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Las FARC: ¿habrá espacio político?

By 19 de septiembre de 2016diciembre 2nd, 2024No Comments

¡Qué difícil que es confiar en una organización que ha rondado el camino de la muerte y la atrocidad! Es más fácil continuar viviendo de este lado del muro separador: ellos, allá, en el otro lado, el de los bárbaros, el de la guerra; y nosotros, acá, en este lado, el de los civilizados. Por más artificial que sea la separación, reconforta.

En el marco del proceso de paz, esa barrera entre el mundo bárbaro y el civilizado se desmorona. Estamos inundados de declaraciones de arrepentimiento y reconocimiento, y solicitudes de perdón. Los guerreros salen de la oscuridad y buscan aceptación social –algunos ya la tienen. La contrición y otras formas de remordimiento están a la orden del día; aparentemente, son el medio para retornar del lado oscuro.

Las FARC comunicaron la semana pasada que “ha llegado la hora en la que todos los involucrados en el conflicto, reconozcamos responsabilidades y nos comprometamos resueltamente a garantizar el nunca más (…).” Procedieron a “reconocer, con sentimiento de humanidad y reconciliación que, en desenvolvimiento de conflicto, las FARC-EP también causamos un gran dolor con la retención de personas por razones económicas. Tal conducta, aunque siempre tuvo el propósito de sustentar las necesidades de la rebelión, terminó lacerando entornos familiares”.

Estas palabras son difíciles de roer: no caen bien y fue difícil llegar a ellas. La declaración está calificada por eufemismos y marcada por la justificación de actos atroces. Siguen siendo palabras plagadas de negación. No obstante, hay un asomo de aceptación de que sus acciones ordenadas causaron daño. Hay un arranque que se puede convertir en disposición.

No hay que aceptarlas; se pueden rechazar. No obstante, hay que darle espacio a ese diálogo que inicia, sin fusiles. Pueden ser consideradas palabras desatinadas, atrevidas o turbias; pero son palabras y no tiros. Como palabras, merecen espacio, no silencio ni conformidad. Merecen respuesta, tanto de sus víctimas como de todos los miembros de la sociedad.

Ese diálogo es nuevo para los colombianos. Entre más contacto tengan las FARC con la sociedad, sin que medie la violencia como recurso de coerción, su pensamiento y su lenguaje mutarán. Ese intercambio privará de sentido a la lógica de la guerra, esa misma que justifica que las cosas pasaron porque estábamos en guerra. Ese intercambio permitirá que inicie la rendición de cuentas y que la responsabilidad se experimente como práctica activa, con repercusiones éticas y sociales, y no como discurso.

El diálogo que inicia se erige sobre postulados nuevos: las FARC transitan a la civilidad; como organización no ejercerán la violencia; y las FARC fueron responsables de la comisión de atrocidades y responderán. Más allá de si se les debe o se les puede creer, el futuro de la organización estará tejido por cómo ejerzan esa responsabilidad política, ante sus víctimas y la sociedad.

El recorrido de las FARC como organización hacia la civilidad inicia. Los obstáculos serán muchos –algunos endógenos, otros externos. La organización probablemente logrará el tránsito; la sociedad entera está expectante. ¿Cómo será su conducta? ¿Cuáles serán las prácticas organizacionales? ¿Cómo aceptarán su pasado teñido de violencia y lo incorporarán a la vida política? ¿Cómo será conocido ese movimiento en dos décadas?

Las respuestas dependen en buena medida de las FARC, pero también están condicionadas por la manera como la comunidad política los incorpore. Imprescindible será que la violencia no medie en este proceso.

http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/las-farc-habra-espacio-politico-HF5007999