Son localidades del Valle que han sufrido enfrentamientos armados, matanzas y desapariciones.
Son seis décadas de una violencia que con distintas motivaciones, pero con el mismo sino trágico ha teñido de luto los campos colombianos.
El Valle ha vivido esa mutación de la violencia partidista, incursiones guerrilleras, ajustes del narcotráfico, masacres paramilitares y bandas criminales.
Una luz es la que se espera de los diálogos con la guerrilla de las Farc y desde ya 12 municipios del Valle que han vivido con mayor intensidad el conflicto buscan espacios de convivencia e integración.
Se trata de Buenaventura, Bugalagrande, Calima, Dagua, El Dovio, Florida, Jamundí, Palmira, Pradera, San Pedro, Sevilla y Tulúa, que aparecen entre 281 del país en los que el Gobierno Nacional, a través del Ministerio del Interior, se propone la construcción y adecuación de centros de integración ciudadana en el objetivo de reflejar la cercanía del Estado con las víctimas de la violencia y pensando en el posconflcito.
La idea es contribuir en la construcción de ciudadanía, legitimidad institucional, seguridad y participación ciudadana. Ahí tendrán espacio el deporte, la cultura, conversatorios, poesía y capacitaciones como formas de integración comunitaria.
Fabio Cardozo Montealegre, gestor de paz del Valle, aun cuando coincide con el listado, expone que hacen falta algunos, en especial Buga, donde recientemente se recordó a las víctimas de las masacres paramilitares de La Habana y Alaska.
Expone que en general estos municipios han sido escenarios del accionar de la guerrilla y paramilitares y ahí está descrita la geografía del conflicto y el posconflicto. En ese marco, dice que se esperaría que las Farc concurran con decisión a restañar las heridas abiertas “pero sobre todo que se propongan políticas de desarrollo orientadas a superar la inequidad. El Valle no escapa a la brecha tan grande que vive Colombia y que es caldo de cultivo para la violencia”.
Sobre Buenaventura expone que concurren múltiples intereses no solo de actores guerreros sino de la mafia, traficantes de contrabando, dineros ilegales, explotación de maderas preciosas y donde “se siente que no hay compromiso real de la clase dirigente para solucionar estos problemas”.
En relación con Trujillo manifiesta que se tiene una deuda pues es donde empieza a mostrarse “el rostro del contubernio execrable y criminal de autoridades con el crimen, la mafia y proyecto de ultraderecha, que de alguna manera desde ahí se exportó y extrapoló”.
El alcalde de Palmira, Ritter López, dice que “esperamos como todos los colombianos que se firme el fin del conflicto y podamos visibilizar a las víctimas y repararlas. El 80 por ciento de nuestra geografía es rural y ahí está el 20 por ciento de la población. Los grupos armados se disputan su parte alta por su ubicación estratégica y paso hacia el Huila y Tolima, Se ha tenido presencia paramilitar y de la guerrilla y lo que esperamos es que se produzca la reconciliación y podamos tomarnos de la mano”.
El secretario de Gobierno de Sevilla, Roberto Ospina, dice que el municipio como el norte del Valle, vivió la guerra partidista y además recibió todo el desplazamiento proveniente de Antioquia. “Ahora por fortuna hay normalidad y es la idea que todo el país viva espacios de paz”.
http://www.eltiempo.com/colombia/cali/posconflicto-en-colombia/16276256