El Niño no deseado
Un país golpeado por las lluvias y las altas temperaturas, se prepara para el regreso del fenómeno de El Niño. ¿Qué tan preparado está Colombia para evitar un nuevo desastre?
En la madrugada del primero de mayo de 1992, los colombianos se vieron obligados a adelantar una hora su reloj, luego de que el gobierno de César Gaviria expidió un decreto para enfrentar la crisis energética más fuerte que ha vivido el país. La hora Gaviria, como se conoció entonces, buscaba aprovechar más la luz del sol, tras un racionamiento de nueve horas diarias del servicio de energía eléctrica. La demanda de velas fue tal que en pocos meses surgieron más de 30 fábricas, y nació La Luciérnaga como un programa radial humorístico que pro-metía sacar del tedio a las familias en las horas a oscuras.
El fenómeno de El Niño había secado los embalses que producían el 90 por ciento de la energía eléctrica y había dejado al desnudo la incapacidad estatal para enfrentar la crisis, la corrupción de las empresas generadoras de energía eléctrica y el daño que las guerrillas hacían con los ataques terroristas a las redes eléctricas. La falta de agua afectó de tal forma la economía, que el PIB nacional cayó dos puntos porcentuales. De hecho, la década del noventa, con dos devastadores Niños, fue la más crítica para el sector de la agricultura: se registraron pérdidas en los cultivos por más de 578 millones de dólares.
Hoy las alertas se vuelven a encender. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam) prevé, con información de agencias internacionales, que El Niño aparecerá en el segundo semestre de 2014. Aunque aún se desconoce su intensidad, hay preocupación porque ahora mismo Colombia se ve a gatas para superar la escasez de agua en algunos municipios y corregimientos ocasionada por la sequía de los primeros meses del año. Además generan preocupación las reservas hídricas, pues los embalses están a un poco más de la mitad. Solo los de Neusa, Tominé y Sisga -que le suministran agua a Bogotá y a sus alrededores– registran un nivel por debajo del 50 por ciento, cuando por esta época del año debería ser del 80 por ciento.
La lección
El país no olvida las lecciones que dejó la crisis energética de los noventa. La respuesta de los sectores productivos de la industria, el agro y la electricidad es positiva ante la posible llegada de El Niño. Tienen claro que su tarea es mantener la normalidad, sobre todo, en las regiones más vulnerables, donde se intensifican los periodos de sequía, los incendios forestales, los cultivos se echan a perder con temperaturas bajo cero y se registran inundaciones, avalanchas y deslizamientos que arrasan con poblaciones enteras, como consecuencia del comportamiento climático y el calentamiento global.
Y es que a nadie le interesa repetir la historia de la hora Gaviria; pues no fue solo un adelanto de 60 minutos en el reloj, sino que los daños en el medio ambiente que se registraron en ese momento y en los años posteriores le dejaron secuelas al país que hoy no están completamente superadas.
Solo basta con revisar el estudio de gestión de riesgo del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en el que se asegura que “la República de Colombia ha sido un país de desastres”, pues después de la crisis energética de 1992, la aparición de El Niño en 1997 y 1998 fue tan fuerte que, según la Corporación Andina de Fomento (CAF), causó lesiones similares a las del terremoto del Eje Cafetero y dejó pérdidas por 564 millones de dólares, mientras que las del sismo fueron de 1.591 millones de dólares.
El fenómeno
El aumento de temperatura del agua en las costas del océano Pacífico se conoce como el fenómeno de El Niño que es, junto con La Niña, el responsable de gran parte de esos desastres.
Se trata de un aumento de 0,5 hasta 1,6 grados Celsius en las aguas superficiales del Pacífico, producto de la inmensa cantidad de energía que generan los vientos alisios cuando arrastran las aguas desde Indonesia y Australia hacia las costas de América del Sur. La temperatura del aire crece y forma nubes. Todo es una respuesta atmosférica de acción – reacción, que busca el equilibrio entre el frío y el calor, pues mientras en Indonesia y Australia se enfrían las aguas, a este lado del mundo llega El Niño.
El Ideam se encarga en el país de alertar y hacer los pronósticos del clima. Para ello la entidad ambiental se nutre con el sistema mundial de telecomunicaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMN) y con la información de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (Noaa), para luego enviar información a la red de Washington y Brasilia.
En Colombia hay cuatro estaciones de radiosonda que ayudan a registrar las condiciones en la atmósfera, y la Comisión Colombiana del Océano y la Aeronáutica Civil ayudan a monitorear las 2.600 estaciones instaladas en el océano Pacífico, con las que se mide la temperatura y se almacena la información en un servidor.
