A comienzos de 1999 llegó al Catatumbo la mano derecha de Salvatore Mancuso, un hombre al que todos conocían con el alias de ‘Lucas’, ‘Alejandro’ o ‘David’. Su verdadero nombre es Doménico Antonio Mancuso Hoyos, primo hermano de Salvatore, un ganadero cordobés que, según la Fiscalía, contactó a los paramilitares del Bloque Catatumbo con miembros de la Fuerza Pública y por un tiempo manejó las finanzas del narcotráfico en esa región.
Mancuso Hoyos no se desmovilizó, pues según dijo su primo ante el Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá “había presiones de altos mandos militares para que no confesara nada”. Desde 2010, la Unidad de Justicia y Paz compulsó copias de este caso, es decir le notificó a la justicia ordinaria para que evaluara si se iniciaba una investigación contra Doménico Mancuso Hoyos, sin efecto alguno. Según supo VerdadAbierta, actualmente solo existe una investigación en su contra por perturbación de la posesión sobre inmueble y por el momento anda libre.
La Fiscalía de Justicia y Paz documentó que antes de llegar al Catatumbo, este hombre ya había sido clave para la incursión de los paramilitares en Atlántico a comienzos de 1998, donde se hizo llamar ‘David Sotomayor’.
Según contó Salvatore Mancuso, ese mismo año Pascual Mancuso, el papá de Doménico, sufrió un atentado de la guerrilla en su finca La Madera, zona rural del municipio de San Pelayo, en Córdoba. El ex paramilitar aseguró que fue en ese momento cuando su primo decidió ingresar oficialmente a las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).
Para el Catatumbo
A comienzos de 1999 los hermanos Carlos y Vicente Castaño planearon junto a Salvatore Mancuso el ingreso de los paramilitares a Norte de Santander, donde buscaron arrebatarle a la guerrilla el territorio y sobretodo las zonas de producción cocalera.
Carlos Castaño ya había hecho algunos contactos con militares en la zona y necesitaba un hombre de confianza que fuera el enlace entre los ‘paras’ y miembros de la Fuerza Pública, pero Salvatore Mancuso tenía en ese entonces una orden de captura, por eso decidieron enviar a Doménico Mancuso Hoyos.
A su llegada al Catatumbo, los Castaño encargaron los negocios del narcotráfico a un grupo conocido como ‘Los azules’, pero muy pronto hubo sospechas de que estaban robando dinero, entonces le pidieron a Doménico que se encargara de fiscalizar los dineros que dejaba la producción de narcóticos en esa región del país.
Este hombre, según lo ha dicho el Ente acusador, conoce información clave para reconstruir la historia del grupo paramilitar que por cinco años aterrorizó a los nortesantandereanos. Sin embargo, como contó Salvatore Mancuso, no ha sido posible contar con sus versiones: “con Doménico no he tenido comunicación y le he pedido que reconstruyamos esta historia y ha sido esquivo”.
Doménico Mancuso Hoyos era el emisario de su primo y tenía comunicación constante con Armando Alberto Pérez Betancur, alias ‘Camilo’, uno de los jefes del Bloque Catatumbo. Su tarea consistió en acercar a militares y policías con paramilitares en varios municipios de Norte de Santander.
Fue elegido como la ficha de enlace no solo por ser una persona de confianza de Salvatore Mancuso, sino porque conocía algo del mundo castrense dado su breve paso por la Escuela Militar de Cadetes y, posteriormente, por la Escuela Naval.
Su tarea comenzó a mediados del primer semestre de 1999, cuando se reunió con Salvatore Mancuso y Carlos Castaño en la finca “Cinco Tres”, corregimiento Volador, en Tierralta, Allí lo encargaron de continuar con los contactos militares que ya había iniciado Castaño. En el encuentro también estuvo presente un hombre conocido con el alias de ‘Pacho Casanare’, mano derecha de Castaño.
Según Salvatore Mancuso, los contactos los inició Carlos Castaño cuando se reunió con el general (r) Iván Ramírez Quintero. En varias oportunidades el postulado ha dicho que asistió a una reunión en la que junto al militar se planeó la expansión de los paramilitares, no solo hacia Norte de Santander, sino hacia la Costa Caribe y el sur de Bolívar. En ese entonces Ramírez era comandante de la Primera División del Ejército, con sede en Santa Marta. (Ver: Los guardados de Mancuso)
De acuerdo a las versiones del desmovilizado, luego Carlos Castaño se contactó con el general (r) Mario Fernando Roa, quien para ese entonces era comandante de la Segunda División del Ejército, con sede en Bucaramanga, para coordinar la entrada de los paramilitares en Norte de Santander en mayo de 1999.
Mancuso ha dicho en repetidas versiones que Roa designó al Coronel (r) Víctor Hugo Matamoros y al Mayor (r) Mauricio Llorente para que se reuniera con Doménico Mancuso y con ‘Pacho Casanare’ en Bucaramanga y Cúcuta. En el caso de Matamoros, en diciembre de 2009 el Tribunal Superior de Bogotá lo absolvió por falta de pruebas.
Llorente fue condenado a 40 años de prisión por nexos con paramilitares tras admitir que se reunió con alias ‘David’, quien es el mismo Doménico Mancuso, en el hotel Bolívar de Cúcuta donde le informó quiénes eran los miembros del Ejército y de la Policía que les iban a colaborar a los paramilitares en Norte de Santander.
Según Mancuso, Doménico también se reunió con el general (r) Alberto Bayardo Bravo Silva, en ese entonces comandante de la Quinta Brigada del Ejército con sede en Bucaramanga, quien fue destituido luego de la masacre de la Gabarra en julio de 1999. Después de ello fue designado el fallecido general Martín Orlando Carreño, a quien Mancuso dice conoció en Córdoba y con quien él mismo puso en contacto con Doménico.
Además de estos militares, Doménico tuvo encuentros con altos mandos de la Policía en Norte de Santander. “Cuando se dio incursión al Catatumbo eso fue de frente, ellos sabían, no fue a escondidas, hubo omisión deliberada. Todo fue en coordinación con ellos, era pedido que ellos venían haciendo desde 1996”, agregó el ex jefe paramilitar. (Ver: Matando civiles Mancuso llegó al Catatumbo)
VerdadAbierta conoció que actualmente no se adelanta ninguna investigación en la Fiscalía General contra ninguno de estos militares. Los detalles de las reuniones y qué fue lo que supuestamente se acordó en cada una de ellas solo los conoce Doménico Mancuso Hoyos.
Desde que los hermanos Castaño planearon la incursión en el oriente del país pusieron sus ojos sobre los cultivos de coca de la guerrilla en el Catatumbo. Para adueñarse de los negocios ilícitos, los Castaño designaron a un grupo de narcotraficantes que operaban en la región y eran conocidos como ‘Los Azules’. Los llamaban así porque a diferencia de los paramilitares de las Auc, no se vestían con camuflados sino con overoles de ese color.