Jaime Aguilar Ramírez fue capturado en la vía a Villavicencio cuando se movilizaba en una Hummer.
La camioneta Hummer frenó en seco. A escasos cinco metros, un vehículo blindado se apostó en medio de la carretera para impedir su paso; otro se hizo detrás. De los vehículos bajaron ocho investigadores de la Policía que portaban armas automáticas. Uno de ellos tenía en sus manos una orden de captura expedida por un juez de Control de Garantías, solicitada por la Fiscalía.
Jaime Aguilar Ramírez, alias ‘Dionisio Rayo’, respiró hondo, cogió el maletín y el BlackBerry que llevaba en el asiento del pasajero, abrió la puerta del vehículo y se bajó. Uno de los agentes le solicitó la cédula. Aguilar la sacó del bolsillo de la camisa, recitó el número de identidad que se aprendió de memoria, 93.348.818, y aseguró que era natural de San Antonio (Tolima). Les dijo a los investigadores que hacía parte de la banda criminal de alias ‘Pijarbey’, un jefe paramilitar de los Llanos Orientales, y que tenía afán por llegar a una reunión en Villavicencio (Meta); luego les ofreció 30 millones de pesos para que lo dejaran ir.
“Usted no se llama José Libier Muñoz Vera. Su verdadero nombre es Jaime Aguilar Ramírez, es integrante del frente 53 de las Farc y tiene un hermano guerrillero que fue extraditado a Estados Unidos”, le dijo el agente.
El hombre guardó silencio por unos minutos. El oficial que estaba al mando de la unidad élite recibió en su teléfono celular varias fotos del jefe guerrillero para confrontarlas. Aguilar le pasó a uno de los investigadores su maletín, en el que había un par de botas de caucho, dos pantalones, dos camisetas y artículos de aseo personal. En su celular tenía los números de dos contactos.
“Yo sé que ustedes saben quién soy. Ya perdí, me voy a podrir en una cárcel”, expresó Aguilar.
Esto sucedió a fines de marzo pasado. Dos días antes, el hombre salió de la zona rural de El Castillo (Meta) con dos milicianos que le servían de escoltas, que lo llevaron a una vivienda donde residían dos ancianos. Luego siguió su camino bordeando trochas y fue dejado en la vía que de esa población conduce a Villavicencio. Los milicianos le entregaron 30 millones de pesos y la cédula falsa. Allí tomó la camioneta Hummer de placas BYR 804 y, por orden de José Sierra Sabogal, alias ‘Aldínever’ o el ‘Zarco’, comandante del frente 53, las Farc movilizaron cuatro vehículos que se desplazaron por la vía para alertarlo sobre los puestos de control de la Policía o el Ejército.
“Un informante nos alertó de que un jefe guerrillero, conocido como ‘Dionisio Rayo’, se movilizaba en una Hummer color gris arena, que se dirigía a Villavicencio. Desplazamos varias patrullas encubiertas a lo largo de la carretera para ir controlando sus movimientos y esperar el momento oportuno para capturarlo”, dijo el oficial de la Policía.
La Hummer llegó a San Martín (Meta) y empezó a dar vueltas por sus calles. En varias ocasiones Aguilar se estacionó para confirmar si era objeto de seguimientos y emprendía de nuevo la marcha. Dio varias vueltas por el parque central y siguió la ruta hacia la entrada principal del municipio.
“Nuestra preocupación era que nos detectara, porque sabíamos que podría bajarse de la camioneta y lo perderíamos en cualquier barrio de San Martín. Lo seguimos todo el tiempo con varias patrullas”, anotó.
Los investigadores de la Dijin sabían que el jefe guerrillero era un pez gordo de las Farc. Aguilar ingresó en febrero de 1985, a los 21 años, fue comandante del frente 26 y se especializó en el manejo de explosivos, conocimientos que impartió en la escuela de explosivistas creada por el ‘Mono Jojoy’ en la zona de distensión, durante los diálogos de paz con el gobierno del presidente Andrés Pastrana.
En el 2006 fue nombrado asesor político del ‘Zarco’ o ‘Aldínever’ y desde ese año fue el encargado de la escuela de instrucción política marxista-leninista del bloque oriental, que dirige ‘Mauricio, el Médico’, quien reemplazó al abatido ‘Mono Jojoy’ en la jefatura de esa estructura militar.
‘Dionisio Rayo’ es hermano de Gerardo Aguilar Ramírez, alias ‘César’, el jefe del frente primero de las Farc, a quien el Ejército le arrebató en julio del 2008 a 15 secuestrados, durante la operación Jaque, entre ellos a Íngrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses, siete soldados y cuatro policías. ‘César’ fue extraditado a Estados Unidos en el 2009 y se encuentra detenido en una cárcel por el secuestro de los tres contratistas.
“Interceptamos las comunicaciones de los radiooperadores del frente 53 –aseguró el funcionario policial– y nos enteramos de que ‘Dionisio Rayo’ tenía como destino Bogotá. La fuente que nos informó del recorrido dijo que el secretariado autorizó su viaje para que se operara de una hernia que sufre en la columna vertebral. Iba a estar dos días en Villavicencio y seguiría en la Hummer hasta Bogotá, donde recibiría 200 millones de pesos para la operación y el tratamiento.
