Se trata de una ambiciosa iniciativa, en 15 zonas del país con fuerte tradición insurgente, donde luego de los avances militares se ha intentado llevar al resto del Estado para consolidar el control.
Sin embargo, Isacson dice que el Plan Consolidación dejó de ser uno de los proyectos preferidos de los estadounidenses —en el pasado fue visitado por el director de la CIA y varias delegaciones del Congreso—. Bajo la administración de Obama la mirada de construcción de Estado, sobre la que se basa el plan, es considerada costosa y parte del legado de la administración de Bush. Además de la falta de interés de EE.UU., que en buena parte lo ha financiado, en Colombia el plan se ha burocratizado, carece de liderazgo y hoy su futuro es incierto en medio de la incertidumbre por el proceso de paz.
¿Está en crisis el Plan Consolidación?
No diría crisis, no va a fracasar mañana. Pero está en peligro de marchitarse. Y no es por falta de recursos, sino falta de ímpetu político y de apoyo de alto nivel.
EE.UU. le ha invertido al programa, según los cálculos que ustedes hacen en WOLA, cerca de US$500 mil en los últimos cuatro años. ¿No hay presión de Washington por que funcione?
No veo a EE.UU. empujando fuertemente para que Colombia invierta más energía y recursos. En Washington le han volteado la espalda al modelo de contrainsurgencia, muy popular hace cinco años, al final del gobierno de Bush. Los funcionarios del gobierno de Obama no comparten el interés en el modelo ni estos programas específicos. Hablando con un funcionario actual del Departamento de Defensa, le mencioné el programa y en forma de queja me dijo: “¡Eso es tan 2007!”. Es decir, EE.UU. no se ve sosteniendo el programa más allá de 2015.
Aunque la ayuda a Colombia se va a ir reduciendo, no está claro qué tomaría el lugar del Plan Consolidación. Y no está claro porque no se sabe qué va a pasar con el proceso de paz.
¿Cual sería la importancia del Plan Consolidación si se firma un acuerdo de paz con las Farc?
El mayor reto que enfrenta el programa es la falta de seguridad. Cuando van los funcionarios de distintos ministerios, corren el riesgo de toparse con la guerrilla. Un proceso de paz abriría una ventana pequeña, que se cerraría rápidamente, para la entrada del Estado. Si el Estado no llega rápido, el espacio va a ser copado de nuevo por otro grupos, o remanentes de la guerrilla, porque las zonas del plan son estratégicas para el narcotráfico.
Ustedes dicen que uno de los problemas actuales en el programa es la burocracia.
Uno lo ve pasar con el Plan Consolidación y también con otros proyectos del gobierno Santos, como la restitución de tierras. Pasan una ley, aprueban un Conpes, una presentación de power point perfecta, que se ve muy bien en Washington cuando vienen a vender un programa, pero en Meta y Putumayo solo se ve una oficina, y unos funcionarios que andan perdidos, sin presupuesto y con debilidad frente a quienes son los verdaderos poderes políticos de las regiones. En Montes de María el trabajo de restitución de tierras, por ejemplo, se tiene que hacer con los mismos poderes políticos que hicieron el despojo en primer lugar. Entonces por eso se necesita un apoyo desde arriba para dar una pelea fuerte. Y eso no se está haciendo.
Pero inicialmente el programa era más de Santos que de Uribe. Concebido e impulsado por el entonces viceministro Sergio Jaramillo, ¿por qué cuando llegó a la presidencia Santos no siguió el mismo nivel de apoyo?
Pues se dijo que iba a haber un relanzamiento arrancando el mandato de Santos. Eso se demoró más de un año y el programa terminó metido en una unidad dentro del Departamento para la Prosperidad Social. Eso se vendió como una institucionalización del programa. Que suena bien. Sin embargo, cuando el entonces director, Álvaro Balcázar, intentó arrancar de nuevo, no pudo contratar a quien quería y en septiembre de este año tuvo que salir. Lo reemplazó Germán Chamorro, un veterinario que tiene poca experiencia en seguridad y desarrollo, y hasta donde sabemos es una ficha del Partido de la U.
Con el cambio de mandato se perdió la agilidad. Es difícil pensar que un programa de construcción de Estado, que pretende precisamente crear una burocracia, pueda surgir de otra burocracia.
¿En EE.UU. cómo se pueden leer las nuevas nominaciones de la cúpula de seguridad nacional del segundo gobierno de Obama para el futuro de este tipo de iniciativas de consolidación?
Con Chuck Hagel en el Departamento de Defensa, John Kerry en el de Estado y John Brennan en la CIA, se nota que Obama quiere un cambio de dirección. Se aleja de la idea de tener una presencia gubernamental en zonas no gobernadas del mundo, en Irak, Afganistán y Colombia, donde George Bush quiso construir estado. En vez de eso quieren ser como bomberos: apagar incendios llegando con aviones no tripulados, fuerzas especiales e inteligencia. Ellos creen que respondiendo de una manera reducida, barata y rápida, escapan a la cuestión de establecer gobiernos en zonas sin ley. Van a abandonar la idea de construir estado en todo el mundo, incluyendo Colombia. Posiblemente se podrían enfocar, en cambio, en iniciativas como el Plan Espada de Honor, que ha lanzado el Ministerio de Defensa para atacar las estructuras de las Farc.
¿Y si hay acuerdo de paz cambiaría el papel de EE.UU. en zonas como estas?
Seguramente habría un incremento en la ayuda no militar, para apoyar el cumplimiento de los acuerdos, en desarme, desmovilización y reintegración, restitución de tierras y alguna versión no militar de la consolidación. Pero el interés de EE.UU. en estos temas depende del éxito del acuerdo de paz. Si no hay proceso de paz, Washington no va a querer invertir más en proyectos como el Plan Consolidación. Si hay acuerdo de paz, creo que sí podríamos ver inversión sostenida en regiones como La Macarena.
Pero si hay acuerdo de paz, serían finalmente las Farc y sus desmovilizados dentro de esas zonas los que trabajarían en la consolidación del Estado. Es decir, ¿cree que las Farc pueden terminar trabajando en proyectos pagados por EE.UU.?
(Risas) Pues si las Farc participaran en la política, tendrían que trabajar con el Estado, ese es el punto del acuerdo de paz. Como parte de un programa de reintegración podrían trabajar en proyectos financiados por EE.UU., como lo están haciendo los desmovilizados de las Auc.
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