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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la entrega del Informe del Centro de Memoria Histórica

By 25 de julio de 2013No Comments

Bogotá, 24 jul (SIG). “Quiero aprovechar su presencia aquí para hacer una aclaración.

Algunos han interpretado el acuerdo al que llegamos con la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Navi Pillay), para que el mandato de esa Oficina se extendiera un año más a partir de octubre, como una acción contraria al espíritu que este Gobierno ha tenido desde el primer momento para defender los derechos humanos.

Es todo lo contrario. Le dije a la señora Pillay (Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos), en mi entrevista con ella, que nosotros no teníamos sino motivos de agradecimiento con su Oficina y con Naciones Unidas por todo lo que se ha venido haciendo, desde el primer momento en que personalmente tuve contacto con la Oficina como Ministro de Defensa.

Ahí cambiamos un poco la actitud de parte y parte, porque perseguíamos los mismos objetivos: la defensa de los derechos humanos en Colombia. Algo que cuando uno jura cumplir con la Constitución, inmediatamente se compromete, porque nuestra Constitución es fundamentalmente una Constitución que busca garantizar y defender los derechos humanos de los ciudadanos.

Lo que convinimos con la señora Pillay fue algo práctico: en octubre del año entrante habrá una nueva administración. No sé si seré yo el Presidente o será otra persona, pero con un gesto de responsabilidad frente a la próxima administración, que sea la próxima administración la que acuerde con la Oficina el nuevo mandato.

Le dije, y ella estuvo de acuerdo, que yo aspiraba a que ese nuevo mandato fuera un mandato para que esa Oficina participara activamente en la tercera fase del acuerdo que espero que firmemos con las Farc, que ya para ese momento se hayan silenciado los fusiles y que el papel de la Oficina se convierta en un papel proactivo, para que esa tercera fase, para que la justicia transicional, para que la verdad, la justicia y la reparación, realmente sean efectivas.

Ella me dijo que tenía toda la razón y que por eso, complacidísima, aceptaba que el mandato se prolongara por un año más, y que en octubre del año entrante renováramos ese mandato, para que esa Oficina participara activamente en esa tercera fase de este —ojalá— acuerdo de paz.

Quería hacer esa aclaración, porque algunos han querido señalar ese hecho como un hecho negativo. Es todo lo contrario. Es un compromiso que tenemos en mi Gobierno con algo fundamental, que es el respeto de los derechos humanos de todos, ¡todos,! los colombianos.

(…)

Hemos hablado mucho, durante los últimos años, de lo importantes que son la verdad, la justicia y la reparación para que en Colombia se pueda construir una paz real y duradera.

Hay que empezar por reconocer que en este país hay una verdad que evitamos decir en su correcta dimensión.

Esa verdad ‘incómoda’ es que la mayoría de los colombianos no conocemos —ni entendemos del todo— el dolor que han sufrido nuestros propios compatriotas durante décadas de violencia.

¿Cuántas imágenes hemos visto y cuántos relatos hemos escuchado de la guerra que vivimos hace medio siglo? Creo que es una cuenta imposible de hacer.

Lo que sí les digo es que parecen no haber sido suficientes —hasta ahora— para que TODOS comprendamos la tragedia de cientos de miles de víctimas, como Pastora o como los cerca de 40 colombianos que nos acompañan hoy en la tarima.

Sus testimonios nos duelen y nos tocan el corazón, y así debe ser, porque nadie puede quedarse indiferente ante la zozobra de los inocentes a quienes les arrancan sus hijos, sus compañeros o compañeras, sus padres, o los despojan de sus parcelas.

El informe que nos acaba de entregar el Centro de Memoria Histórica, dirigido por Gonzalo Sánchez, nos obliga a detenernos para pensar en las verdaderas consecuencias de la guerra que hemos arrastrado tanto tiempo.

Se trata de un primer paso —uno muy importante— en la dirección correcta de conocer, entender y reconocer nuestra verdad.

Este ejercicio nos prueba que SÍ somos capaces de reconstruir y reconocer nuestro pasado, y nos ayuda a ver —con más claridad— qué fue lo que nos pasó durante tantos años en Colombia.

Es una primera ventana hacia la verdad que les debemos a las víctimas en este país.

¿Cómo fue posible que nuestro país se hundiera en décadas de desapariciones, muertes, masacres y desplazamientos?

