La historia de la menor que fue violada días antes del asesinato en manos de Muñoz de tres niños.
Los padres de la menor, que piden con insistencia que no se revelen sus nombres ni el de la niña, recuerdan cómo a pesar de las denuncias del abuso del que fue víctima su hija no se hizo nada, advierten que de haber tomado medidas tal vez se habría evitado la muerte de los tres niños Torres y cuentan lo que han sido los días después de que el subteniente (r.) se atravesó en la vida de su hija. (
Lea además: Álvaro, el papá de los tres niños que asesinó el subteniente Muñoz)
«Era sábado. Yo debía irme a Flor Amarillo, una vereda cercana, y mi esposo debía viajar a Tame, también en Arauca. Dejamos a la niña cuidando a sus hermanitos, uno de 2, otro de 3 y uno de 9», así empieza el relato de lo que ha sido el peor día de esta familia.
La violación
A la mamá no se le pasó por la cabeza que horas después, al regresar a la casa, ubicada en Caño Camame (Tame), se encontraría con un relato de horror, que su hija le contaría que un hombre uniformado y con un fusil en la mano llegaría hasta su puerta a pedir unas gallinas, entraría a la cocina y la obligaría a salir con él al monte. Pero así fue.
«La noté nerviosa, intranquila. Le pregunté. Y me contó lo que había pasado. Después de que la sacó de la casa, se la llevó al monte y le tapó los ojos. Allá le pegó y la violó (…) la obligó también a orinar y bañarse en un pozo que estaba cerca a donde abusó de ella», cuenta la mamá. El papá cierra los ojos y prefiere no hablar.
Cuando la niña terminó el doloroso relato, su madre le pidió guardar en una bolsa la ropa interior. Esa noche durmieron las dos. O por lo menos lo intentaron, porque ninguna fue capaz de pegar un ojo. Llovía y tenían miedo. Al día siguiente, domingo, la mamá salió en busca de un pelotón que le pudiera dar razón de lo que pasó con su hija y el hombre uniformado.
«Me encontré con un grupo de hombres del Ejército, les conté lo que uno de ellos le había hecho a mi hija, me dijeron que el superior visitaría mi casa para aclarar el caso», pero nunca llegaron. Ella espero hasta el medio día y ante la ausencia de alguien que le respondiera, agarró de la mano a su hija y tomó un bus rumbo a Tame.
Lo primero que hicieron allá fue ir al hospital del pueblo y por urgencias buscar que alguien las atendiera. Usaron el asma que padece la niña y que en las últimas horas se había agudizado para lograr atención. Al entrar a consulta dijeron la verdad, que estaban allí porque a la niña la habían violado, necesitaban que le hicieran exámenes y le ayudaran a poner la denuncia. Lo lograron.
No contaron con la misma suerte al día siguiente en la Personería. Mientras la mamá fue por un papel exigido para entablar la denuncia, la oficina cerró. «Y eso me desanimó, sabían de qué se trataba y aún así cerraron», dice. También intentó ir al batallón ‘Rafael Navas Pardo’ en Tame, pero le aconsejaron que mejor no lo hiciera, que con la denuncia que había interpuesto en la Policía era suficiente.
Así fue como regresó a la vereda, pero sin la niña. «Me tocaron lo que más me duele», dice. Tenía miedo y por eso decidió que la pequeña se quedara en Tame. No exageraba. Doce días después se iba a enterar de que tres niños habían sido encontrados en una fosa común muertos. Eran los hijos de su vecino, Álvaro Torres, y habían sido víctimas de Muñoz Linares. El mismo uniformado que días antes le había dañado la vida a su hija.
«¿Que qué sentí? Odio, rencor, ira, tristeza. ¿Por qué nadie hizo nada cuando lo denuncié?», dice la mujer, quien agrega que aún se sigue preguntando por qué le tuvo que pasar eso a su familia. «No es justo. A mis hermanos los mató la guerrilla y ahora el Ejército, que se supone que nos protegería, le hace eso a mi hija», reniega la mamá.
Después de la tragedia
La niña fue entregada a una institución que le brindara protección, mientras la familia escuchaba con dolor como en las audiencias contra Muñoz Linares se insinuaba que él y su hija habían sido novios. «Como si el dolor no fuera suficiente se atrevieron a asegurar semejante brutalidad», señala la mamá, quien reitera que siempre creyó que llegaría hasta las últimas consecuencias en el caso. Ella reconoce la pena de 60 años impuesta a Muñoz.
«Ahora viene volver a conformar el hogar. Buscar una reparación integral». Ella lo dice con razón porque después de la violación a su hija la familia se dividió. A la menor la mandaron al hogar que la cuidara y meses después su mamá se fue a vivir a la misma ciudad. En la vereda quedó el padre y los otros niños.
La mujer, de 44 años y quien siempre fue una líder comunal, le hace una petición especial a los altos mandos del Ejército. «Por favor hay que revisar muy bien quiénes ingresan a sus filas. Esto no puede volver a pasar», dice.
http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12275642.html