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Después de la tormenta…

By 16 de septiembre de 2013No Comments

El culpable de los desmanes en el reciente paro campesino es, ‘de rebote’, el Gobierno. La protesta de los campesinos fue justa.

Después de la tempestad… quedan las inundaciones. El problema es complicado porque están de por medio los derechos de todos: los derechos de los campesinos, los derechos de los policías (que también son seres humanos; ¡vaya descubrimiento! Y tienen derecho a la vida y a la integridad), ¿los derechos?, de los vándalos y los del resto de la sociedad civil. La verdad es que el culpable de los desmanes ocurridos en el reciente paro campesino es, “de rebote”, el Gobierno. Si les hubiera cumplido a los campesinos, si no los hubiera abandonado, no hubiera habido paro ni, por supuesto, desmanes. La protesta de los campesinos fue justa.
 
Somos un país en el que las protestas degeneran en barbaridades y, si nos descuidamos, los violentos destruyen todo lo que encuentran a su paso ¿Qué se debe hacer ante los desmanes, qué debe hacer la Policía? ¿Responder con más violencia? Desde luego que no. Pero, ¿entonces? ¿Pararse ante los exaltados y decirles con cariño: “Papitos lindos, no hagan daño, pórtense bien, tómense juiciosos la sopita”?
 
Los juristas, los sociólogos, el Gobierno (¡por favor, el parlamento que no se meta, que ellos no hacen leyes justas ni coherentes!), los periodistas sensatos, la Policía, los defensores de los derechos humanos (de los derechos de todos, ojo) deben sentarse a ver cómo se resuelve el espinoso problema. Está claro que la Policía no debe cometer desmanes contra los amotinados, pero ¿estos tienen derecho a atacar, herir, matar, si se los deja, a los policías? Eso, desde luego, tampoco. ¿Entonces?
 
Es feo ver a policías abusando de los amotinados, pero también es feo ver a los policías arrinconados, dejando que los vándalos los ataquen, y si no se defienden con los escudos, los matan. Hay otro grupo, el mayoritario, que también tiene derechos. Los perjudicados en sus negocios, oficinas y viviendas que los bárbaros destruyen y saquean. Y el resto del país, que se siente ofendido, abofeteado en su autoestima al ver que los vándalos pueden destruir y acabar con todo y encima encuentran defensores “de los derechos humanos” que claman solo por ellos. Y no quiero que me entiendan mal: aquí en Colombia todos tenemos derechos, no solo unos pocos.
 
¿Qué hacer? Por lo pronto, castigar de manera ejemplarizante a los vándalos, castigos inolvidables, o sea que ellos no los olviden; a ellos se les deberían cobrar todos los destrozos. Pero no faltarán los abogados, esos especializados en demandar al Estado (cuyo dinero es de todos nosotros), que digan que, como el Estado abandonó a los campesinos y en definitiva tendría la culpa de los paros y desmanes, es el Estado el que debe pagar. A mí me duele cada vez, y prácticamente es cada día, que es demandado el Estado por fallos y omisiones y metidas de pata de sus mismos funcionarios, especialmente los de justicia; y se pagan, en consecuencia, millonadas que deberían ir a salud, carreteras, educación, infraestructura, etc.
 
Me ha tocado ver en estos últimos años, en mis viajes a España, cómo hacen esas multitudinarias manifestaciones, rabiosas contra el Estado por la situación económica y por el escándalo del PP y de Bárcenas, y gritan y hacen de todo, menos desmanes. Los admiro. ¿Cuándo lograremos eso, gritar, enfurecernos con causa justa, sin perjudicar a nadie, ni mucho menos a inocentes? Ya pasó la tempestad… ahora vienen las réplicas.
 
* * * *
 
Nada que ver. En el programa de los últimos viernes de mes en el Colegio Champagnat habrá conferencia y proyección de fotos sobre Dubrovnik, ciudad de Croacia, una de las más bellas ciudades amuralladas del mundo. Viernes 28 de septiembre, a las 7 p.m.
 

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