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Cuando asoma el límite

By 31 de julio de 2014No Comments
Hace bien el presidente Juan Manuel Santos al recordarles a las Farc que la voluntad del Gobierno de alcanzar una salida negociada del conflicto no está, ni mucho menos, blindada contra los excesos y atropellos recientes de esta organización.

Hay que ser enfáticos en subrayar que el haber asumido el riesgo de dialogar sin un alto el fuego previo no debe implicar en ningún momento que crezca el margen de tolerancia ante los actos, por cierto, cada vez más violentos, cada vez más irracionales, de este grupo. Al contrario, es necesario, como sucedió el martes, hacerles ver que la disposición para alcanzar la paz por vía negociada tiene un límite.

Y este se hace visible luego de acciones como las perpetradas en los últimos días por dicha guerrilla, que, con el ataque a acueductos, el envenenamiento de ríos y selvas y la voladura de torres para dejar sin luz a toda una ciudad, parecería seguir una hoja de ruta para la violación sistemática, integral y continuada del Derecho Internacional Humanitario, y con la tarea de dejar claro a los colombianos, en particular a aquellos con más necesidades básicas insatisfechas, que los repudia.

Porque si algo une las acciones violentas recientes es el hecho de que sus principales perjudicados no sean precisamente los más pudientes, sino todo lo opuesto. Y aquí no se puede pasar por alto el informe de Human Rights Watch que denuncia múltiples atrocidades cometidas por las Farc contra la población de Tumaco, descrita en el texto como “una de las comunidades más vulnerables de Colombia”.

Por todo lo anterior, tiene que alarmar la actitud de los hombres de ‘Timochenko’ justo cuando la negociación entra en una fase que bien podría ser la recta final. A estas alturas, cuando se destapan las últimas cartas, las decisorias, el sentido común señala que, al comenzar a vislumbrar la posibilidad de regresar a la civilidad, esto es, a defender su modelo de sociedad con argumentos y no con ‘tatucos’ y pipetas, más inclinada debería estar esta guerrilla a los gestos contundentes de paz, sobre todo ante la perspectiva de que los acuerdos que se alcancen sean refrendados por los ciudadanos en las urnas.

Pero, al revés, lo que se observa es una actitud desafiante, insensata y soberbia, empezando por los pronunciamientos de su máximo comandante. Nadie en sus cabales entiende qué réditos busca sacar esta organización de tales desafueros. Es una soberbia que desconcierta, la misma que ha vuelto a esgrimir frente a las víctimas, pretendiendo vetar a aquellas que justamente más padecieron el rigor de sus excesos.

Es hora, pues, de que corrobore con actos sus pronunciamientos sobre la voluntad de terminar el conflicto por la vía del diálogo. Llegadas las cosas a este punto, ya debería estar labrando el camino hacia una nueva fase de su lucha, en la legalidad y sin las armas; pero preocupa mucho que el mensaje apunte en la dirección opuesta. Ahora, si lo ocurrido en estos días es obra de ruedas sueltas dentro de la agrupación, que sea el momento de que el país lo sepa y se decanten las tendencias en sus filas.

En suma, y como también lo precisó el Primer Mandatario, lo menos consecuente que puede hacer la insurgencia es emprenderla contra la población civil. Porque es inaceptable, desde luego, pero también porque se trata de la manera más expedita para diluir el respaldo ciudadano al proceso, elemento sin el cual la mesa quedará coja y será muy difícil que se sostenga.

www.eltiempo.com/opinion/editorial/editorial-cuando-asoma-el-limite-editorial-el-tiempo-/14324630
 

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