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Derechización

By 16 de septiembre de 2014No Comments
Por: Andrés Hoyos

Yo nunca hubiera pensado, por ejemplo, que Juan Lozano virara de manera tan marcada a la derecha y se volviera un enemigo jurado del proceso de paz.

Su tradición y su trayectoria daban para esperar algo distinto. Otro que anda explorando territorios reaccionarios que no solían ser los suyos es Mauricio Vargas. Y ni hablar de Salud Hernández o María Isabel Rueda. ¿Qué pasa? Supongo que dos son los factores en juego: unos de veras viraron a la derecha por convicción; otros simplemente ven un mejor futuro político en ese cuadrante.

Juan Manuel Santos definitivamente no es un presidente popular ni fácil de defender; al contrario, suscita odios con facilidad. El cambio que, según las encuestas, la ciudadanía le pedía antes de la reelección se ha dado con cuenta gotas. El Gobierno, quedó visto, es proclive a los nombramientos desconcertantes —el de Ernesto Samper en Unasur viene a la mente—, que tal vez le den gobernabilidad burocrática, pero que al mismo tiempo minan su popularidad y su gobernabilidad política. Se le abona al presidente que ande dedicado a explicar el proceso de paz, aunque ya en ello la fuerza y las habilidades exhibidas son parcas, de suerte que habrá que esperar hasta el final para ver si lo que se pacta puede ganar un referendo. Una cosa sí es segura: firme lo que firme Santos, la andanada de los furibismos contra lo acordado será tremenda. Entre otras, el avance más significativo en pro de la paz lo dieron la Andi y la empresa privada con su campaña “Soy capaz”, no el Gobierno.

Los dividendos de oponerse a las conversaciones de La Habana, o de cuestionar todo lo que de ellas se sabe, por cuenta de que, antes de firmar la paz, ¡persiste la guerra!, son considerables, y el premio ofrecido es muy atractivo, pues al menos un 45% del electorado está ubicado a la derecha del Gobierno. Así, la consecuencia más perdurable de las últimas elecciones, en las que el uribismo perdió por poco, podría ser la derechización del país.

Aunque el impredecible Petro, montado allá en su bólido egocéntrico y sobrecargado de cháchara, ayuda, puede afirmarse con certeza que esta derechización es el “logro” más claro de las Farc. Cada que sus dirigentes abren la boca, y peor aún, cada que su debilitado aparato militar comete un acto cruel, la lanza en el costado de la izquierda y del centro izquierda se hunde un poco más.

Piensan en la derecha que todas nuestras calamidades se deben a la proliferación de gentes malas y no entienden que el conflicto se reproduce silvestre en un entorno inequitativo. Cierto, por allá en el origen proliferaban ideologías perversas que escogieron la lucha armada en vez de la confrontación legal, pero luego la población se fue involucrando y hoy es imposible aclimatar la paz si no se siguen políticas sociales incluyentes y bien financiadas y si la representación política no se abre.

Pese a ser casi obvio, hay que decirlo: la derechización de un país tan desigual como Colombia no sería inocua a largo plazo, ya que no se sabe de ningún régimen de esa ideología que haya sido capaz —y valga la palabra en boga últimamente— de reducir la inequidad. Esta carencia, a futuro, abriría un boquete para que a un populismo antidemocrático de derecha, como el de Uribe, lo confrontara un populismo antidemocrático de izquierda, como tantos que se han visto últimamente en América Latina.

www.elespectador.com/opinion/derechizacion-columna-517116
 

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