Después de su captura, durante las entrevistas con funcionaros judiciales, Aguilar confesó que estando en Bogotá tomaría un avión hacia Cúcuta, donde sería contactado por guerrilleros del frente 33 que dirige Rubén Zamora, uno de los negociadores de las Farc en La Habana, quienes le ayudarían a entrar por tierra al estado Zulia (Venezuela), donde se internaría en un hospital para ser operado de la columna.
Una vez leídos los derechos del capturado, el ideólogo y político del frente 53 fue ubicado en la parte de atrás de la lujosa camioneta en cuyo asiento había un casco de motociclista. El oficial a cargo del operativo solicitó refuerzos a la Policía Meta y la ubicación de retenes a lo largo de la vía a Villavicencio. Allí un comando táctico de unidades élite se preparaba para escoltarlo hasta Bogotá.
“Al principio no creyó que éramos policías –aseguró el oficial–. Pensó que pertenecíamos a la banda criminal Erpac, la misma que está en guerra con el bando de ‘Pijarbey’. Se tranquilizó cuando vio que nos identificábamos en los puestos de control.
Llegando a la capital del Meta, los agentes de la Dijín pararon en un restaurante para almorzar. El jefe guerrillero bajó con ellos, se sentó en una mesa y, como cualquier comensal, pidió una hamburguesa con doble queso y una gaseosa.
“Es la primera vez que me siento a comer en la ciudad –les dijo a los agentes–. Hace 12 años no salía del monte, todo ese tiempo lo he pasado en la selva, leyendo, dando cursos de política y de explosivos. Me gusta leer mucho de economía y política internacional”.
La última vez había sido en 2002, en Bogotá, en la primera semana de agosto. Según las investigaciones de la Unidad Antiterrorismo de la Fiscalía, fue él quien coordinó el ataque con morteros contra el Palacio de Nariño, el 7 de agosto de ese año, durante la primera posesión del presidente Álvaro Uribe.
Debido a fallas en el mecanismo de lanzamiento, varios de los proyectiles cayeron en viviendas y calles del sector del Cartucho, hoy parque Tercer Milenio, y provocaron la muerte de 21 indigentes y dejaron a 59 más gravemente heridos.
La operación ‘Antonio Nariño’ fracasó. Aguilar fue sacado de Bogotá y regresó a las selvas de Uribe (Meta). Su nombre apareció en el radar de los organismos de inteligencia cuando lograron identificar a los autores materiales de los atentados, a través de la inmobiliaria que había alquilado las casas desde donde se ejecutaron los ataques.
Durante el rastreo de los correos hallados en los computadores del ‘Mono Jojoy’, recuperados en el campamento donde murió en la serranía de La Macarena (Meta), durante la operación Sodoma, los investigadores encontraron las instrucciones que en el 2009 el jefe del secretariado le dio a ‘Dionisio Rayo’ para preparar atentados terroristas, aprovechando su experiencia y conocimientos como explosivista: “ ‘Dionisio Rayo’ es el comandante e instructor de la compañía que estamos preparando para acciones en carreteras, pueblos, zonas suburbanas y ciudades, sabe de un proyecto de ‘Óscar’ (el ‘Paisa’) para darle al del poncho (el presidente Uribe), el daño que hace es grande”.
Luego de cuatro horas de viaje hacia Bogotá, Aguilar fue puesto a disposición de los dactiloscopistas de la Dijín para verificar sus huellas digitales y confrontarlas con las de su tarjeta decadactilar, cedida por la Registraduría Nacional.
Mientras estampaba las huellas de sus dedos, se quejó: “Para qué gasto plata en un abogado, si sé que voy derecho para la cárcel. No hay salida”.
“Pero andaba en una Hummer de 300 millones de pesos”, le dijo el investigador.
El guerrillero, que afronta ocho procesos judiciales, solo atinó a decir: “Eso de nada me sirvió, me espera la cárcel”.
‘Rayo’ fue quien organizó el ataque contra Palacio
Escondido en una casa, a solo tres cuadras de la sede presidencial y con un radioteléfono en la mano, Jaime Aguilar ordenó lanzar 13 granadas desde rampas empotradas en una casa del barrio Santa Isabel, con dirección a la Casa de Nariño. Uno de los proyectiles explotó en la parte externa del Palacio y dejó heridos a cuatro policías de seguridad de la sede. Cuatro horas antes del ataque contra la Casa de Nariño, varios artefactos explosivos fueron lanzados desde una casa del barrio Pontevedra contra las instalaciones de la Escuela Militar de Oficiales del Ejército José María Córdova, en el noroccidente de la ciudad.
Los ensayos del atentado se realizaron en las selvas del Guaviare, bajo la supervisión de Carlos Antonio Lozada, jefe de la red urbana Antonio Nariño, que operaba en Bogotá.
JOSÉ GREGORIO PÉREZ
Especial para EL TIEMPO
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