Cada vez que un capo de la mafia es arrestado, el mando de su estructura criminal es asumido por el jefe de sicarios. Así pasó con el cartel del Norte del Valle, con “los Rastrojos”, “la Oficina”, el Erpac y otras bandas que han sembrado el terror en Colombia e inundado de cocaína las calles de Estados Unidos.
La reflexión la hace Ken W.*, alto funcionario del gobierno estadounidense en América Latina, quien atendió a El Colombiano en la Embajada de Bogotá.
“Nosotros cambiamos la forma de trabajar hace tres años. Cuando los ‘Combas’ (máximos cabecillas de ‘los Rastrojos’) se entregaron (2012), la razón número uno fue que sus sicarios de confianza habían sido capturados y extraditados antes”, relató.
En 2010, los organismos de Inteligencia de ese país iniciaron un estudio del crimen organizado colombiano tomando como base el cartel del Norte del Valle y su evolución.
Determinaron que, por lo general, cada líder organiza su empresa ilegal en cinco departamentos con sus respectivos gerentes: un cabecilla encargado del lavado de dinero; otro con la función de sobornar y corromper a funcionarios públicos; uno responsable del transporte de la droga; una jefatura encargada de la fabricación de estupefacientes; y un grupo de mercenarios para la seguridad y la guerra contra otros.
En la parte superior de ese organigrama, además del patrón, suele haber un subdirector y miembros de su familia.
“Cada vez que se presenta una decapitación de la red, quien toma el control es el jefe de sicarios, porque tiene armas y poder militar, y conoce todo lo de la organización, las otras partes no”, explicó el diplomático.
Por las funciones de su cargo, el jefe de sicarios debe conocer todo el entramado de la banda, para brindar seguridad a la producción y transporte de los alucinógenos, servicio de escolta a los cabecillas, cobro de deudas a clientes y combate de enemigos. Nadie como él sabe cómo opera un grupo mafioso.
“Con eso empezamos a hacer nuestro enfoque – prosiguió -, no solo en el jefe de la organización, sino en la estructura de sicarios, por dos razones: porque si no cortamos como con un cuchillo esa parte de la organización, ellos serán la próxima generación; y además porque la parte de la banda que más causa daño a este país son los sicarios, que están matando gente sin pudor alguno”.
Ejemplos de delincuentes que empezaron como matones y ascendieron a la cúpula tras las caídas de sus jefes, hay por montones: desde “Berna” en Antioquia y Córdoba, hasta “Chupeta” y “Rasguño” en Valle del Cauca, pasando por “Cuchillo” en los Llanos, “Diego Rastrojo” en Cali, “Sebastián” en Medellín y “Chepe” en Bajo Cauca. Todos fueron pedidos en extradición.
En 2014 se hizo más evidente este enfoque del gobierno norteamericano en su lucha contra el crimen organizado transnacional. El Departamento del Tesoro incluyó en la Lista Clinton, congelando sus transacciones financieras, a delincuentes especializados en el sicariato.
Fue así como en el listado quedaron “Martín Bala” y “el Negro Orlando”, dos violentos mercenarios que surgieron del bajo mundo caleño, hasta convertirse en cabecillas y aliados de “los Urabeños” en su guerra contra “los Rastrojos”. Con ellos también designaron a “Visaje”, el delegado de ese clan en Norte de Santander y España.
De la misma manera, el Tesoro afectó a los líderes de “la Oficina”, y no solo a los distinguidos por su manejo del tráfico de drogas y finanzas, sino por su ascendencia en el ala militar de la banda que azota al Valle de Aburrá: “Beto”, “Orión”, “Tom”, “Diego Chamizo”, “Carlos Pesebre”, “Barny”, “Pichi Gordo”, “Tuto” y “Chaparro”.
“Los cuadros de mando de ‘la Oficina’ intimidan y asesinan a ciudadanos y oficiales, incluyendo a valientes compañeros de la Fuerza Pública e investigadores judiciales de Colombia”, declaró al anunciar el listado Adam J. Szubin, el director de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros de E.U.
Preocupados por “vacunas”
“Ahora que hablamos de sicarios, en mi opinión, el negocio de la extorsión en más sucio, más organizado y menos conocido en este país (Colombia), pero afecta a más inocentes que el tráfico de drogas”, comentó Ken W*.
Analizando los reportes de la Policía, no existe un solo departamento donde no se presenten casos de “vacuna” extorsiva al comercio, el transporte, residencias, obras públicas, fincas, minería o fábricas.
Este fue uno de los 12 delitos que más denunciaron los colombianos en 2014, según la Fiscalía. Y de acuerdo con el MinDefensa, el año pasado se registraron 4.888 casos de extorsión, lo que significó un aumento del 1,7% con relación a 2013, aunque es sabido que el subregistro, por los hechos no denunciados, es mayor.
“Y pensando en nuestra responsabilidad compartida, ahora que bajó la cantidad de droga que salía de aquí, más del 50% en producción y exportaciones; y eliminamos los grandes carteles y las bacrim, menos al ‘Clan Úsuga’, ¿cómo podemos ayudar a Colombia?”, se preguntó el funcionario. Y añadió: “La respuesta es disminuyendo homicidios relacionados con el narcotráfico y el otro crimen predatorio que es la extorsión. ‘La Oficina’ es el modelo malo de extorsión y homicidio, y por eso estamos enfocándonos en eso en este momento”.
*Nombre cambiado
por petición de la fuente.
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