Asistentes propusieron fortalecer el agro, descriminalizar los cultivos y explorar usos lícitos.
En el segundo día del foro sobre la solución al problema de las drogas ilícitas, los cerca de mil asistentes hicieron sus propuestas sobre el cuarto punto de la agenda de diálogos. Las propuestas, en general, apuntan a que se requiere fortalecer la oferta institucional para que la población vulnerable no caiga en manos de la economía ilícita de la producción y tráfico de drogas. También fue recurrente en las mesas la idea de explorar usos lícitos de los cultivos de marihuana, coca y amapola, entre otros. Al mismo tiempo, se oyó un rechazo generalizado a la erradicación forzada de los cultivos y las fumigaciones.
Durante la discusión, en las mesas quedó claro que la solución al problema de los cultivos ilícitos está íntimamente relacionada con el problema de la tierra y la producción agraria. “Los campesinos no cultivan coca por capricho, y mucho menos por auxiliar a los grupos armados al margen de la ley. Lo hacen por física necesidad. Por algo que los gobernantes nunca han sentido: hambre”, refirió un viejo campesino del Catatumbo (Norte de Santander).
Una mirada al problema de los cultivos ilícitos que coincide con la intervención de Kathryn Ledebur, directora de la Red Andina de Información (AIN), organización dedicada a analizar el problema de las drogas ilícitas, para quien el tema debe pasar por la persecución de quienes se lucran del negocio y no de quienes se vinculan a este por falta de oportunidades.
“El tema es el reenfoque de las políticas antidrogas, dejando de perseguir a productores y consumidores para fortalecer la actividad contra quienes lavan el dinero. La represión a los productores es una pésima herencia norteamericana. Es necesario ver el tema con más profundidad y ofrecer a esa gente que se vincula al negocio por necesidad de oportunidades de vida. Arrancar toda la hoja de coca, lo único que logra es tensión, violencia, y es una estrategia insostenible”, explicó Ledebur.
Para ella, la solución pasa por desarticular mentalmente el tema del narcotráfico como un negocio que mueve miles de millones de dólares y enfocarse en el bienestar de los ciudadanos colombianos. “Salud, educación, empleo y mejores ingresos debe ser la respuesta de un Estado a la población más vulnerable al tema del narcotráfico”, concluyó la investigadora.
Sin duda, esta es una de las grandes conclusiones a las que llegará el foro: que los cultivadores son campesinos a los que el Estado no les ofrece garantías para sus cosechas y terminan por sucumbir ante la economía ilícita como una manera de sobrevivir. Precisamente, una asistente al evento, proveniente del Putumayo, recomendó la implementación de un estudio de caracterización de la población productora para entender sus realidades y poder ofrecer una respuesta realista que los conduzca a dejar los cultivos de uso ilícito.
En la mayoría de las mesas se oyeron intervenciones que pedían la suspensión de la erradicación forzada y la fumigación de los cultivos. “La erradicación forzada no es otra cosa que una forma de violencia, que deja a los campesinos a su suerte, con hambre, y que muchas veces obliga al desplazamiento. La fumigación es probadamente nociva para la salud. Acaba con los cultivos lícitos y es claramente ineficiente”, señaló un cultivador del Cauca.
Y finalmente, entre los cientos de propuestas que la población civil quiso entregar para que sean escuchadas por las delegaciones de paz en Cuba, quizá la más novedosa es la que tiene que ver con incentivar usos alternativos y lícitos de la coca, la marihuana y la amapola. “No existe ningún cultivo ilícito, no existe ninguna planta que sea criminal. Hay que descriminalizar las semillas, las plantaciones y los productos que salen de estas especies. Hay que explorar sus usos medicinales, recreativos e industriales. Hay que volcarnos al conocimiento ancestral de nuestras comunidades indígenas y negras, para reconstruir los poderes benéficos que tienen esos cultivos que se han obstinado en denominar ilícitos”, concluyó Hernán, un campesino mestizo que vino desde el Putumayo.
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Por: Alfredo Molano Jimeno
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