Aun así es imposible determinar desde ya la intensidad con la que se presentará El Niño este año. Lo que sí está claro es que un fenómeno débil podría reducir las lluvias entre 35 y 40 por ciento; uno moderado, entre el 45 y 50, y uno fuerte sería capaz de bajarlas en 70 por ciento.
Sea como sea, la etapa de desarrollo de El Niño será en octubre, noviembre y diciembre, meses en los que históricamente se presentan más lluvias en el país. Eso hará que en los primeros meses de 2015 -los más calurosos del año- se intensifique la sequía.
Los registros climáticos que hay en Colombia desde 1950 evidencian que anualmente solo se presentan dos épocas fuertes de lluvia: la primera entre abril y mayo y la segunda entre octubre y diciembre. Estas surten los embalses en un 80 por cien-to y garantizan el suministro de agua en los meses restantes. Según Omar Franco, director del Ideam, “ahora mismo los embalses traen un rezago porque abril y mayo no han tenido las lluvias esperadas. Por eso La Guajira y otras partes del Caribe pueden verse seriamente afectadas el próximo año”. Sin embargo, la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen) –que agrupa a las 16 empresas producto-ras del 85 por ciento de la energía en el país– asegura que no habrá un apagón con la llegada de El Niño y tampoco aumentará el precio de la energía para el consumidor.
Lo ideal será mantener los niveles de agua de los embalses por encima del 50 por ciento. Y aunque algunos ya están en estado crítico como el de la Esmeralda en Boyacá (19 por ciento), es muy probable que Acolgen tenga razón, pues la generación de energía en el país es combinada: 70 por ciento hidráulica (por medio de represas y embalses) y 30 por ciento termoeléctrica (que funciona con gas). Por eso, el Ministerio de Minas anunció recientemente que no venderá este hidrocarburo a Venezuela, como una medida preventiva frente a El Niño.
La papa
El campo también es vulnerable al cambio cli-mático. Los cultivos más afectados en clima cálido son los que requieren humedad en el suelo, como los de ají, berenjena, ñame y plátano y, en general, los pastos para alimentar el ganado. Así mismo en las madrugadas se presentan temperaturas bajo cero en el altiplano cundiboyacense, lo que afecta las hortalizas y las raíces tubérculos, como la papa y la yuca.
Por eso, desde la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica) se desarrolla un trabajo que integra 18 departamentos ubicados en las tres cordilleras del país y sus dos costas. Mapa, como se denomina, busca generar opciones tecnológicas, sobre todo, para los pequeños agricultores y enseñarles nuevas técnicas sobre el manejo del agua y la forma de cosechar. Juan Lucas Restrepo, director de la entidad, asegura que en el segundo semestre del año se cultivarán alimentos estratégicos para suplir la demanda de comida de los animales, como pastos, maíces, avenas, leguminosas y subproductos de las cosechas agrícolas.
Y así como los sectores productivos buscan estrategias, el resto del país también debe prepararse para las altas temperaturas. Ahorrar agua y energía y usar protector solar contra los rayos ultravioleta son algunas de esas medidas. Y no se puede olvidar que se presentarán posibles incrementos en los precios de la canasta familiar, pues sin agua en los ríos, humedales, embalses y distritos de riego, las cosechas serán las más afectadas.
[Artículo publicado en la revista Sumamente]FENÓMENO DE EL NIÑO
Existe una probabilidad cercana al 70% de que durante este segundo semestre de 2014 (julio-agosto-septiembre) se den las condiciones favorables para el desarrollo de la fase inicial de un evento de ‘El Niño’; y de un 80% de que su fase de desarrollo se presente en octubre, noviembre y diciembre. El mayor impacto de variabilidad climática se presentará en las regiones Andina, Caribe y Norte del Pacífico explicó la Subdirectora de Meteorología del IDEAM, María Teresa Martínez.
Un fenómeno débil de El Niño podría reducir las lluvias entre 35 y 40 por ciento; uno moderado, entre el 45 y 50, y uno fuerte sería capaz de bajarlas en 70 por ciento.
Independiente de lo que suceda, la etapa de desarrollo de El Niño será en octubre, noviembre y diciembre, meses en los que históricamente se presentan más lluvias en el país. Eso hará que en los primeros meses de 2015 -los más calurosos del año- se intensifique la sequía.
Otras causas asociadas a la sequía son la deforestación y la ganadería extensiva.