¿Por qué y cómo pasó? ¿Cuál es la verdad?

Estas preguntas son las que debemos hacernos para conectarnos y comprender —en alguna medida— la realidad aterradora que han tenido que sobrellevar las víctimas.

Como colombianos, nos llegó el momento de construir memoria a partir de la verdad. Y esa responsabilidad no es solo mía, ni del Gobierno, o de las víctimas y los victimarios. NO. Es un asunto de TODOS.

Porque no sería justo seguir desconociendo el dolor de cientos de miles de colombianos. Eso sería imperdonable. Tenemos que conocer sus experiencias para ayudarlos a rehacer sus vidas.

Por eso es que en este Gobierno trabajamos por las víctimas.

Por eso es que somos el primer país en el mundo con un proceso de reparación integral en marcha, a pesar de seguir en conflicto.

Es un proceso donde la indemnización va de la mano de la reconstrucción de los proyectos de vida, y donde más de la mitad de las 160 mil víctimas que hemos indemnizado participan en construir sus planes de reparación para que ésta sea realmente integral.

Es un proceso donde también devolvemos la tierra que les fue robada.

A través de más de 50 jueces y magistrados agrarios se han restituido cerca de 13 mil hectáreas hasta hoy, y hay más de 1.500 casos en espera de sentencia.

Además, es un proceso que —si bien fue creado para TODAS las víctimas— entiende que ninguna es idéntica a otra. Es incluyente y diferencial a la vez.

Sin embargo, aunque este proceso de reparación es un avance enorme y va bien, necesitamos MÁS VERDAD. Y eso lo conseguimos si alcanzamos un acuerdo definitivo en La Habana.

En Cuba estamos hablando de cómo terminar el conflicto armado porque ese es el primer paso para que no haya más víctimas.

Estamos hablando de paz porque sabemos que, al terminarse el conflicto, vamos a poder curar más heridas con la verdad.

Estamos hablando porque no existe mejor manera de reparar a las víctimas que la paz.

El factor que nos lleva más pronto hacia más verdad, más justicia y más reparación es acabar con la violencia.

Y en eso coincidimos plenamente con el Centro de Memoria Histórica y con las lecciones que surgen de todos sus informes.

Nuestra prioridad debe ser la terminación definitiva del conflicto armado. Y lo es.

No podemos permitir que los crímenes y el sufrimiento sigan sucediendo.

Debemos reconocer que tocamos fondo y que la guerra se deshumanizó y nos deshumanizó.

En ese sentido, el Centro de Memoria nos ha permitido conocer las dinámicas de los delitos más graves que han sufrido nuestras víctimas: el desplazamiento y la desaparición forzada; los asesinatos selectivos; las masacres, torturas y secuestros; la violencia sexual; el reclutamiento ilícito y las minas antipersonal; los ataques a la población y a los bienes civiles.

Esa es —a grandes rasgos— una buena parte de la historia y de la verdad que ha moldeado generaciones en nuestro país.

Así recorremos un buen trecho del camino hacia la paz, hablando en voz alta —sin eufemismos— con la verdad, pura y dura.

Pero no se trata simplemente de satisfacer los derechos de las víctimas.

Es necesario hacerle frente a los retos del desarrollo rural, de los límites de la participación política, y a la impunidad, si queremos paz en Colombia. En esto también coincidimos con el Centro de Memoria Histórica y sus informes.

Así lo entendemos y, por ese motivo, el desarrollo agrario integral, la participación política y los derechos de las víctimas son tres de los cinco puntos de la agenda de conversaciones con las FARC.

La violencia ha golpeado más a nuestro campo. Los campesinos, indígenas, afros, niños y mujeres han sido los más afectados.

A ellos tenemos que reparar —en la medida de lo posible, por supuesto—, restituir y dignificar, y esta es una tarea que debe llegar hasta los territorios más remotos de Colombia.

Es indispensable, para lograr la paz, que se fortalezcan las instituciones en todas sus dimensiones.

No podemos permitir más que existan zonas del país sin instituciones fuertes y democráticas.

Y para impulsar el desarrollo agrario también le apostamos a una reforma rural integral de la tierra en Colombia.

Ahora, en cuanto al punto de la participación política, el primer paso que debemos dar es aceptar que la democracia en Colombia ha sido asediada por la violencia.

Acá el valor de la tolerancia ha estado muy ausente.

