El jefe de misión de Naciones Unidas en Colombia, Fabrizio Hochschild, habla del proceso de paz.
Fabrizio Hochschild, coordinador residente de Naciones Unidas en Colombia, manifestó que este año será “decisivo” para el proceso de paz y dijo que sus buenos resultados dependerán de hasta dónde estén “dispuestas” las partes a ceder. Hochschild habló con EL TIEMPO.
¿Cómo está su estado de ánimo frente a lo que puede ser la firma del fin del conflicto este año?
Este año va a ser decisivo. Creo que sí vamos a llegar al fin del año sabiendo si la paz se va a dar o no. Las conversaciones han llegado a un punto de madurez, lo que se mostró con la rápida solución del problema que se generó cuando el general Alzate cayó en manos de las Farc, y con el cese del fuego indefinido y unilateral que declararon las Farc, que sí se ha respetado; pero, al mismo tiempo, las discusiones han llegado a los puntos más difíciles, más gruesos, en los que hay visiones muy diferentes; pero si falta apoyo de la opinión pública y si no hay una disposición de atrevimiento y de ceder de las dos partes, hay un peligro real de que las conversaciones se puedan estancar. (Lea también: Alemania apoyará a Colombia en el posconflicto)
¿Qué piensa la ONU de un tema que divide tanto al país como la justicia transicional?
Lo primero es que lo que debe salir es una solución colombiana. Habiendo dicho eso, tenemos varias observaciones: la normativa internacional no es una camisa de fuerza, pero sí tiene ciertas líneas rojas y estas son que no haya impunidad para crímenes de lesa humanidad, ni de guerra. Para mí, el problema en Colombia es que hay demasiado enfoque en el tema carcelario, hay una tendencia implícita en las discusiones de igualar justicia con meter al máximo número de personas a la cárcel, el máximo número de años. La cárcel es un mal necesario dentro de la justicia, pero en el régimen de justicia transicional, sobre todo, hay otros elementos.
¿Como cuáles?
Están el tema de verdad, que es fundamental y es lo que más requieren las víctimas; la reparación y, especialmente, la no repetición. La comunidad internacional va a juzgar la solución no con base en el tema de cárcel, sino en todos los asuntos, pero también viendo lo que se decida sobre verdad, reparación y garantías de no repetición.
¿Usted cree que todavía existe la posibilidad de que este proceso se rompa?
Soy optimista. He visto en la mesa la capacidad que hay y el compromiso que hay en ella, pero lo que he visto también es la distracción por la opinión pública. Muchas veces, en la mesa se siente la necesidad de no hablar tanto el uno con el otro, sino con Colombia, lo cual no es ideal. Ahora es cuando no deben hablar tanto con la opinión pública en Colombia, sino entre ellos, porque la complejidad de los temas y la distancia que hay en las diferentes visiones de solución de los mismos son grandes.
¿Cree que el rechazo a que haya penas alternativas obedece a un repudio a la violencia que han ejercido las Farc o es polarización política?
Creo que un debate sobre cárcel es saludable. Lo que nosotros decimos es que en esa discusión, que es importante, no se pueden meter en la sombra todas las otras cosas que son vitales para la paz, y que tampoco se puede pretender que el debate sobre penas y cárcel sea sobre justicia, que es un concepto más amplio.
¿Esto significa que la paz, por ser un bien supremo, es el tema hacia el que debe caminar el mundo, por encima de los debates judiciales?
Creo que la paz es un bien supremo en la vida de nosotros y de la Nación, pero en lo que insisto, que no es una posición idealista, sino de cualquier economista o experto en lo social, es en que un país no puede llegar a su potencial mientras tiene un conflicto. Colombia está dentro de los 20 países que más gastan en contención de violencia. A esto agreguemos los costos de la economía ilícita. He visto cálculos de que esta produce al año en utilidades, más o menos, 30 billones de pesos, que se pierden para la economía lícita. Adicionemos la extorsión. Con todo eso, llegamos al 14 o 15 por ciento del PIB que pierde Colombia por el conflicto.
¿Qué les diría a los sectores que insisten en que la cárcel sería la solución?
Creo que la polarización que hay en la opinión pública sí es un gran impedimento porque para lograr la paz no se necesita solamente un acuerdo, sino poder contar con un ambiente de paz, con una ciudadanía dispuesta a aportar, a construir la paz con base en este acuerdo. Creo que el problema aquí es que la paz terminó siendo un poco una visión política, o está demasiado identificada con ciertos partidos y otros han quedado por fuera.
¿Qué quiere decir exactamente cuando usted les hace un llamado a las partes a que hagan concesiones, sean más audaces y se atrevan a más?
Creo que están, como si fuera una carrera, en los últimos kilómetros, y en esa situación toca realmente enfocarse aún más, llegar a soluciones y no dejarse distraer por el ruido político que, inevitablemente, hay en Colombia.
¿Qué tanto pesa la opinión pública?
“Si se ven fríamente los requerimientos de la normativa colombiana y se observan las encuestas en el tema de justicia, y esto se compara con las normas internacionales, es claro que es más inflexible y exigente la opinión pública colombiana.
Además, hay un argumento que tiene mucha resonancia y es que la paz es un peligro, porque puede implicar impunidad. Si uno quiere garantizar la impunidad, la mejor manera de hacerlo no es el proceso de paz, sino la continuación del conflicto”.