Esta población del Pacífico caucano padece de todas las necesidades, y sus comunidades luchan por sobrevivir en medio de condiciones de extrema pobreza. Los micayseños también deben afrontar situaciones de violencia y conflicto generadas por la histórica presencia de las FARC y el narcotráfico.
El olvidado municipio, ubicado en los límites de los departamentos del Valle y Cauca; recientemente ha vivido los desplazamientos forzados por la violencia, y sus habitantes claman más presencia del Estado con controles y acompañamiento social.
Las autoridades locales aseguran que los hostigamientos y combates se originaron tras la reactivación de operaciones de erradicación de cultivos de uso ilícito. A ello se suma que la explotación ilegal de oro, negocio de los grupos al margen de la ley, también ha causado desplazamientos y amenazas contra los pobladores.
Otra realidad de López de Micay, son las FARC. En la zona y a lo largo de las riberas del río Micay sobresalen un sin número de banderas del grupo guerrillero, notándose su fuerte presencia. El frente 30, es el encargado de controlar el negocio de la coca, las rutas del narcotráfico y la minería ilegal, además tienen el municipio como un área de planeación de operaciones.
En esta población caucana, la pobreza es extrema, allí se puede llegar por vía aérea, sin embargo la ruta más utilizada es la marítima recorriendo un trayecto desde el puerto de Buenaventura en lancha, que dura más cinco horas. Otra dificultad es el servicio de energía eléctrica, tan sólo tienen 16 horas por día. Allí tampoco hay acueducto, y el alcantarillado cubre sólo un 30% del pueblo; el hospital, las escuelas y muchas de las casas, de tabla, de los moradores se encuentran en regulares condiciones; y lo más grave, los precios de los alimentos y en general el costo de vida es muy elevado.
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