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‘Camilo Torres se la jugaría por el desmonte de violencia insurgente’

By 27 de enero de 2016No Comments

Monseñor Darío de Jesús Monsalve habla de la paz y la importancia de la ideología del sacerdote.

¿Qué lo movió a impulsar con tanto interés la figura del sacerdote Camilo Torres, y especialmente en esta coyuntura?

Nuestra historia actual, especialmente la colombiana, vive un tiempo de síntesis, más allá de las polarizaciones. La polarización no da más, y el mundo tiene que arreglárselas para dialogar, concertar, comprometernos todos y salvaguardar el futuro común, ante las agudas crisis y los desafíos del presente. Entonces, el pasado entra en revisión.


Y ahora estamos, por fortuna, reabriendo un futuro para Colombia y para la humanidad, pero corrigiendo rumbos.

En ese pasado no solamente están los hechos, sino, sobre todo, las figuras referentes, con potencial de futuro y con arraigo en lo más colectivo de la conciencia y del alma de los pueblos y las naciones. Algunos de estos referentes podrían ser supervivientes de la crisis como Nelson Mandela, o caídos en ella, como el cura Camilo Torres Restrepo.

¿Qué destaca de esa figura?

La lucha de Camilo se arraiga en el humus cristiano: más que en lo ideológico, en la experiencia popular; más que en la lucha de clases, en la unidad como principio ético de toda acción transformadora colectiva y en el aprendizaje y la pedagogía desde el mundo de los pobres. Camilo se vuelve ahora una figura ‘puente’ y un jalón hacia el reencuentro más posible entre orillas opuestas; una conexión entre el evangelio social de la Iglesia de ayer y la que emerge hoy, impulsada por la figura y el mensaje “revolucionario” del papa Francisco.

Su reflexión interpela también directamente al Eln. ¿Ha tocado el tema con ellos?

Sí, claro. El único homenaje aceptable del Eln a Camilo es honrar su arraigo popular y no empoderarse ni ideologizar su memoria. El Eln ha sido y es ‘camilista’, y ha sido el único, quizás, que en estos 50 años custodió el legado de Camilo, lo profundizó y desarrolló, mientras su nombre y memoria, sus investigaciones y libros, y hasta sus restos mortales fueron proscritos, y lo son aún, por algunos sectores de la Iglesia y de la sociedad colombiana.

Hay que dejarse llevar de la mano de Camilo Torres para sentarse a la mesa de acuerdos pero, sobre todo, como lo están planteando, sentar al pueblo colombiano y a su Gobierno a una mesa social de transformaciones en economía, ecología, democracia social y política, planes de desarrollo local y regional, desarme y convivencia ciudadana, entre otras.

Este sería el gran homenaje del Eln a quien legitimó sus ideales y la opción, en ese breve lapso de su vida, por la lucha armada. Al Eln Camilo le entregó su legado y se lo confió, con su muerte en las selvas. El Eln deberá devolverlo al modo de hoy, no de hace 50 años.

¿En qué estaría Camilo Torres en esta coyuntura?

Camilo hoy se la jugaría totalmente por el desmonte de la violencia insurgente, contrainsurgente, delincuencial y social, que se ha vuelto un “sistema de vida” para mucha gente. A pesar de su aceptación por vía sociológica del recurso a la fuerza de las armas, tenía claro, desde lo normativo, que “la violencia no puede justificarse desde el punto de vista moral”.

Me atrevo a decir que, ante la degradación, no solo del conflicto sino de la sociedad colombiana entera por este cáncer de la violencia, Camilo habría renunciado hace rato a la opción de lucha armada que lo arrastró desesperadamente. Y estaría diciéndole al Eln que estuvo allí con ellos para traerlos a la posviolencia, dejando el conflicto armado. Sería el desarme de Camilo y el regreso, por qué no, del Eln y sus afectos al frente social y político.

¿Qué tanto se ha avanzado en el diálogo con el Eln?

Conozco de alguna manera los “avances” y también los tropiezos en este camino del gobierno actual con el Eln. Sé que la Agenda tiene sus 6 o 7 puntos identificados, quizás aceptados por las partes. Sé que se han enfrentado problemas por todos ya más o menos conocidos. Pero es muy importante la exploración sobre una especie de “mesa social” que sigue abierta, con propuestas diversas para que este diálogo de la nación no sea apenas algo satelital de una mesa de negociación con el Gobierno. Y esto es bien valioso, pero nada fácil de concretar.

