Grandes retos le esperan al nuevo Fiscal General. Entre ellos, su papel para la construcción de paz.
A primera vista, el principal reto que deberá enfrentar Néstor Humberto Martínez, que hoy asume el cargo de Fiscal General de la Nación, es el de garantizar que la entidad a su cargo sea una rueda armónica y efectiva en el engranaje de la paz. Y aunque es cierto que son muy altas las expectativas que existen sobre el rol que le corresponde al ente acusador de alimentar la jurisdicción especial para la paz, su papel en la construcción de la paz es de mucha mayor envergadura y a él están atadas todas las demás metas para los cuatro años que estará en el cargo.
Se trata de darle un vuelco a la entidad para que esté en capacidad de ofrecerles una respuesta satisfactoria a todos los ciudadanos que recurran a ella en busca de justicia, pero también para que a los procesados se les garanticen sus derechos y las investigaciones de las que son objeto se desarrollen bajo los consabidos preceptos de rigor e imparcialidad que se esperan de la justicia.
Para ser claros: la Fiscalía afronta un momento particularmente difícil de su historia. Su credibilidad está menguada por su ineficiencia, por algunos escándalos en materia de contratación y por la tendencia reciente de sus cabezas a ser actores protagónicos del tejemaneje político, entre otras razones.
Cuando tales males afectan al vital ente del que depende poner a buen recaudo a quienes violan la ley, es muy difícil aspirar a que pueda ganarse la confianza de la gente, sobre todo en aquellas regiones en las que la ausencia del Estado ha sido la constante. Las mismas donde se jugará el éxito del posconflicto. Por eso decimos que, sin una Fiscalía robusta, eficiente y eficaz, la consolidación de la paz estable y duradera queda en entredicho.
La hoja de ruta para remediar dichos males es bien conocida. Necesita que las investigaciones se basen en algo más que testimonios, que incluyan pruebas recopiladas con rigor; que los ciudadanos encuentren en las Unidades de Reacción Inmediata una atención digna para acabar de una buena vez con el desasosiego que experimenta todo aquel que hoy intenta denunciar un delito del que ha sido víctima, y encontrar herramientas más efectivas que efectistas para contrarrestar el accionar de las grandes redes del crimen organizado: minería ilegal, narcotráfico, trata de personas, entre otras.
Así las cosas, mucho deberá trabajar el nuevo Fiscal con su equipo para lograr que en poco tiempo la Fiscalía sea noticia menos por las polémicas de ocasión o por errores en su labor y más por su capacidad para cumplir con las tareas que la Constitución le asigna.
Como ya se dijo desde estos renglones, la trayectoria de Néstor Humberto Martínez aporta suficientes razones para ser optimistas sobre las capacidades que posee para cumplir con tan exigentes desafíos. Y así como tiene la obligación de continuar con lo que hizo bien Montealegre, sería imperdonable que no tomara atenta nota de todo aquello que empañó su período.
Hacerles el quite a reflectores y micrófonos, por ejemplo. Mantenerse al margen de la milimetría política, también. Y es que, dadas las cosas, que la suya sea una gestión memorable, más que deseable, es, a estas alturas, necesario.
http://www.eltiempo.com/opinion/editorial/el-fiscal-martinez-editorial-el-tiempo/16660731