Crisis cafetera rima con apertura económica, con pesantez institucional e intereses creados enquistados en la Federación de Cafeteros.
Todo empezó en 1989 durante el gobierno Barco con la ruptura del Pacto Mundial del Café por presión norteamericana, cuando se dan los primeros pasos hacia la apertura gavirista, que golpearía a la economía nacional, caficultura incluida. Gaviria desmonta el Estatuto Cambiario, el célebre y fundamental Decreto 444 de 1967, aporte mayor de Carlos Lleras Restrepo al manejo de la economía. A su vez la Constituyente crea la Junta del Banco de la República en reemplazo de la Junta Monetaria que asumía la economía como un proceso integral donde la inflación era solo uno de sus componentes y no una variable absoluto, como sucede ahora.
Con la caída del Pacto se anunciaba un aumento de la competencia y de la productividad cafetera; rebajaría el precio para el consumidor, norteamericano en especial, como en efecto sucedió y mejorarían los ingresos de los productores, lo que evidentemente no se dio. El resultado fue la desorganización del mercado internacional, imponiéndose desde entonces la ley del sálvese quien pueda. Llegó la racha de los precios bajos, sin un Pacto para regularlos y evitar las sobreproducciones. Pacto que protegía los intereses de los productores, estabilizaba el precio internacional a la par que le aseguraba al mercado su oportuno aprovisionamiento. Todo ello es hoy un simple recuerdo.
Colombia ligó el precio interno del grano al internacional. Países que como Brasil y Vietnam protegen a sus caficultores desplazaron la producción colombiana, al punto que las exportaciones nacionales han disminuido en la tercera, mientras que vietnamitas y brasileños han triplicado sus ventas, con lo cual pudieron compensar la caída del precio. Dejar a los caficultores a merced de un mercado sin transparencia con producto que no se vende más por estar más barato, es una irresponsabilidad cuyo costo hoy pagamos.
Lo que se necesita y con urgencia es un rediseño institucional y de la política cafetera para desburocratizar y adecuar a las nuevas realidades a una Federación que hoy no tiene ni legitimidad ni representatividad frente a los productores cuyas fincas en un 80% tienen menos de tres hectáreas. La burocracia cafetera controla a la Federación y no se sintoniza con la dinámica actual del mundo cafetero y de las realidades en términos de posibilidades y desafíos, de nuestros caficultores, de una caficultura hoy acorralada pero con un gran potencial que dejó de reconocérsele en el marco de las decisiones nacionales.
Urgen políticas que les garanticen a estos pequeños caficultores sostenibilidad financiera, productiva y ambiental, donde la investigación es indispensable. El acompañamiento y asesoramiento técnico y social al productor, lo realizaron exitosamente los comités departamentales de la Federación, representado en el inolvidable profesor Yarumo. Comités que congregaban a los productores y eran los principales ejecutores de las inversiones sociales y de infraestructura física requeridas por un desarrollo territorial integral en cuyo epicentro estaba la familia cafetera. Los comités hoy son más importantes que nunca pero complementando sus recursos con otros provenientes de los presupuestos nacional y territoriales, coordinados bajo la lógica de la figura de los Convenios Plan, creados en el Plan de Desarrollo del Gobierno Santos.
El relanzamiento de la caficultura para dejar atrás decenios de crisis y de “no futuro”, requiere un sacudón a fondo de la Federación y del manejo de los recursos para la inversión cafetera ¿En qué quedaron los planes de diversificación con nuevas variedades en el pie de monte llanero, para ampliar la geografía cafetera del país? ¿Los estímulos a nuevas actividades productivas en las áreas cafeteras tradicionales?
El Fondo Nacional del Café debería operar como un fondo de estabilización del ingreso de la familia cafetera, al permitir estabilizar el precio interno, que ya no sería automáticamente el precio internacional, al blindarlo de los vaivenes internacionales, muchos de ellos coyunturales cuando no simplemente especulativos.
El Fondo Nacional del Café debería operar como un fondo de estabilización del ingreso de la familia cafetera, al permitir estabilizar el precio interno, que ya no sería automáticamente el precio internacional, al blindarlo de los vaivenes internacionales, muchos de ellos coyunturales cuando no simplemente especulativos.
La crisis no da espera. Es el momento del respaldo presupuestal inmediato. Con subsidios temporales, no permanentes, para capotear la emergencia y comprarle tiempo a los cambios de fondo a la política e institucionalidad cafetera. Es hora de dejar atrás la ingenuidad gubernamental que parece subestimar el impacto de una revaluación destructora de riqueza, alimentada por una minería desbocada, causante de la temida “enfermedad holandesa”. Crucemos los dedos para que la comisión creada por el gobierno en medio del paro no se limite a ponerle pañitos de agua tibia a un enfermo que lo que requiere es una cirugía mayor.
http://www.elespectador.com/opinion/columna-408697-crisis-cafetera-cirugia-mayor