Estas mujeres se levantan a diario cuando las estrellas aún brillan en el cielo de la noche. Jackeline Medel, vendedora mayorista de EL HERALDO comienza su jornada a la una de la mañana, en el barrio Los Robles cuando eleva la primera plegaria del día a Dios.
Desde hace diez años Jackeline realiza este oficio, que con tesón y sacrificio le ha ayudado a sacar adelante a sus tres hijos. “Cuando comencé fue bastante duro, sobre todo por la madrugada”. Jackeline llega a las 2:00 de la mañana a reclamar sus periódicos y empieza a elaborar los despachos para los vendedores que dirige. “Ya cuando tengo todo listo me organizo aquí en mi pequeño escritorio improvisado ”, dice entre risas.
Un oficio para hombres. Esta rosa de la vida, con su expresiva sonrisa es una de las mujeres que se enfrenta a diario a una labor que en su mayoría es liderada por hombres. “A los dos meses cuando comencé pensé en retirarme, porque creía que no iba a poder por la presión del negocio”. El día de Jackeline es totalmente diferente al de una jornada normal “Mi labor trato de terminarla tipo nueve de la mañana para hacer mis diligencias personales. Hago el almuerzo y a veces duermo y a veces no puedo. Me veo el noticiero de las siete y trato de acostarme temprano porque tengo que madrugar”, sostuvo. En la actualidad, con cuarenta vendedores a su cargo, no se arrepiente de haber escogido este oficio. “Agradezco a Dios que se me haya cruzado en el camino la venta de periódico, porque todo lo que tengo hoy en día se lo debo a este negocio”.
En cambio, la vendedora Jenny Leal vive la venta del periódico en la calle. Desde hace veinticuatro años Jenny vende EL HERALDO en la esquina del centro comercial Gran Centro, de la calle 70 con carrera 53. Todos los días se levanta desde las tres de la mañana y sale del barrio El Bosque hasta EL HERALDO para recibir los periódicos y así poder llegar temprano a su puesto de trabajo. Esta entusiasta vendedora nunca pierde el sentido humor con sus clientes. Tiene seis hijos y dice, entre carcajadas, que ya no va a tener más porque “ya cerré la fábrica”. Los clientes que llevan años comprándole a Jenny, le hacen señales con las luces de sus carros o a veces le pitan y como ella conoce los vehículos, les vende el periódico y es tan profesional en su trabajo, que hasta lleva EL HERALDO a domicilio a las oficinas, si es necesario. Los clientes de Jenny pasan de generación en generación y de padre a hijo se trasmite la costumbre de adquirir EL HERALDO en la popular esquina de Jenny.
Por Lina Robles Luján
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