Por: Cecilia Orozco Tascón
El asesinato del abogado Ignacio Londoño Zabala tiene tanto de largo como de ancho y sucede en un momento de disputas locales por las elecciones de octubre, y de aceleramiento del proceso de paz: no hay que desconocer el contexto político regional y nacional para acertar en las hipótesis que conducirían a explicar ese crimen o, por lo menos, para evitar caer en unas conclusiones que, desde ya, se sueltan por ahí con una ligereza desconcertante y sin esperar, siquiera, a que los investigadores recojan las primeras pruebas.
La desaparición de este extraño abogado, hijo de exparlamentarios y apoderado de narcos, no solo ‘beneficiaría’ a un grupo visible de la sociedad, presunto responsable de un magnicidio – como algunos pretenden -. Si nos atenemos a la historia real y no a las leyendas, la muerte de Londoño les sirve a muchos universos criminales, la mayoría de los cuales nació, precisamente, en la localidad en donde se produjo el homicidio: Cartago.
Londoño Zabala era hijo de Ignacio Londoño Uribe, jefe liberal de esa zona del país de la que fue personero y concejal para llegar, después, a ser presidente de la asamblea departamental y congresista durante 24 años. La madre del asesinado, Jesusita Zabala, era tan popular como Londoño Uribe y fue, igualmente, senadora a nombre del liberalismo. Cartago, Valle del Cauca, ha sido, por décadas, la sede de tenebrosos carteles mucho más peligrosos, asesinos y autores de masacres que los de Medellín y Cali pero con menor visibilidad.
En Cartago estuvieron, vivieron o hicieron sus negocios turbios entre otros, los clanes de “el Alacrán”, Patiño Fómeque, Iván Urdinola, los Henao, los Grajales, don Diego, su enemigo “Jabón” y sus sucesores. Nació y creció en Cartago el lugarteniente de algunos de los anteriores, Hernando Gómez Bustamente, alias “Rasguño”. Este, con afectos en el partido Conservador – como Pablo Escobar y los Rodríguez Orejuela los tuvieron con el liberalismo -, pasó a ser líder de la mafia y a manejar con dinero a los políticos locales de las colectividades de sus preferencias, a través de su jefe de sicarios Ariel Rodríguez, alias “El Diablo”, quien logró ser, él mismo, concejal; llevar a la Cámara a su esposa, Nancy Montoya, y elegir también en el Congreso a Luis Carlos Restrepo Orozco, condenado, después, por narcopolítica.
“Rasguño”, hoy en una cárcel de Estados Unidos y “el Diablo” – asesinado en 2004 y cuyo cuerpo fue destruido con ácido – se conocieron en Cartago con Ignacio Londoño Zabala y después se enfrentaron con él, en una de las campañas para la alcaldía desde donde se manejan miles de millones de pesos en contratación pública. Londoño les ganó en aquella ocasión por interpuesta persona y “Rasguño” nunca lo perdonó. Londoño, ahora, pretendía ser él mismo, el mandatario local: ayer se iba a inscribir por firmas y se daba por seguro ganador ¿Se lo iban a permitir? Londoño Zabala, además de su vena política, tomó la opción de ser – teniendo otras mil oportunidades – el apoderado de mafiosos de la talla de los mencionados arriba, y de alias “Comba” de quien habría sido su intermediario ante el gobierno Santos para su rendición; y, como si no estuviera suficientemente arrimado a la candela, del hácker Sepúlveda que andaba confesando cómo se manejó la campaña presidencial uribista; y del coronel ® de los falsos positivos González del Río. En suma, Londoño Zabala no pudo acumular más peligros a su alrededor porque no tuvo tiempo extra ¿Cuál de estos le costó la vida? El que desenrede ese ovillo, podría lanzar una teoría. Mientras tanto, lo que se diga, es simple osadía.
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