La clave para descifrar el futuro en esta dualidad histórica se hallará en el llamamiento a elecciones y, como es obvio, en el resultado del debate electoral.
Hace algunos años, Fidel reconoció en La Habana que los procesos revolucionarios comunistas deberían renunciar a la lucha armada por el poder y perseguir el mismo esfuerzo por vías políticas con miras a derrocar los regímenes existentes en los países del tercer mundo, utilizando «todos los medios -incluido el terrorismo-» de acuerdo con las «condiciones objetivas», adaptando las formas a cada situación.
La muerte del comandante presidente de Venezuela no debe cambiar en teoría su legado político, al menos si es Maduro el dueño del poder, según la designación hecha por Chávez cuando aún se encontraba con las facultades mentales en orden, si bien se pasaba por encima de la Constitución. Bien se sabe la facilidad con que el fallecido presidente saltaba a la torera sobre la Carta Fundamental.
La actitud de alias ‘Iván Márquez’, vocero de las Farc en las conversaciones de paz, registra una visible evolución. De su primera aparición al dar por terminada la primera etapa confidencial -cuando apareció arrogante, tratando de agregar puntos no contemplados en la agenda, empeñado en revivir supuestos maltratos del Gobierno al estilo de ‘Tirofijo’ en el Caguán- ha pasado a declarar los progresos alcanzados por la comisión en La Habana sobre el espinoso tema de la tierra. De ayer a hoy hay un abismo.
Es innegable la influencia de Chávez sobre sus delegados en la comisión negociadora, lo que mueve a deducir que existe una cadena de transmisión favorable al proceso, que puede subsistir en el desarrollo de la nueva situación.
Puede deducirse también que en el trasfondo de este cambio tiene mucho que ver el desastre de la economía venezolana. El desabastecimiento del comercio en productos de primera necesidad como los víveres resalta el error inmenso de haber roto las relaciones comerciales con Colombia, proveedor de primer orden. Creyó Chávez, en uno de los raptos de arrogancia y soberbia, que las consecuencias de la ruptura golpearían a nuestro país más que al suyo. No fue así. Nuestro sector privado demostró la versatilidad de su oferta, al hallar nuevos mercados en el Caribe y el sur del subcontinente americano e, inclusive, en Estados Unidos y Europa.
A propósito uno de los chascarrillos que produjo la ruptura con el despacho de cinco batallones, uno de ellos blindado: como demoraran más de la cuenta en alcanzar los objetivos del despliegue, inquirió Chávez, impaciente, la razón del retardo y reprendió al comandante de la operación. Azorado, el oficial respondió: «Fue que se nos agotaron las baterías de los blindados». -¡Pues compre otras, imbécil! -Es que son colombianas, mi comandante…
De conformidad con este análisis, la situación del proceso de paz dependerá sustancialmente del curso que tome la situación interna de Venezuela. Como corolario, las resentidas relaciones entre los dos países podrán mejorar o retroceder. Lo primero parece inclinar la balanza en favor del ideal ecuménico de Simón Bolívar. Si lo segundo, las consecuencias adversas de la precipitada ruptura se profundizarán con perjuicio para las dos partes.
La clave para descifrar el futuro en esta dualidad histórica se hallará en el llamamiento a elecciones dispuesto en la Constitución venezolana y, como es obvio, en el resultado del debate electoral, que enfrentará sin duda al vicepresidente Maduro con el líder oposicionista, Capriles. Ambos están comprometidos con la causa del restablecimiento pleno de relaciones con Colombia, Capriles en mayor medida, pues este fue uno de sus caballitos de batalla en las elecciones pasadas. Subsiste una incógnita y es el apasionamiento del pueblo venezolano, después de varios años de escuchar el enardecido discurso anticolombianista de Chávez, que en el actual período de bonanza puede subsistir.
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