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Editorial: Educación e igualdad

By 8 de julio de 2013No Comments
Es hora de concentrar esfuerzos en mejorar no solo la cobertura sino la calidad de la educación, un reto determinante, que trasciende incluso los salones de clase.

Si en algún campo es determinante la diferencia entre el qué y el cómo es en la educación. En cuanto a lo primero, el qué, hay que reconocer los avances en cobertura que ha logrado el país en años recientes. En relación con lo segundo, el cómo, el panorama es menos halagador habida cuenta de la amplitud de las brechas por cerrar.

La más reciente quedó en evidencia al revelarse el índice de progreso de la educación superior, construido a partir de datos de 23 departamentos. Los resultados registran preocupantes diferencias entre Bogotá, que ha hecho la tarea en materia de calidad, acceso y número de matriculados que logran graduarse, y departamentos como La Guajira, Cesar, Caquetá, Sucre y Córdoba. Las regiones muestran un cuadro con muy pocos profesores con doctorado y un alto índice de deserción.

Por desgracia, no es esta la única distancia por cerrar si se revisan las cifras del sector. Está la que separa los resultados de los estudiantes colombianos de los de países del área en las pruebas Pisa, asunto tan preocupante como el contraste entre los alcanzados por alumnos de instituciones privadas y públicas en las pruebas de Estado.

Ante tal desafío, es buena noticia que el Ministerio de Educación ya haya emprendido acciones concretas. En lo que concierne a la educación superior, ya está en marcha una estrategia para mejorar la calidad con énfasis en las regiones. Aquí ya se ha logrado una ampliación de la oferta a 100 nuevos municipios, para un total de 783 de los 1.123 que tiene el país. Lo anterior ha permitido que el indicador en este campo aumente del 62 al 69 por ciento entre el 2010 y el 2012.

Al mismo tiempo, se ha previsto la creación de 191 centros regionales de educación superior con el objetivo de mejorar, además de la cobertura, la calidad en las zonas con panorama más crítico. Por otra parte, para reducir la distancia entre áreas rurales y urbanas se ha iniciado el programa ‘Todos a aprender’, que hoy llega a más de 2 millones de niños de grados cero a quinto de primaria, y a 22.400 instituciones educativas, de las cuales el 77 por ciento son rurales. La iniciativa también ha permitido que 3.000 maestros tutores, de comprobados méritos, acompañen a los maestros de estos menores en las aulas.

Es de esperar, pues, que pronto se vean los frutos de tal esfuerzo. No obstante, hay que advertir que en la formación de niños y jóvenes se requiere una sensibilidad especial a la hora de definir las pautas de la acción estatal.

Puesto de otra forma: no basta con la sola inyección de recursos y poner a disposición capital humano. El secreto está en poder determinar cuáles son las necesidades de cada población según sus particularidades. No existe aquí una fórmula universal. Todo lo contrario.

Hay que tener en cuenta, igualmente, que cualquier avance que se produzca en este terreno tendrá un impacto sensible en la reducción de la desigualdad. En la forma como está planteado el sistema educativo se refleja qué tan incluyente puede ser una sociedad.

Y es que el reto no puede limitarse a que cada vez sean más los colombianos que dominen ciertas competencias. Incluye la necesidad de abrir los espacios en que se imparte la educación de primer nivel. Es necesario hacer más porosos los muros entre ambos ámbitos.

Se trata, desde luego, de cerrar las brechas existentes, pero este esfuerzo tiene que conducir a una sociedad mucho más igualitaria. De lo contrario, puede ser en vano.

www.eltiempo.com/opinion/editoriales/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12919773.html
 

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