Pienso que va muchísimo más allá que una convención nacional de lo que se habló y se intentó en el pasado. Es la posibilidad de reeditar la palabra, la consulta, la propuesta, el acuerdo y la concertación con y entre distintos sectores de la sociedad y la comunidad internacional. Lo importante de todo esto es que el ideario del Frente Unido del Pueblo, como se fue concibiendo con Camilo, puede tomar ahora un giro de grandes confluencias hacia una coalición propaz, un consenso estratégico, con ideas, aportes y esfuerzos de todos los sectores del país.

¿El Gobierno ha subvalorado la importancia de este proceso?

No creo que lo subvalore. En gran medida es un proceso muy reprimido y estigmatizado en las décadas anteriores y, prácticamente, una quijotada “izquierdista” en un país ajeno al diálogo, a la participación libre y democrática, que valore realmente a toda su población, incluyendo sus etnias, sus culturas y territorios, su subsuelo, su ciudadanía, su civilidad y también sus raíces cristianas. Ahora se abre un espacio, y todos estamos llamados a ver más allá del Gobierno, más allá de La Habana o de una negociación con la guerrilla.

Ese más allá es la Colombia profunda, la Colombia hacinada en lo urbano, la Colombia del cultivo de drogas, del micro y macrotráfico; la Colombia que deberá sustituir cultivos en el campo y sustituir ingresos ilegales y criminales en las ciudades; la Colombia de la violencia, la injusticia, la corrupción, el clientelismo, la discriminación y la desigualdad.

En su encuentro con el Presidente, lo encontró muy receptivo…

Creo que el presidente Santos es la persona de estos tiempos que mejor comprende lo que es la tarea de la paz en Colombia. Al hablar con él queda esa clara sensación. Lo digo con la absoluta independencia que me caracteriza en materias partidistas y electorales. Mi diálogo con él y con la participación de uno de sus ministros y de un intelectual de la paz me animó a seguir con las gestiones de la Iglesia para el diálogo con el Eln y para la reintegración de Camilo Torres.

¿Conocía de la cercanía familiar de Camilo Torres con la familia Santos y el propio Presidente siendo adolescente?

No sabía que el Presidente, de niño, había sido “monaguillo” de Camilo en las misas. Al parecer hay una línea de parentesco entre las mamás de ambos. Eran, sí, muy amigas. Eso confirma que por origen social, burgués, y por su condición religiosa, sacerdotal y pastoral, sobre todo dentro de las universidades, Camilo Torres es figura-puente para reunir en paz a los colombianos.

En esto pienso que Cristo Jesús se vale de quienes hemos puesto nuestras vidas al servicio suyo, para alentar la evolución de las sociedades. Solo que sus medios y sus tiempos no siempre coinciden con los nuestros.

¿Cómo es recibido este tema dentro de la propia Iglesia católica?

Hay apertura en unos sectores, silencio absoluto en otros y rechazo velado y abierto en no pocos. Yo hablo de esto con tranquilidad en nuestras asambleas y comités episcopales y con mi clero, en las universidades y espacios sociales. Hay que salir del tabú, del mito, de lo prohibido, de la ideología que siembra pánico o fanatismo.

Hay que liberar a Camilo de esas cadenas que llevamos nosotros y que, paradójicamente, él reventó en su vida de hombre y sacerdote abierto a la libertad del Reino de Dios, que pone en cuestión nuestros ídolos y relativiza los poderes que esclavizan a las personas, que nos dividen entre amos y esclavos.

Su mensaje cristiano sobre la práctica del “amor eficaz” en lo político, con la aplicación de las 14 “obras de misericordia”, que emanan del Evangelio, su sentido de la unidad como piso espiritual y ético para asimilar la diversidad, su denuncia de la tiranía de los sistemas que, como diría dos años luego de su muerte el Celam en Medellín, se vuelve “violencia institucionalizada”.

La Iglesia trabaja, lucha por la paz. Quiere que todos en esta época seamos “artesanos del perdón, la reconciliación y la paz”, como reza un bello y reciente documento de la Conferencia Episcopal. Pero necesita también esta reconciliación hacia adentro y con la sociedad, esta reconciliación con la historia, esta sanación de su memoria atada al tabú del “cura guerrillero”, de los “obispos rojos”, de los “proterroristas” y demás.

Mediando las reflexiones y críticas necesarias, ¿sería partidario de restituir la dignidad de sacerdote a Camilo Torres?
Sí. Yo creo que la Arquidiócesis de Bogotá lo podrá considerar. La Iglesia y el mundo, cuando revisan el pasado para construir su futuro, tienen que revisar personas, su mensaje, su obra, su impacto. Y rehabilitarlos, si fuere del caso, reintegrarlos, reivindicarlos. Y aquí Camilo Torres es un gigante: no encaja entre los perpetradores de hechos violentos, de delitos de lesa humanidad, de terrorismo.

