Opiniones descarnadas del economista estadounidense James Robinson sobre el país
James Robinson, profesor de Economía Política y Gobierno de la Universidad de Harvard, viaja con frecuencia a Colombia, bien sea para dictar clases en la Universidad de los Andes o para avanzar en algunas investigaciones en diferentes poblaciones y regiones colombianas.
Por su conocimiento del país y sus problemas podría pasar fácilmente como un colombiano, pero su innegable pinta de extranjero y su español lo delatan.
Robinson, autor, junto con Daron Acemoglu, otro reconocido economista, de la muy citada obra ¿Por qué fracasan los países?, éxito de ventas hace dos años, estuvo en Cartagena, invitado por Asocajas al XXVI Congreso del gremio.
Las cajas de compensación reciben cerca de 5 billones de pesos al año de los empleadores, para distribuirlos entre los asalariados y sus familias, y cumplen otras responsabilidades que les han impuesto sucesivos gobiernos.
Permanentemente, observadores le piden al Gobierno acabar con esa transferencia de recursos del sector privado empresarial a las cajas, porque, dicen, encarecen la mano de obra y reducen la competitividad de las empresas.
Además, ponen en duda que mejoren el bienestar de sus afiliados y promuevan la equidad.
Robinson lo dijo sin titubeos: “El modelo de las cajas (de compensación) es fascinante y quisiera aprender más de él. Los recursos (sin ser públicos), se aprovechan para redistribuirles a los más pobres, para brindarles servicios sin que los políticos intervengan”.
El Estado colombiano, de acuerdo con este economista, hace poco para redistribuir el ingreso y concuerda con otros expertos en que “el sistema tributario es regresivo. Los ricos pagan menos, en proporción de los ingresos, que los más pobres; y, según los cálculos de la Ocde, estos pagan 4,5 por ciento más de sus ingresos en impuestos que los ricos, mientras que el 10 por ciento de estos paga solamente el 2,8 por ciento en impuestos, lo que es una cifra sorprendente”.
Riqueza y pobreza, desigualdad e inequidad en Colombia son, entre otros, asuntos que ocupan la atención de Robinson, pero el nombre de su charla en el congreso fue: ‘Imaginando y alcanzando una nueva Colombia’. Minutos antes de la conferencia, EL TIEMPO lo entrevistó.
¿Cuál es el significado de esta frase?
Quiere decir que yo creo que muchas cosas deben cambiar, y de muchas maneras muy importantes, para que Colombia sea un país realmente diferente y próspero.
Usted, profesor Robinson, conoce bien nuestro país. ¿Cómo ha visto su desempeño reciente?
Me parece que los retos en Colombia son mucho más grandes que lo que la gente cree o quisiera. Y en los últimos tiempos he querido hacer énfasis en eso. Los problemas no se van a resolver únicamente logrando que se desmovilicen las Farc o el Eln; claro que eso sería bueno, pero piénselo más bien de otra forma: cuánta gente hace parte de las Farc y el Eln, ¿unos 10.000? Bien, hay 15 millones de personas pobres.
¿Eso quiere decir que los colombianos somos muy optimistas o es que hay cosas que están pasando y que nosotros desconocemos?
Colombia siempre ha sido optimista. Me acuerdo de una vez que vine y Carlos Castaño y las autodefensas estaban muy activos, matando, masacrando; estaban como manipulando elecciones. Colombia era la capital de los secuestros y del narcotráfico en el mundo, y la gente era optimista.
Es que usted dijo que los problemas que tenemos son más grandes que lo que nosotros creemos, como si fuéramos unos optimistas mal informados.
Sí, porque la sociedad colombiana está muy dividida: una parte, que es moderna y tiene un éxito relativo; y otra parte, donde están los pobres, dejados a un lado, donde hay violencia; uno puede estar en Bogotá y no tiene ni idea de que existe ese otro mundo.
Las cifras de desempleo en Colombia en septiembre fueron calificadas de “espectaculares” por el Ministro del Trabajo y, junto con las de la pobreza, se han venido reducien- do, pero todavía hay 15 millones de pobres y la desigualdad, que es el gran problema del mundo, y de Colombia, por supuesto, baja muy poquito. ¿Qué hacer?
