Imagino un guerrillero raso en las selvas del Atrato chocoano, el Catatumbo o el Yarí, integrante de uno de los frentes de las Farc-Ep, en medio de su vida cotidiana de hombre en armas, ante climas adversos y presionados por sus comandantes para que, como en cualquier ejército, cumpla a cabalidad con sus funciones.
Cuando recreo esa imagen y pienso en las negociaciones que se avecinan entre ese grupo insurgente con el Gobierno Nacional, me pregunto ¿cuál será el procedimiento que aplicará el Secretariado de las Farc para comunicarle a ese guerrillero las decisiones que se vayan tomando en Cuba y que tendrá repercusiones en su vida y en la de todos su compañeros de armas?
Esta guerrilla se define a sí misma como un “ejército”, para ser más exactos, como “el ejército del pueblo”, de ahí su sigla Farc-Ep. Eso significa que tienen una estructura jerarquizada, excesivamente vertical, con líneas de mando definidas y supongo que en constante comunicación entre sí, no sólo para trazar sus lineamientos ideológicos, sino definir sus estrategias de guerra, manejo de finanzas y asuntos logísticos.
Otra de sus características es que es demasiado centralista, aspecto que concentra demasiado poder en pocas manos, así sus líderes destaquen, cada vez que pueden, su “democracia interna”, lo que supone que, como cúpula, resolverán el futuro de cientos de guerrilleros que llevan en armas cinco, diez, quince o más años. Pero, ¿habrá cohesión entre lo que piensa esa élite guerrillera, parte de la cual ha vivido durante muchos años en el extranjero, alejados de las penurias selváticas y los acosos del Ejército, y la base, esa que realmente hace la guerra y arriesga día a día su pellejo?
Es importante que el Secretariado de las Farc-Ep sea claro con el país y a medida que los diálogos de paz avancen y se estén tomando determinaciones concretas, particularmente con aquellas que tengan que ver con sus estructuras militares, precise si en el seno de su organización hay disidencias y quiénes son los que no ven con buenos ojos ese proceso de negociación con el Gobierno Nacional.
El país debe anticiparse en la identificación de los posibles guerrilleros y frentes que se marginarán de los acuerdos y continuarán en armas, ya sea porque persiste un convencimiento ideológico en ellos o porque decidieron seguir el rumbo del narcotráfico, uno de sus peores males en las últimas dos décadas de lucha insurgente.
Ya el país tiene ejemplos claros de erráticos procesos de desmovilización, el de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) para no ir muy lejos, así algunos sectores persistan en señalar que fue exitoso. No sé si fue por falta de previsión, por exceso de confianza o por intereses económicos y políticos de sectores ilegales dentro del Estado, pero la reconfiguración de nuevos grupos armados ilegales derivados del paramilitarismo fue advertida por diversos sectores políticos, académicos y comunidades, sin que los escucharan y se tomaran decisiones de fondo. Diversas regiones del país padecen sus efectos.
Cuando imagino a ese guerrillero “enfusilado” en el monte y leo el acuerdo de La Habana, me pregunto si lo conocerá; si a sus manos callosas y desgastadas habrá llegado ese documento; si en las noches en vela o durante las jornadas de reflexión que suelen hacer en sus campamentos habrá tenido la oportunidad de discutirlo con sus compañeros y jefes; si sus observaciones son tenidas en cuenta; en últimas, ¿se conocerá en Cuba lo que se discute en las selvas colombianas y se conocerá en la manigua chocoana, por ejemplo, lo que se dice en la isla del Caribe?
Hay guerrilleros hoy en varios frentes que han crecido en medio de los cultivos de hoja de coca y el negocio del narcotráfico, lo han administrado, saben de contactos nacionales e internacionales, conocen la abundancia del dinero y de los placeres que brinda cuando se tiene a manos llenas. No es posible determinar qué porcentaje de insurgentes viven de esa manera y qué tanto daño le han hecho al “alzamiento en armas” que tanto defendió en Oslo, Noruega, alias ‘Iván Márquez’, pero por fuentes oficiales y extraoficiales conozco algunos casos y es aberrante su “lumpenización”.
¿Cómo les hablará el Secretariado de las Farc-Ep a ese tipo de insurgentes que, por lo que sé, son comandantes y subcomanantes de frentes, con autoridad sobre una tropa de jóvenes, a quienes tienen a su merced, por el mando que inspiran y la capacidad decisoria que pueden tener sobre sus vidas? Es más, ¿si esos jefes guerrilleros no los escuchan, podrán operar los procedimientos disciplinarios que, internamente, tiene esta organización? ¿Nos enfrentaremos en un futuro no muy lejano a una posible purga en las filas guerrilleras o a peligrosos fraccionamientos armados que generarán mucha más violencia?
Creo que más allá de los formalismos en la instalación de una mesa de negociaciones, hay aspectos paralelos que se tienen que ir conociendo. A mi juicio, el de los mecanismos de comunicación ente Cuba y las selvas y ciudades colombianas es clave para determinar si la histórica jerarquización de la autoridad fariana aún es respetada en la totalidad de los frentes o, por el contrario, está fraccionada y entonces lo que se tiene que prever son nuevos escenarios de confrontación.
Esos ciudadanos que hoy están en armas en selvas y ciudades, por convicción, por necesidad o de manera forzada, también requiere explicaciones sobre lo que van a decidir en Cuba. Insisto: es importante que los voceros de las Farc-Ep expliquen claramente cómo se comunicarán con sus estructuras militares y si están siendo acatadas sus decisiones. De ello también depende la paz de Colombia.
http://www.semana.com/opinion/explicaciones-deben-farc/187095-3.aspx