil pesos cada uno. El abono que pone cada cuatro meses, tres bultos, le cuesta 80 mil pesos. «Al año me toca comprar unos 10 bultos de abono, o sea, 800 mil pesos. ¡Ni vendiendo dos cargas de café alcanzo a comprar el abono!, dice.
¿Y el subsidio por carga de café que está dando el Gobierno? Suárez no lo recibe, aunque tampoco sabe muy bien por qué. «Yo no estoy afiliado a la cooperativa, solo llevo mis bulticos para venderlos; debe ser por eso», explica. Ante su situación, este hombre, quien desde los 12 recogía café, trabaja tres días en fincas cercanas, en lo que resulte, para ayudarse.
Suárez opina que el presidente Juan Manuel Santos y el presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, Luis Genaro Muñoz, pueden ayudarlos. Por eso insiste en mantenerse en la protesta.
«La cosa es sencilla: sin plata no comemos, y sin comida no vivimos», remata.
REDACCIÓN EL TIEMPO
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