Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia aseguran ser una organización armada de resistencia civil.
1. Somos el resultado del fallido proceso de paz que el estado colombiano adelantó con las Autodefensas Unidas de Colombia, proceso que fue roto de manera abrupta por el gobierno del señor Álvaro Uribe Vélez, quien de manera unilateral y rompiendo los acuerdos que se habían pactado, llevó a prisión a su comandancia, y posteriormente extraditó a buena parte de ellos, incumpliendo reiteradamente sus compromisos de otorgar seguridad y de ejecutar la inversión social necesaria en las zonas que tuvieron bajo su influencia las AUC, además de abandonar a su suerte en grandes regiones de la patria a los combatientes que se habían desmovilizado, quienes ante un futuro incierto por los vacíos de una legislación improvisada y caótica, las inconsistencias del programa de desmovilización y su falta de objetivos y de resultados, y con el peligro que se cernía sobre nuestras vidas y las de nuestras familias, nos vimos precisados a continuar la lucha armada. Desafortunadamente, persisten las razones que nos dieron origen, como la persecución despiadada de la que hemos sido blanco por las fuerzas de seguridad del Estado, que incluso, y pese a que en Colombia no existe la pena de muerte, han ajusticiado a varios de nuestros más representativos líderes, cuyo caso más significativo lo constituye Juan de Dios Úsuga (Giovanny) quien fue ejecutado cuando se encontraba inerme, en medio del dolor y la desesperación de sus pequeños hijos y demás familiares.
2. Recuperamos el nombre del caudillo Jorge Eliécer Gaitán, no sólo por la raigambre popular de su egregia figura, sino por la vigencia de sus ideales en favor de las clases menos favorecidas de nuestra sociedad. Nuestra razón de ser no es el lucro personal a cualquier precio, como se nos ha querido presentar.
3. El principal problema de nuestra atribulada nación, entre muchos graves problemas, es el de la corrupción. Los corruptos nos roban el dinero que es de todos. La honradez, la transparencia y la eficiencia brillan por su ausencia en el sector público, impulsada por unos empresarios privados ávidos de dinero, que dilapidan nuestros escasos recursos, en una orgía de desvergüenza que pareciera no tener fin. Cueste lo que cueste, las prácticas corruptas deben ser erradicadas de la cultura ciudadana colombiana.
4. No hacemos parte de lo que se ha dado en denominar el ejército antirestitución de tierras. Al contrario, condenamos cualquier ocupación indebida, violenta o no, que se haya hecho de las propiedades de inermes campesinos. Las tierras ilegítimamente usurpadas deben ser devueltas a sus verdaderos dueños, esfuerzo que en buena hora adelanta el actual gobierno de la nación.
6. No obstante lo anterior, la sociedad y el estado colombiano deben reconocer que además de las guerrillas, nosotros hacemos parte del conflicto, como el tercer actor que siempre hemos sido. Así mismo, debe existir la conciencia de que mientras no hagamos parte de un proceso de negociación, la paz seguirá siendo una aspiración postergada en el imaginario colectivo. Siete mil hombres en armas, con presencia en todo el territorio nacional no podemos ser ignorados.
7. Finalmente, hacemos nuestras las palabras del constituyente de 1991 Iván Marulanda: «Nosotros somos ni más ni menos, el parto de los montes de dos siglos de vida y muerte de este país bullicioso y envalentonado, que de lo puro inteligente y rico y alebrestado y joven y bello, no ha sido capaz de sosegarse y de asentarse. De hallarse a si mismo y de ponerse en compostura para disfrutar de lo que es y de lo que tiene, sin la tragedia de la barbarie». Dios así lo quiera.
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