Habla con la calma de quien no tiene en sus hombros el peso de proteger a tantas personas.
Andrés Villamizar se convirtió en el director de la Unidad Nacional de Protección (UNP) casi sin darse cuenta. Trabajaba en la campaña (2010) de Germán Vargas Lleras a la Presidencia de la República y ante la derrota, tenía planeado regresar a Estados Unidos para terminar una maestría sobre seguridad que había dejado en veremos. Pero Vargas Lleras fue nombrado Ministro del Interior y llamó a Villamizar para que ocupara el cargo deSubdirector de Seguridad y Convivencia ciudadana de dicha cartera. Villamizar aceptó. Y de ahí, tras la eliminación del DAS y la creación de la UNP, le dieron el cargo de director de esa unidad.
Tenía la experiencia para hacerlo, dice. Había trabajado siempre en el sector público y los temas de seguridad eran su especialidad. Sin embargo, el cargo lo sorprendió. El volumen de peticiones de personas en busca de protección superó su cálculo. “No imaginé la importancia que este tema tiene para los colombianos”, dice. Pero, poco a poco, se fue acostumbrando. Tanto, que decidió convertir su cuenta personal de Twitter (@Villamizar) en una herramienta para recibir casos y depurar otros.
A simple vista, siempre anda con dos celulares. Mientras habla en uno, chequea de reojo qué notificaciones le han llegado en el otro. Trata de no desviar su atención en eso, pero si lee algo extraordinario, interrumpe.“¡Mataron a unos funcionarios de migración en la Guajira!”, exclama y suspende el diálogo para explicar que la situación en esa región es una de las que más le preocupa. Pero no es la única. Tiene protegidos en todo el país.
Villamizar siempre ha estado familiarizado con el tema de la inteligencia, de los guardaespaldas, de la seguridad. Su papá Alberto Villamizar (primer zar antisecuestro de Colombia y exembajador en varios países) sufrió un atentado en el 86 y su mamá Maruja Pachón, hermana de Gloria Pachón viuda de Luis Carlos Galán, fue secuestrada en el 90.Su papá fue el único que logró enfrentar cara a cara a Pablo Escobar para lograr que su esposa fuera dejada en libertad.
Por eso, desde pequeño, Villamizar supo qué era eso de andar con gente de seguridad a su lado. Sin embargo, y pese a su cargo, hoy solo cuenta con dos guardaespaldas. Pocos, comparados con algunos de sus protegidos que cuentan con más de 30.
“Hay gente que lleva más de 10 años con el esquema”, señala. Y cada uno vale 20 millones de pesos mensuales. En la actualidad, según revela Villamizar, 7.500 personas tienen protección por parte de la unidad. La mitad de las que pretenden recibir el beneficio al año.
A Villamizar lo ha sorprendido ver el alto número de personas que quieren tener carro blindado y guardaespaldas. Al año, la unidad recibe en promedio 15 mil solicitudes. “Hay muchos que piden protección y no la necesitan”, cuenta. Y recalca que otros sí la requieren pero no es la UNP la encargada de solucionarles su situación de riesgo. Villamizar recuerda que, según la Ley 418 de 1997, hay grupos a los que no es obligación que la unidad proteja. Actores, por ejemplo. Y cuenta, con un poco de gracia, cómo algunos, protagonistas de las telenovelas de más audiencia en la televisión nacional, lo han buscado para pedir escoltas porque, según ellos, los personajes que interpretan generan amenazas y los ponen en riesgo.
Pero los artistas no entran dentro de las categorías que son prioridad para la UNP, según la norma. Y la atención se concentra en dirigentes políticos, activistas, periodistas, miembros de ONG, organizaciones campesinas y líderes de oposición.
Uno de los grupos más grandes es el de periodistas. En total 90 reciben protección. La mayoría están en zonas apartadas.
Villamizar habla con tranquilidad. Quien lo escuche no pensaría que sobre sus hombros recae la seguridad de tanta gente. Dice que pocos casos se le han salido de las manos. Solo dos personas que han estado bajo su esquema han muerto. “Una de ellas, la líder Angélica Bello. Pero se trató de un suicidio. La otra era una víctima de Bello (Antioquia) que después de que los escoltas lo dejaron en su casa, unos hombres de la banda ‘Los Triana’ se hicieron pasar por policías, entraron a su vivienda y lo mataron”, relata.
En total se han registrado nueve atentados a nueve de sus más de 7.000 protegidos. Uno de esos de gran connotación nacional, como el de Fernando Londoño en mayo del 2012. Allí murió uno de los escoltas contratados por la UNP.
