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La Prenegociación

By 30 de agosto de 2012No Comments
Ya todos conocemos que existe un proceso de exploración o de prenegociación entre las Farc, posiblemente el Eln, y el gobierno del Presidente Santos.

Saludo la claridad y la mesura del Presidente de la República cuando hizo el anuncio del proceso de exploración.

Me alegra inmensamente el inicio de este camino. Cualquier proceso de paz genera esperanza en la gente, disminuye los homicidios, los secuestros y, si al final es exitoso, el país gana. Pero si fracasa, quien siempre pierde es quien esté más débil en la correlación de fuerzas.

Los procesos de paz son también estrategias que van debilitando al menor postor.

Desde mi experiencia quiero sugerir tres elementos para tener en cuenta antes de iniciar un proceso de paz formal y público.

Primero: no es posible una negociación sin la voluntad interna de la guerrilla de abandonar la guerra. Hoy no es posible un triunfo con las armas y sólo queda el camino de la solución negociada.

Tampoco es posible la reconstrucción de una estrategia político-militar por la vía del narcotráfico.

Por su parte, el Estado debe comprender que no va a ser posible el exterminio de la guerrilla por la vía militar.

Pero también es cierto que es posible abandonar la guerra si hay una oferta alternativa que convenza a la guerrilla de que la paz es un camino más eficaz y de mayor beneficio social e individual que la guerra indefinida de resistencia.

Segundo, todo proceso de paz genera confrontaciones y rupturas internas.

Las confrontaciones políticas se darán en el interior del Estado y de la sociedad por las divergencias frente al momento, y a las condiciones de la guerra y la paz. Esto es normal. Hace parte del ejercicio de la democracia.

Las rupturas se presentan en el interior de la guerrilla. Al final de un proceso no todos estarán dispuestos a abandonar las armas, a cambiar el oficio de la guerra o el ejercicio de la violencia por la vida ciudadana y el oficio del trabajo y la producción.

Siempre quedarán remanentes de las armas que prefieren seguir devengando de la violencia, hoy del narcotráfico.

El Jefe del Estado o la Comandancia guerrillera que no estén dispuestos a asumir las consecuencias de la confrontación política y las rupturas internas, no está preparado para pasar de la guerra a la paz.

Tercero, aún en las prenegociaciones, en la informalidad del proceso, todo ha de ser escrito, no valen acuerdos orales. Y los pactos escritos los suscribe, por parte del Estado, el interlocutor válido del Gobierno.

Hago referencia a este punto por dos razones. La una, porque creo que llegó la hora de nombrar a un Alto Comisionado para la Paz como jefe de una Agencia Nacional de Paz.

Y la otra razón, para evitar lo que sucedió en Santa Fe de Ralito, que nunca se pasó de la prenegociación a la negociación y, por lo tanto, no hubo proceso de paz.

Estaré opinando de manera periódica desde esta columna. El haber participado de manera directa en la paz y en la guerra, me permite observar con capacidad crítica y visión a largo plazo el desenvolvimiento del proceso.

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/la_prenegociacion/la_prenegociacion.asp

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