Aunque la ciudad avanzó en infraestructura, aún le queda pendiente combatir la pobreza, una de las principales causas para que los menores de edad vean como una opción integrarse a las filas de las bandas criminales.
Medellín deberá aprovechar el reconocimiento de la ciudad más innovadora del planeta para disminuir con creatividad la pobreza que sufren las familias que viven en zonas de conflicto, afirmó Todd Howland, representante de las Naciones Unidas en Colombia.
La ciudad, que también está en la lista de las más desiguales del mundo, según un reciente estudio de la ONU Hábitat, deberá esforzarse para ofrecer oportunidades a las personas que viven en zonas vulnerables y que están a merced de bandas criminales.
Aunque la preocupación en Medellín está centrada en los grupos armados ilegales, la problemática se origina por la situación de desigualdad de los derechos económicos.
“El premio tiene contradicciones y desafíos. Uno de los retos es utilizar este reconocimiento no solo para construir edificicaciones bonitas sino también para tratar los problemas con profundidad”, resaltó Howland.
Por ejemplo, los habitantes de la Comuna 13 tienen metrocable, escaleras eléctricas y un Parque Biblioteca, que solucionaron parcialmente su problemática de movilidad, que ofrecen un lugar en donde ocupar su tiempo, pero ¿todos sabrán leer?, y ¿podrán traspasar las fronteras invisibles para acceder a estos lugares? Lo que explica que en la ciudad hay una dificultad más profunda que lleva décadas, pero que no se ha solucionado.
Lo muestran los índices de homicidio, desaparición forzada, desplazamiento intraurbano y reclutamiento infantil.
Aunque la cifra de asesinatos el año pasado tuvo una disminución del 24 por ciento con respecto a la de 2011, como lo dijo el personero municipal Rodrigo Ardila, este número no mide la seguridad de la ciudad, porque las demás violaciones, incluyendo las amenazas, aumentaron.
El representante de Naciones Unidas sostuvo que “la solución del conflicto no debe estar limitada a acciones policiales”. Varios cabecillas de grupos armados ilegales han sido capturados, pero el problema sigue y las fronteras cada vez son más marcadas.
A la ONU además le preocupa que haya evidencias de que algunos miembros de la Fuerza Pública tengan nexos con combos de la ciudad.
Este año, el organismo internacional empezó un proyecto para reforzar la habilidad de la Policía en prevenir violaciones de derechos humanos y para recomendar al Estado medidas sobre estas conexiones que no solo están en la capital antioqueña sino en el resto del país.
“Donde hay pobreza hay reclutamiento, los jóvenes cada vez más están arriesgando la vida para suplir sus necesidades”, resaltó Howland, quien afirmó que los niños se unen a los grupos ilegales por problemas profundos de desigualdad.
En Medellín hay conformismo: “Muchos habitantes dicen que el conflicto está desde hace décadas, por lo que creen que es casi imposible acabarlo. Pero sí se puede, hay ejemplos de otras partes del mundo que tenían la misma violencia y con creatividad mejoraron los ingresos económicos y las oportunidades de las personas para cambiar la situación”, finalizó.
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