Los negociadores en La Habana cerraron el jueves el séptimo ciclo de conversaciones con tantos avances como para haber pedido a la oficina de la ONU en Colombia y al Centro de Pensamiento para la Paz, de la Universidad Nacional, «iniciar la preparación» para finales de abril de un nuevo foro sobre el segundo punto de la agenda: la participación política.
Pero si se atiende a las declaraciones públicas de las partes, pareciera que aún falta mucho por acordar.
Sin embargo, observadores del proceso comentaron que, a puerta cerrada, el ambiente y las expectativas son mejores de lo que muestran de cara a la galería. Eso también se desprende de las palabras de Humberto de la Calle, jefe del equipo del Gobierno. Admitió «dificultades propias de temas tan complejos».
Una de esas divergencias son las zonas de reserva campesina. Mientras las Farc proponen ampliarlas a 9,5 millones de hectáreas y que tengan autonomía administrativa, el Gobierno insiste en que las creará donde haya seguridad.
Al referirse ayer al tema, De la Calle dijo: «Somos claros en que las zonas de reserva campesina son vehículos integradores de la patria, no instrumentos de mayor división». Y agregó: «No pueden estar dotadas de autonomía política e institucional, sino tener una presencia plena del Estado. La delegación del Gobierno tiene claro que una cosa son los resguardos indígenas y otra las zonas de reserva campesina».
Ante las propuestas públicas de las Farc para ampliar los puntos de la agenda y que no han sido tratadas en la mesa, el exvicepresidente reiteró que «el Gobierno no va a abrir estos diálogos a materias nuevas».
Las Farc han insistido, por ejemplo, en revisar los TLC; desmilitarizar las zonas rurales, discutir la doctrina de las Fuerzas Militares, crear un impuesto para las empresas minero-energéticas y establecer límite a la propiedad de la tierra.
Al defender el avance en los diálogos y tras insistir en las nuevas propuestas, ‘Iván Márquez’, jefe negociador de la guerrilla, dijo: «No hay ningún paso atrás, vamos siempre hacia adelante avanzando de manera lenta, si se quiere pensar así, pero también persistente». Jesús Santrich, por su parte, señaló: «No digamos que hay desacuerdos; digamos que no se han logrado entendimientos».