En estos 10 años ha habido un muy buen crecimiento económico y, con programas muy exitosos, como Familias en Acción, han reducido la pobreza, pero ese crecimiento se basa en gran parte en los precios de las materias primas, pues el 70 por ciento de las exportaciones de Colombia son recursos naturales, petróleo, carbón… El crecimiento económico sí tiene un impacto en el mercado laboral y estoy de acuerdo en que es un éxito, pero yo no pienso que eso tenga que ser como una razón para ser complacientes.
Pero esa es una realidad…
Si mira históricamente, los colombianos siempre le dirán que a Colombia le ha ido muy bien en todo el desempeño macroeconómico: nunca han tenido una crisis de deuda; la inflación reciente no ha sido un problema; todo lo que pueden controlar desde el Banco de la República en Bogotá va divinamente, pero tan pronto como sea necesario hacer algo en Córdoba, Sucre, Caquetá, Chocó, ahí nada les funciona.
Hay unos proyectos gigantescos en infraestructura; tenemos este año y el siguiente los mayores presupuestos que se han dedicado a la educación en toda la historia del país, incluso en el 2015 estará por encima del de defensa; el Banco Mundial acaba de decir que estamos en el tope de países que facilitan hacer negocios.
Pero a Colombia le está yendo muy mal en algunos de esos aspectos.
Entonces, ¿qué deberíamos hacer?
A mí me parece que la inversión en educación es excelente, pero la calidad de la educación en Colombia es terrible.
¿O sea que hay que trabajar en mejorar la calidad?
En los periodos posteriores a aquellos en los que hubo una gran expansión de la educación en Colombia, como después de la Violencia, se registró un gran impacto en la equidad, en la sociabilidad. Me parece que hay muy buenas razones para esperar que esto vuelva a ocurrir. Pero las carreteras, las vías, ¿sabe cuántas carreteras se construirán en los próximos cuatro años? Me imagino, o adivino, que muy pocas.
¿Hay una fórmula para reducir drásticamente y muy rápido la desigualdad en Colombia?
No hay una fórmula mágica, lo más importante es mejorar la calidad de la democracia en Colombia; y mejorar, así mismo, el funcionamiento del Estado, la capacidad del Estado y la responsabilidad del Estado. Esto es un proyecto político. Se necesita a alguien que tenga la visión para que realmente esto sea posible y ocurra. Colombia tiene el Estado más pequeño y más inefectivo de Latinoamérica. ¿Por qué no pueden construir una buena carretera entre Medellín y Bogotá, que son las dos ciudades más grandes de Colombia?
‘El sistema político tiene que cambiar’
Según el economista James Robinson, los instrumentos que utiliza el Banco de la República funcionan bien en la capital colombiana; fuera de Bogotá no operan.
¿Puede poner un ejemplo?
Un buen ejemplo es la Ley de Víctimas, y ese es el problema. Sí ha habido crecimiento económico, pero si lo quieren sostener no pueden basarse únicamente en las exportaciones de materias primas, sino que tienen que invertir también en educación, bienes y servicios públicos, infraestructura, etc. Y si quieren que esto ocurra, y la forma como ocurra, el sistema político tiene que cambiar en Colombia. Esta es la lección más importante, me parece a mí.
Otro ejemplo que sustente la necesidad de ese cambio.
El miércoles estuve en El Salado. Tiene un centro de salud divino, una ambulancia, pero no había nadie en el centro, ni siquiera para manejar la ambulancia.
¿Por qué?
Porque estaban en huelga, porque no les habían pagado los sueldos. El Salado está en el Carmen de Bolívar, con problemas de corrupción, no hay agua en esta población; esos son los problemas que siempre van a crear inequidad y pobreza en Colombia.
El Gobierno está realizando grandes inversiones en infraestructura…
No. Dicen que van a hacer grandes inversiones. El Gobierno ya lleva 50 años invirtiendo en Colombia. ¿Cuánto hace que están tratando de terminar los trabajos en Buenaventura? Desde 1960.
JORGE CORREA C.
Economía y Negocios
http://www.eltiempo.com/economia/sectores/economia-colombiana-segun-james-robinson/14801181