Los niños de Luz Irene Virgüez jugaban en la calle cuando el artefacto hizo explosión.
La mujer resultó gravemente herida tras la explosión, el domingo, de una carga de 5 kilos, ocultada según las autoridades por las Farc en un paquete que iba en un taxi de pasajeros, el cual explotó frente a la casa de una vecina y dejó seis muertos.
En el caserío, jurisdicción de Vista Hermosa, sabían ayer que el dolor más grande que sentirá Luz Irena cuando despierte de sus heridas no será la pérdida de su ojo izquierdo; ni tampoco las serias lesiones en una de sus piernas; ni menos aún saber que su casa quedó destrozada por el impacto de la explosión. Su tragedia más grande será enfrentar la muerte de sus dos hijos, de 5 y 2 años, quienes jugaban en la calle cuando el artefacto hizo volar en pedazos el carro frente a su vivienda.
Sus vecinos dicen que Luz es una mujer tranquila a la que todos conocen por la abnegación con la cuidaba a sus hijos, mientras esperaba todos los meses con paciencia a su esposo, un soldado profesional que el lunes llegó al pueblo para enfrentar su propia pesadilla.
«La niña, que era la mayor, estudiaba transición como a 20 minutos de Campo Alegre. Todos los días cogía sus libros y se iba caminando. Su hermanito participaba los jueves en un programa de recreación de la Alcaldía de Vista Hermosa. Con su hermanita salían a jugar a veces a la calle. Uno nunca piensa que alguien va a cometer un acto tan sádico como para explotar una bomba y matar así a la gente», dijo una mujer que fue una de las primeras en llegar a atender a los heridos del domingo.
El dolor se repite en la casa de las siete hijas que dejó Deisy Casallas Ramos, otra de las víctimas fatales que dejó la explosión.
Ella, quien era vecina de Luz Irene, iba a recibir una encomienda de manos de Jesús Estrada, el conductor del taxi que cantaba joropos y tocaba el cuatro en las fiestas de amigos.
Ellos fueron los primeros en morir cuando se activó el explosivo, que al parecer estaba en una de las otras encomiendas que debía entregar el taxista, quien cubría la ruta Vista Hermosa-Granada.
Dentro del vehículo murieron los pasajeros Nidia Posada Prieto, una vehemente líder cívica de la vereda Guaymaral y quien defendía el derecho a la salud en la junta de Acción Comunal, y su esposo Jesús Sánchez.
A pesar de la violencia que viven otras zonas del Ariari, este caserío de Vista Hermosa se había mantenido tranquilo. «Fue como despertar de un guayabo de tres días. Es algo que uno no sabe si fue realidad o una pesadilla», dijo Luis, un agricultor.
Las autoridades, que investigan quién le habría entregado la encomienda al conductor y cómo fue activado el explosivo, presumen que el paquete iba a ser activado cuando detuvieran al taxi en algunos de los retenes de control del Ejército en la vía.
El gobernador del Meta, Alan Jara, ofreció el lunes una recompensa de hasta 30 millones de pesos para quien suministre información sobre los responsables de poner la bomba oculta en la encomienda que llevaba el taxi. La Policía determinó que fueron aproximadamente 5 kilos de un explosivo, que, aunque
no se especificó de forma oficial, podría tratarse de pentonita.
Jhon Alfonso Moreno
Corresponsal de EL TIEMPO
Villavicencio.