Es necesario impulsar un cambio cultural, basado en la educación, que fomente el debate, la tolerancia y el respeto por las diferencias, con propuestas y críticas pero nunca más con armas. ¡Nunca más con armas!

Y de ahí se desprende un tema que estamos sintiendo mucho últimamente: la movilización social.

Si queremos tomarnos en serio la democracia y construir un país en paz, tenemos que respetar y valorar el disenso, la protesta pacífica y la crítica. Por supuesto, sin violencia y sin vías de hecho que vulneren los derechos de los demás.

En cuanto a la impunidad que ha existido durante estas décadas de conflicto diré lo siguiente.

Es indispensable fortalecer la justicia y luchar contra la impunidad, pero no podemos caer en los mismos errores del pasado de intentar resolver todo mediante el derecho penal. Los propios informes del Centro de Memoria Histórica han llegado a esta conclusión.

Dicho en otras palabras: debemos concentrarnos en reconocer a las víctimas y en satisfacer sus derechos a través de una estrategia integral de justicia transicional que permita —al mismo tiempo— el logro de la transición hacia a la paz.

Mañana me referiré en detalle a este tema en la audiencia pública del Marco Jurídico para la Paz ante la Corte Constitucional.

Y acá hay un tema que supone otra de esas verdades ‘incómodas’ a las que también se les está haciendo frente.

Me refiero a los casos de connivencia de los organismos del Estado con grupos armados ilegales y la omisión de la Fuerza Pública en algunas etapas del conflicto armado interno, que los informes del Centro de Memoria Histórica también reflejan.

El Estado debe investigar y sancionar estas conductas para cumplir con los derechos a la verdad y la justicia de las víctimas.

Hay que empezar por reconocer los errores del pasado si queremos construir un país más justo y en paz.

Apreciados amigos y víctimas del conflicto:

Estar aquí hoy tiene un valor muy profundo para el camino que estamos recorriendo —JUNTOS— hacia un país justo.

Un país justo es un país donde les permitimos a las víctimas conocer —y contar también— la verdad sobre las atrocidades que sufrieron.

Esa Colombia justa es un país donde las víctimas —los colombianos que más conocen este conflicto— pueden empezar a vivir sin miedo, finalmente, después de no conocer otra cosa.

En este sentido, el informe del Grupo de Memoria Histórica es un primer ejercicio de verdad y memoria que nos acerca a esa visión de una Colombia justa, con paz y reconciliación.

Este trabajo es un paso claro hacia el esclarecimiento de la verdad, un aporte a los derechos de las víctimas y a la construcción de la memoria colectiva.

Es un espejo en el que vemos reflejada nuestra historia, con todas sus dificultades y complejidades, gústenos o no.

Es un avance que nos motiva a seguir trabajando porque aún nos queda mucho por hacer.

Por eso hoy les reafirmo que me la estoy jugando por la paz, como nos la debemos jugar todos los colombianos.

Estamos construyendo un país en paz porque para poder hablar con la verdad, sin miedo alguno, es indispensable vivir sin conflicto.

Y trabajamos por una Colombia en paz para que —a través de la verdad— pueda empezar la reconciliación y se sanen las heridas.

El esfuerzo que estamos haciendo por la paz es masivo.

Y lo hacemos porque cada uno de los 47 millones de colombianos lo merecemos.

Todos merecemos conocer la verdad, todos merecemos entender qué pasó en nuestros campos y ciudades.

Solo así podremos decir, con fuerza y esperanza: ¡BASTA YA!

Solo en una Colombia sin miedo —y con verdad— podremos empezar a pasar la página.

Quiero agradecer al Centro Nacional de Memoria Histórica, y en particular a su director Gonzalo Sánchez, y al destacado grupo de investigadores, por el enorme esfuerzo que representa este informe.

Pocos conflictos en el mundo —ustedes lo saben— han sido tan complejos como el colombiano.

Por eso reitero que este es un paso muy importante hacia la verdad, pero es solo un primer paso.

Porque el conflicto aún no ha terminado.

Es con el fin del conflicto que llegará la hora de la verdad.

Muchas gracias”

http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2013/Julio/Paginas/20130724_03-Palabras-del-Presidente-Juan-Manuel-Santos-en-la-entrega-del-Informe-del-Centro-de-Memoria-Historica.aspx

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