En las selvas, en los campos y hasta en los centros rurales hay un enemigo oculto que afecta a la fuerza pública y a la población civil en el sur país. Se trata de las minas antipersona y explosivos improvisados, de los cuales se desconoce su número y su ubicación.
El bloque sur de las FARC, cuyo radio de acción se extiende a Caquetá, Putumayo y partes de Huila y Amazonas, está conformado por nueve frentes y es el más antiguo de esa guerrilla. De este hacen parte la columna móvil ‘Teófilo Forero’ y los frentes 15 y 32, catalogados como los más especializados en temas de guerra. Las dos primeras estructuras se enfocan principalmente en la instalación de artefactos improvisados y minas antipersona en las áreas rurales, que se activan al paso de las tropas y, también, de los campesinos de la comarca.
Este método de hacer daño es una herencia de la zona de distensión. Durante los años que duró el despeje militar en el gobierno de Andrés Pastrana, las FARC aprovecharon para que expertos en el tema de explosivos, y en especial de minas, entrenaran a sus integrantes.
La región del Caguán, en Caquetá, fue su escuela y ahora el método que claramente atenta contra los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, se extiende por todo el país. No obstante, el área sigue siendo la más afectada.
“El manejo de la guerra de minas se inicia a partir de una estrategia del exjefe máximo de las FARC, ‘Alfonso Cano’. En ese entonces, cuando lanzó la campaña ‘Renacer revolucionario de paz’, impuso la obligación a todo guerrillero de que tuviera una mina”, relató el general Emiro José Barrios, comandante de la fuerza de tarea Júpiter.
Añadió que “particularmente, en esta área el bloque Sur, hay una alta especialización en el manejo de este tipo de explosivos porque tuvo la influencia que proviene de la época de la zona de distensión, cuando recibieron mucho entrenamiento junto con hombres del bloque oriental”.
Siembra indiscriminada
Barrios aseguró que la ‘Teófilo’, cuyo jefe es el ‘Paisa’, y el frente 15, bajo el mando de ‘Wílmer’, son aventajados en el manejo de explosivos de manera indiscriminada en toda la cordillera Oriental. En el caso de la primera estructura afecta los municipios caqueteños de San Vicente del Caguán, El Doncello, Paujil y Puerto Rico, mientras la segunda afecta el área de Montañita.
“La siembra de minas es indiscriminada. Las ponen en las áreas rurales donde los campesinos se mueven. De ahí que resulten ser tan letales y afecten tanto la población civil”, señaló el oficial, quien combate al bloque sur.
Pero ese no es todo el problema. La desactivación de esos artefactos se complica porque “muchos de los que siembran las minas se desmovilizan, mueren en combate o caen en sus propios campos minados. Quedan entonces esas minas sembradas sin saberse dónde están y que son un riesgo mortal”, agregó.
El general Barrios contó que las FARC mantienen un proceso de acumulación de materiales para la construcción de artefactos explosivos improvisados, entre ellos anfo, que es una de las sustancias más letales usada por la guerrilla para atacar a la fuerza pública.
Así ocurre también con los detonadores (estopines) y tienen diferentes talleres en los que de manera ‘artesanal’ construyen las minas, que ya dejan un saldo trágico en lo que va del 2014 de diez miembros del Ejército muertos y 28 heridos.
Información y desactivación
A los cerca de 1.100 hombres del bloque sur de las FARC -según cuentas del Ejército- le han sido incautados este año un total de 2.635 kilos de explosivos con los que se pudo haber fabricar 10.500 de estos artefactos explosivos. También fueron decomisadas 3.000 minas antipersona.
Un papel clave en la localización de las minas sembradas (o los talleres donde se construyen) cumplen los guerrilleros desmovilizados. Ellos suministran información que, tras ser valorada, puede llevar a incautaciones. Este año, 71 miembros del bloque sur se han entregado a las autoridades.
“Hay miles de minas sembradas y en eso las grandes responsables son las FARC, que no tienen la capacidad de controlar las explosivos que instalan. Quizá, si las sembraran y luego las levantaran una vez pasa el Ejército, se podría decir que es una estrategia. Pero no, sencillamente las instalan y las abandonan”, dijo el general Barrios.
Las tropas llevan un grupo Equipo de explosivos y demoliciones (EXDE) organizado, dotado y entrenado para la detección y la destrucción de campos minados. Si la situación es más compleja, también cuentan con el grupo Delta, que, con una estrategia más sofisticada y equipamiento altamente especializado, actúa ante situaciones como carros-bomba o campos minados muy peligrosos.
Lamentables cifras
Entre el 2000 y el 2013 Caquetá fue el tercer departamento con mayor número de víctimas por minas antipersona después de Antioquia y Meta. Putumayo fue el décimo.
Entre estas fechas en Caquetá 807 personas fueron víctimas por minas antipersona, según cifras del Programa Presidencial para la Acción Integral Contra las Minas Antipersona. De ellas, el 77 % fueron miembros de la fuerza pública y el 23 % civiles. De ellos, el 88 % resultaron heridos y el 12 % murieron.
Además, el 98 % fueron hombres y el 2 % mujeres. El 95 % de los afectados se reportaron mayores de 18 años y el 5 %, menores de edad.
En Putumayo, en el mismo período de tiempo se presentaron 336 víctimas. El 54 % fueron militares y el 46 %, integrantes de la población civil. El 74 %, es decir, 247 personas, fueron heridas y el 26 % fallecieron. El 96 % fueron hombres y el 4 % mujeres. El 95 % de los lesionados son mayores de 18 años y el 5% restante menores de edad.
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