El académico Manfredo Koessl, analiza las bases y redes de apoyo que tuvo este grupo contrainsurgente. Señala que pueden ser una amenaza para el éxito del proceso de paz.
Uno de los grandes desafíos del proceso de paz con las Farc será el garantizar que su desarme no genere la vulnerabilidad de los reinsertados a la vida civil o de los actores políticos y sociales por la amenaza del fortalecimiento de los grupos paramilitares, que es real y concreta, ya que las bases que le dieron soporte, pueden ser reactivadas.
Porque hay que destacar que modificar, desde los comunicados oficiales, su nombre y denominarlos “neoparamilitares”, “bandas Emergentes” o “Bacrims” no acredita el éxito del proceso de desmovilización de las Auc. Los paramilitares siguen actuando, con otras tácticas, con otros nombres e interacciones, pero no han desaparecido del Espacio Social.
Si bien el Estado debería garantizar la integridad física de sus habitantes, es conocido que no puede, por sí mismo, cumplir con ello, ya que necesita del apoyo de otros actores importantes para que se pueda materializar los acuerdos. Por tal motivo, resulta de suma importancia analizar el contexto y los apoyos que tuvieron los paramilitares, para así evaluar las posibles estrategias que impidan la frustración del proceso de paz.
En tal sentido, debe tenerse en cuenta, que los paramilitares no viven aislados de la realidad colombiana, ni han surgido por imposición externa, son jugadores del campo construido históricamente en el que nacen y, a la vez, contribuyen a conformar.
Para delimitar al paramilitarismo se observa que no es posible circunscribir exclusivamente el concepto a los “alzados” en armas. Toda la estructura-contexto debe ser tenida en cuenta, lo que incluye redes civiles, políticas y económicas.
Extensión del término “paramilitar”
Se observa así, que, por cada paramilitar en armas, había varios que cumplían diversas funciones, algunos aportando fondos y designando los objetivos militares, sin olvidar a los intelectuales identificados con ellos, ni a los políticos relacionados íntimamente con los bloques paramilitares.
Así, se han identificado cuatro tipos de apoyos y sustentos de estos grupos: el financiero, el institucional, el material y el social. Este apoyo era ofrecido por diversos actores colombianos.
Algo similar ocurre con otro actor, el narcotráfico. No se discute que “el narcotráfico fue el oxígeno” del paramilitarismo, como asegura Don Mario en una entrevista, opinión similar al del comandante Montañez. Al quedar claro que éste actor no puede ser considerado un actor con el que se pueda negociar, el combate al narcotráfico será uno de los grandes desafíos del Estado para obtener la paz en Colombia.
Actores involucrados con el paramilitarismo
Tenemos así, a cinco actores muy importantes que resultan sumamente necesarios para el proceso de paz y, en su momento, una parte de ellos apoyaron, voluntariamente o no, al paramilitarismo.
En primer lugar, la élites políticas regionales y económicas en Colombia, en especial los ganaderos, han apoyado a las autodefensas y buena parte de los discursos justificativos del paramilitarismo se basan en este hecho.
El apoyo ganadero le otorgó a los paramilitares muchas ventajas. Por una parte, el capital social que ofrece es significativo, teniendo en cuenta que la producción agropecuaria es considerada aún muy importante para la economía colombiana; más allá de su impacto real, le dio a los paramilitares la honorabilidad transferida por la posición social y política de estas élites.
También ofrece control territorial, conocimiento de la zona y, muy importante, hombres y dinero para participar de la lucha. De este modo, el apoyo no es solo económico, sino también institucional y material. A su vez, los ganaderos no solo obtuvieron seguridad frente a las agresiones de la guerrilla y control social frente a las demandas gremiales y sociales, sino también se beneficiaron por la relatifundización de las tierras en Colombia, fruto del desplazamiento forzado.
En segundo lugar, varias empresas nacionales y extranjeras fueron acusadas de apoyar económicamente a los paramilitares. En la mayoría de los casos, estas empresas niegan la relación, o la justifican desde la posición de ser víctimas de la extorsión. De todos modos, las denuncias y sentencias relacionadas el apoyo económico, y las denuncias de persecución y asesinato de sindicalistas de estas empresas resultan muy sugerentes. También las empresas nacionales apoyaron o pagaron la vacuna al paramilitarismo.
En tercer lugar, el apoyo de parte importante de la población a los paramilitares es un dato que debe ser tenido en cuenta, si bien las afirmaciones de que un 25 % de la población los apoya o es tolerante con ellos, y que incluso el millón de votos —y con ello nueve escaños en el Senado y en la Cámara—, que obtuvo el PIN para las elecciones legislativas del 2010, deben matizarse por el hecho de que el control territorial genera una dinámica que hace que muchos de sus votantes los elijan por miedo y no por convencimiento.
De todos modos, se ha observado que los paramilitares tuvieron un apoyo en sectores de la población que no puede ser dejado de lado, y que este apoyo social les permitió posicionarse muy bien en el campo político.
En cuarto lugar, debe tenerse en cuenta el rol de los medios y los periodistas en situaciones de conflicto. El formato y la cantidad de entrevistas muestra una relación perversa: la prensa pública sin problemas las entrevistas, y se dejan así instrumentalizar para los objetivos paramilitares. No debe olvidarse la primera entrevista televisiva a Carlos Castaño —en ese momento prófugo de la justicia— realizada el primero de marzo del 2000.
Por último, el apoyo de ciertos sectores de la Iglesia resulta muy importante para los paramilitares. Pero también hay grandes sectores de la misma, y organizaciones cercanas a ella, que son muy críticas frente al paramilitarismo, y muchos de sus miembros son amenazados por los paramilitares.
En conclusión, el paramilitarismo no es un fenómeno aislado, el mismo no es posible si no se tiene en cuenta el contexto y la gran cantidad de apoyos que ha tenido y tiene en Colombia. Así, uno de los principales desafíos resultará aclarar con estos apoyos, su grado de disposición para acompañar y avalar al proceso de paz para lo cual deberán garantizar que no habrá, nuevamente apoyo a los paramilitares combatientes.
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