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Educando para la posguerra

By 1 de agosto de 2013No Comments

Desde 2002 se han creado en el país más de 20 escuelas para la superación del conflicto. ¿Cómo funcionan? Los mejores rectores del mundo visitaron Colombia y se sorprendieron al conocerlo.

“Creemos que no sólo los países con más dinero tienen respuestas sobre hacia dónde debe ir la educación. En Colombia existen iniciativas dignas de admirar y replicar: este país es muestra de la recursividad con la que las naciones en vía de desarrollo afrontan sus dificultades”, dice Margarita O’Byrne Curtis, rectora de la Deerfield Academy, uno de los colegios más prestigiosos de los Estados Unidos.
 
Curtis es también la coordinadora del seminario internacional Global Connections, que hace unos días reunió a 30 de los mejores rectores del mundo en Colombia. Cada año los educadores se citan en un lugar del mundo distinto para conocer propuestas educativas locales exitosas.
 
Esta vez el eje de la reflexión fueron las escuelas de paz. Laboratorios que desde 2002 se han creado en distintos lugares del país con el fin de preparar el terreno para cuando el conflicto armado termine.
 
¿Pero cómo funcionan estas escuelas? ¿Por qué para muchos colombianos son invisibles?
 
“Lo que ha pasado en el campo, tanto la guerra como las iniciativas de paz, ha sido muy invisibilizado en las urbes”, dice Marco Fidel Vargas, investigador y educador del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) y de la Red de Programas Regionales de Desarrollo y Paz (Prodepaz), antes de pararse al frente de rectores de Nueva Zelanda, India, Sudáfrica y Canadá para explicarles cómo nació la primera de estas iniciativas hace 12 años: el Laboratorio de Paz del Magdalena Medio.
 
Vargas, uno de los educadores que mejor conocen de qué manera la guerra ha roto los tejidos sociales, les contó cómo la posición estratégica de esa región y su riqueza ambiental y cultural la convirtieron en un lugar propicio para que durante años todos los actores armados del conflicto quisieran hacerse al control de ese territorio.
 
“El informe de Memoria Histórica nos acaba de entregar un panorama: la guerra en Colombia ha dejado 200.000 muertos, de los cuales 180.000 son civiles. Cuando comenzamos a pensar estrategias para caminar hacia la paz, la educación era un tema relegado. Luego comprendimos que sólo si les enseñamos a quienes padecieron el conflicto —y a sus hijos— que la paz surge de la reconciliación y la convivencia, podemos preparar un terreno para cuando el conflicto termine”.
 
Durante los últimos 10 años se han abierto en el país más de 20 espacios de formación, donde niños, jóvenes, adultos y ancianos intentan recuperar la confianza, reconstruir el tejido social y hallar vías alternativas para la paz, en medio del conflicto. Acompañadas por profesionales, las comunidades proponen y conforman espacios de encuentro para elaborar duelos, reconstruir el tejido social e idear estrategias para el mejoramiento de sus condiciones socioeconómicas y culturales.
 
El objetivo de estos procesos es empoderar a los pobladores para construir futuros actores sociales y políticos capaces de hacer valer sus derechos y para que se conviertan en sujetos participativos, explica Vargas.
Pero el académico está convencido de que existen dos grandes problemas de la sociedad colombiana actual que van en contravía de la anhelada reconciliación: la cultura de la exclusión y el amor desbordado por el dinero. “Poderosos líderes políticos, enmarcados en los valores de tradición, continúan motivando el odio por las diferencias. Si no respetamos al otro por ser pobre, o por negro, o por indígena, o simplemente por pensar diferente, será muy difícil construir país”.
 
“Garantizar la educación no es sólo garantizar que todos los niños estén matriculados en colegios. Éste no es un país común. En el campo se ha vivido la cultura de la guerra y Colombia necesita abonar un terreno para la paz formando ciudadanos capaces de reconciliarse, respetar la diferencia, dialogar, construir en comunidad. La paz no va a llegar después de la firma de un acuerdo; vendrán años difíciles y para afrontarlos necesitaremos un ejército de gestores de paz. La pregunta es si en el modelo educativo actual que hay en el país se está contemplando la formación de estos ciudadanos. Yo creo que falta mucho”.
 

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