El jefe de Estado condicionó el inicio de un proceso de diálogos a la liberación del cabo Jaír Villar Ortiz y el abogado Ramón José Cabrales.
Son varias las lecturas que se pueden hacer del atentado perpetrado por el Eln en la madrugada del lunes contra las instalaciones de la Brigada 18 del Ejército en Arauca, en momentos en que esa guerrilla asegura estar lista para sentarse a dialogar con el Gobierno. Una, que busca mostrarse fuerte militarmente de cara a esa eventual negociación; dos, que queda claro que se trata de una organización descentralizada y organizada en grupos con mucha independencia, y tres, que mientras no haya cese bilateral del fuego, se mantiene en la regla de seguir en guerra. O, en palabras del Gobierno: combatir como si no se estuviera negociando y negociar como si no hubiera confrontación.
De cualquier manera, frente a la opinión pública, este tipo de hechos —además de los secuestros del cabo Jaír Villar Ortiz y el abogado Ramón José Cabrales, así como otras acciones violentas en las últimas semanas— hacen que se pierda la confianza y el respaldo ciudadano frente a un proceso de paz. Luis Eduardo Celis, analista de la fundación Paz y Reconciliación, cree que lo que quiere demostrar el Eln es que la guerra continúa: “Tú me echas bombas inteligentes y yo te echo tatucos. En esas llevamos 52 años, por eso es que hay que insistir en dialogar”, señaló.
¿Qué ha pasado, entonces, con esta guerrilla en los últimos años, cuando se creía que estaba muy debilitada y sería fácil iniciar una negociación? A mediados de los años 90, el Eln podía tener 7.500 combatientes. Sin embargo, las acciones de la Fuerza Pública y los paramilitares, en zonas claves como el Magdalena Medio, Cesar, Santander y Antioquia, le hicieron retroceder. Al comienzo del gobierno de Álvaro Uribe, en 2002, había perdido más de la mitad de su capacidad y de sus combatientes, pasando a unos 2.000 integrantes.
“Eso hizo que a partir de ese año se recogiera y se hiciera ‘invisible’, hasta 2008, para que no la siguieran golpeando, sobre todo en el norte. Pero de ahí para acá es mucho más activa, con más presencia. Hoy son unos 2.500 combatientes, con una presencia fundamental en Arauca. Está intentando tomar un camino de negociación política, quiere salir de manera digna de la guerra, tratando de quitar lo que considera barreras a la democracia y hablando de una sociedad más justa e igualitaria”, explicó Celis en entrevista para el portal Ola Política.
Ayer, tras un consejo de seguridad en Arauca, el presidente Juan Manuel Santos denunció que el Eln estaba “utilizando escudos humanos” para atacar, ordenó intensificar las acciones militares en su contra y condicionó los posibles diálogos a la liberación del cabo Villar y de Cabrales: “Si quieren, como lo expresan por otro lado, iniciar cualquier tipo de negociación, tienen que liberar a estos secuestrados. Si creen que van a llegar más fuertes a una mesa de negociación, están totalmente equivocados”, enfatizó.
Por su parte, a través de la cuenta en Twitter @ELN_RANPAL (Radio Nacional Patria Libre), el grupo guerrillero insistió en que su voluntad de paz es firme y justificó sus acciones: “El Gobierno se mantiene en su lógica de debilitar nuestra fuerza, ello nos obliga a responder a los ataques de sus Fuerzas Armadas”. Asimismo reiteró la urgencia de acordar un cese bilateral del fuego y señaló: “Reiteramos, empeñando la palabra, que la interrupción en los diálogos que existe hoy, no obedece a una conducta negligente de nuestra parte”.
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