No encaja como victimario, pero los últimos meses, de 2 a 4, si mucho, los pasó en el monte con el Eln, y murió en una acción cuyo simbolismo aún está por ser establecido con mayor profundidad, pues pareciera más una obra de misericordia con un compañero que una acción de guerra con un adversario.

¿Espera que para el inicio de la negociación con el Eln la devolución de sus restos sea el primer hecho de paz con ese grupo?

Debo ser prudente, pero en cuanto a los restos, espero que sea así. Ni siquiera un ‘NN’ del conflicto, de la guerra, carga con tal suerte, pues ahora el Gobierno ha pedido ubicarlos, identificarlos y devolverlos a sus familias.

Le he dicho al doctor Ramón Fayad, de la Universidad Nacional, que espero celebrar la memoria de Camilo Torres el 15 de febrero con sus cenizas para que podamos sepultarlas en la capilla Cristo Maestro de esa institución, tan querida para él. Ello depende del avance de las gestiones habladas y ya anunciadas por el presidente Santos.

Espero que ese momento llegue…

Profesional en Estudios Políticos y Resolución de Conflictos (Univalle)

Señal Colombia emitirá el lunes 15 de febrero del 2016, a las 8 p. m., el documental ‘El rastro de Camilo’.

DIEGO ARIAS
Especial para EL TIEMPO
* Profesional en Estudios Políticos y Resolución de Conflictos (Univalle)
Señal Colombia emitirá el lunes 15 de febrero de 2016, a las 8:00 p.m., el documental 'El rastro de Camilo'.

En carta, pide al Presidente identificar y sepultar restos de Camilo Cali, octubre 25 de 2015

Excmo. Señor Presidente:

Con el respeto, la admiración y el aprecio por su compromiso y entrega personal al bien y a la paz de Colombia, le expreso una encarecida petición:

El próximo 15 de febrero del 2016 se cumplirán 50 años de la muerte del padre Camilo Torres Restrepo, en San Vicente de Chucurí, en un enfrentamiento del Eln con el Ejército Nacional. Habían transcurrido apenas algunos meses desde la vinculación del sacerdote, científico social, educador y líder popular, a las filas de esa organización subversiva.

Como obispo de la Iglesia católica en Cali y en el Valle del Cauca, me uno a quienes conmemoran el cincuentenario de Camilo y lo hacen como una memoria valiosa para el reencuentro y la reconciliación entre todos los sectores de la nación, encontrando en el legado de Camilo la virtud y el propósito de “la unidad, que es más que el conflicto” (papa Francisco), y que nos deberá hacer capaces de traspasar fronteras de credos, etnias, clases sociales, ideologías, partidos, heridas, odios y rencores, para pactar y construir una nación en paz y con justicia.

Usted, Señor Presidente, se ha manifestado sobre la restitución, no solamente de tierras, sino también de quienes han sido sepultados en el olvido, en la memoria prohibida y estigmatizada, en las tumbas ‘NN’, como signo de esta anhelada reconciliación.

Por ello le pido su colaboración para que, con las autoridades militares y los buenos oficios del alto Gobierno, los restos mortales del padre Camilo Torres Restrepo sean identificados, devueltos y sepultados cristianamente en un lugar de memoria abierta a todos.

Muchas versiones al respecto han circulado, sobre todo en vida del general Valencia Tovar, quien puso el candado del misterio, quizás con razones comprensibles, ahora injustificables, a la conexión entre la memoria viviente de Camilo y el duelo y veneración de allegados, amigos, compañeros, Iglesia y sociedad en general, por quien marcó tan significativamente la lucha creyente y social por una sociedad libre de la violencia y transformada con los valores cristianos.

Quedo atento a sus indicaciones sobre esta posible colaboración.

Hago votos de oración y de silenciosa ayuda para que el proceso de diálogo con el Eln, con las mesas de desmovilización y de participación de la sociedad, avance y engrose el caudal abierto ya hacia el fin del conflicto armado y la construcción social y democrática de la paz.

El cincuentenario de Camilo Torres y la restitución de su memoria, más allá de la estigmatización por la lucha armada que marcó solamente sus últimos meses de vida, impulsen estos propósitos tan nobles y apremiantes.

DARÍO DE JESÚS MONSALVE MEJÍA
Arzobispo de Cali
arzobispo@arquicali.org
Twitter: @arzobispodecali

http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/entrevista-con-monsenor-dario-de-jesus-monsalve/16492951
 

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