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Por su trabajo lo han amenazado. “A veces algunas personas que quieren medidas de seguridad me mandan mensajes diciéndome que si les pasa algo es mi culpa. Víctimas de extorsión, de maltrato familiar, que no entran dentro de ninguna de las categorías”, cuenta.
Y también lo han denunciado. “Ante la Fiscalía tengo denuncias por casos a los que se ha negado seguridad. Las personas no saben que no soy la única persona que decide quién recibe esquema o no. Conmigo hay un equipo en donde participan todas las instancias del Estado (…) yo no digo a este sí a este no”, cuenta. Pero lo que sí depende directamente de él es el trámite para que se atienda un caso más rápido que otro. “Hay procesos que, por lo grave, deben ser inmediatos, yo los miro y analizo si no da tiempo para hacer un estudio largo y tienen que ser atendidos de una vez”. Al día puede firmar de cinco a seis de este tipo de trámites.
El desgaste en los estudios de riesgo es alto. En promedio se demora 30 días hábiles (varía de acuerdo a la zona) y al Estado le cuesta cerca de 1 millón y medio de pesos. Por eso, por la alta suma de dinero que representa, Villamizar confiesa que muchas veces se ve limitado y tiene que insistir con el traslado del dinero que se hace a través del Ministerio de Hacienda. Ahora está esperando 100 mil millones de pesos.
“Un año después de que se otorga la protección, se hace una evaluación para saber si se le retira o no. La gente se niega a quedarse sin carro, chofer, gasolina. Muchos porque sienten que aún están en riesgo y otros porque están acostumbrados”, cuenta Villamizar.
Otro de los ‘líos’ a los que se enfrenta Villamizar es el de prestar ayuda a personas que están siendo investigadas o de dudosa reputación. “Otra de nuestras consignas es creer en la inocencia de la gente hasta que la justicia demuestre lo contrario”, cuenta. Y ahí recuerda el caso de José Crisanto Gómez, el hombre que acaba de ser condenado a 33 años de cárcel por el secuestro del hijo de Clara Rojas, y que hasta hace poco contaba con seguridad. “Cuando conocemos que se libra orden de captura contra alguien, quitamos el esquema”, señala.
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Andrés Villamizar trata de no desconectarse. Sabe que en cualquier momento habrá una solicitud, una queja, una alerta. Como pasó con el caso de León Valencia, Ariel Ávila y Gonzalo Guillén, cuando le llegó información sobre un sicario que estaba en Bogotá con el objetivo de matar a esos tres de sus protegidos.
“Lo sabía desde el viernes, pero después de discutirlo con el alto Gobierno y los implicados en el tema, decidimos que lo mejor era darlo a conocer en un momento en el que hay bastante flujo de personas en redes sociales”, confiesa. Y supo cómo hacerlo, la noticia se disparó en pocos minutos y al día siguiente fue tema en la radio.
Muchos ven ese tipo de interacción directa, sin intermediarios y sin jefe de prensa como la típica de un político. Andrés Villamizar lo reconoce, pero niega que por ahora tenga pretensiones de ese tipo. Su último intento fue cuando se lanzó a la Cámara por el partido Liberal (2006) y se quemó.
“Sé que me faltó ser más conocido. Ese fue el error”, señala. Pone como ejemplo lo que ha sido la carrera de sus primos Juan Manuel, Claudio y Carlos Galán. “Ellos han tenido más éxito en el tema electoral. Yo me he ido más por el lado del ejecutivo”. Pero no descarta que en el futuro vuelva a lanzar su nombre a las urnas. Su cercanía con Germán Vargas Lleras lo llevaría a una nueva contienda electoral. “Si él me llegara a pedir que lo volviera a acompañar en un proceso político, lo consideraría”, confiesa.
No está casado ni tiene hijos. Se la pasa más en su oficina, ubicada en un moderno edificio en la Avenida 26, que en su casa. Es fanático de los perros. Y de las pocas veces que salta el protocolo y replica un mensaje en Twitter es porque se trata de algún tema que tiene que ver con perros. “Tenía dos hasta hace poco, pero uno se enfermó y me quedé con un pequeño Schnauzser”, cuenta.
Villamizar no sabe cuánto tiempo más estará como director de la UNP. Ha sido, desde el 2010, la única cabeza de la entidad. Su nombre ha empezado a ser familiar últimamente y él sabe que mientras permanezca ahí podrá ganar popularidad, esa que en el 2006 le faltó para llegar al Congreso, pero que esta vez le podría dar un empujón para los planes (muy lejanos, insiste en decir) como candidato al legislativo.
Sally Palomino C.
Redacción ELTIEMPO.COM
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